23
Ene
2008
10:32
Salomé García
La noche del 3 de marzo de 1996, en las puertas del PP en la calle Génova, los entusiastas celebraban la victoria de Aznar al grito de “¡Pujol, enano, habla castellano!” La xenofobia desatada por la euforia tenía su lógica. Los líderes del PP llevaban alimentándola con virulencia los tres años de gestión de Felipe González con apoyo de CiU.
Breve recordatorio: los malvados nacionalistas (los de fuera de Madrid) apoyaban al Gobierno para llevárselo crudo; en Euskadi eran equiparables a ETA; en Catalunya, el castellano sufría serio peligro de extinción.
El PP repite ahora esa estrategia: ha vuelto a inventarse una persecución del castellano que necesita la firme intervención de Rajoy y su oferta de rescatar el idioma de Cervantes.
Pero esta vez no cuela. Todos recordamos que Aznar pasó de aquel canto xenófobo a hablar catalán en la intimidad, que el ministro Rajoy (Educación) no encontró un motivo para impugnar la inmersión lingüística en Catalunya, ni exigió a Fraga desterrarla de Galicia; que fue el PP quien culminó las “desigualdades” cuando transfirió la competencia de educación incluso a las autonomías que no la querían. Y que, caso de ganar el 9-M, Rajoy empezará a ensayar el “Visca Catalunya!” hasta que le quede creíble.
21
Ene
2008
11:32
Salomé García
Hay entre los estrategas electorales del PSOE un temor creciente hacia el votante exquisito. Es un miedo justificado, a juzgar por las encuestas. La de Público que verán unas páginas más adelante confirma que la distancia entre socialistas y conservadores se achica.
El votante exquisito es aquel individuo informado y razonable que prefiere las ideas progresistas a las propuestas neoliberales, que valora las mejoras sociales y la ampliación de derechos que ha llevado a cabo el Gobierno de Zapatero en esta legislatura, pero que no regalará su voto al PSOE sin reparar antes en si lo merece.
A diferencia del votante del PP, menos exigente, el exquisito tiende a quedarse en casa el día de las elecciones si en su repaso encuentra un motivo para el desencanto. De ahí la preocupación de los estrategas electorales socialistas: si buscan motivos, los encuentran.
Unos por la falta de compromiso con el derecho al aborto; otros, cabreados contra el canon; un puñado lamenta la tibieza ante los ataques de la cúpula de la Iglesia y a otros les fastidian las ayudas para todos, como el cheque bebé.
El reto de Zapatero es lograr en estos 48 días que faltan para el 9-M que esos electores levanten la mirada y vuelvan a contemplar el conjunto.
19
Ene
2008
12:25
Salomé García
O tienen ustedes una vida interior tan intensa que prescinden de la realidad –conozco casos– o les esperan cincuenta días de matraca electoral hasta la cita del 9 de marzo. Por mi parte, una vez descartadas las drogas ilegales –no prometo nada–, me he buscado un truco para soportar lo que se avecina.
Hasta nuevo aviso, me limitaré a leer las informaciones sobre el PP. No me negarán que es un partido de lo más ameno.
Tiene de todo: unas dosis de corrupción, luchas intestinas por suceder al líder antes incluso de que las urnas dictaminen si se lo merece; una mala de manual al acecho de ese puesto, de ésas que logran poner al espectador de su parte; puestas en escena de lo más innovadoras; empresarios supermillonarios que se van a preocupar de cómo llegan las familias españolas a fin de mes; especialistas en la mentira escrutando las declaraciones de Zapatero para pillarle en un renuncio; un ex presidente que ha sido abducido por su propio personaje (su aparición ayer, melena al aire y sujetando al vuelo la pashmina gris, da para una jornada de reflexión completa) y un plantel de secundarios que darán juego.
Los del PSOE ya pueden espabilar. Si quieren mi atención, que trabajen para superar tanto espectáculo.