Siempre es personal

11 Dic 2016
Compartir: facebook twitter meneame
Comentarios

Juanma del Olmo*

La política siempre es personal y lo personal siempre es político. Es necesario que las ideas se personifiquen, se representen en los individuos concretos que confían en ellas y desean llevarlas a cabo. Y ello porque, finalmente, alguien tiene que responder a las preguntas: ¿Quiénes y cómo quieren qué? ¿Por qué y para qué? Y en política sólo suele responderse con convicción de aquello en lo que se cree de verdad.

En la relación entre las tesis políticas colectivas y la praxis política individual hay que entender que las ideas que uno representa son un producto colectivo, un bien común compartido por la mayoría, nunca un patrimonio personal. Evitar el narcisismo ante los débiles y esquivar el servilismo ante los poderosos no es una tarea sencilla. Requiere un compromiso personal con un proyecto colectivo que, en ocasiones, entra en colisión con nuestros intereses individuales. Sin comprender y asumir esa dialéctica entre lo personal y lo colectivo, entraríamos en la paradójica situación de los viejos partidos que eligen candidatos comprometidos exclusivamente con sus propios partidos y sin ningún compromiso ni obligación con la gente. Ese es el inmenso riesgo de separar las tesis políticas de las candidaturas. Pero su reverso puede ser igualmente perverso: convertir a los y las representantes en marionetas de una “burocracia de partido” que funciona como un lobby interno e impide el desarrollo de la acción política recurriendo a los “estatutos del partido”, a los “documentos congresuales” o a los “textos sagrados fundacionales”. Para evitar ambas perversiones del sistema nosotros creemos que toda elección debe ir acompañada de un “contrato social” del candidato con la ciudadanía a la que va a representar.

El mejor antídoto contra el veneno del autoritarismo es la generación de mecanismos de transparencia y control que impidan acaparar un excesivo poder en manos de una persona o de grupos reducidos. Por eso desde el inicio en Podemos hemos defendido, como elemento central de nuestra identidad, que “el poder es de la gente”. En ese sentido, la obligación de tener que expresar los objetivos concretos y las propuestas políticas con las que alguien se presenta a determinado cargo, de someterse a la elección directa por primarias, es una garantía democrática. Explicarse fuerza a la sinceridad, o al menos, obliga a tener que disimular o mentir. Y la sinceridad es un valor central de una política de verdad -de la política que se hace con, por y para la gente-, que conlleva una gran responsabilidad; ser coherentes hasta el final sino se quiere traicionar la esperanza de quienes han confiado en el proyecto. Forzar la sinceridad de quien pretende dirigir o desempeñar una función significa garantizar la transparencia de su actuación.

Una vez más la transparencia y los mecanismos de control en manos de los inscritos, y de cualquier ciudadano, son las únicas garantías para preservar la democracia interna evitando caer en el fanatismo identitario de partido. Y para ello es preciso que todos y cada uno de los y las compañeras puedan exponer sus tesis políticas, generar sus propios equipos en torno a ellas, sus propias candidaturas y defenderlas de forma abierta en asamblea. Por tanto, si realmente queremos evitar convertir nuestras primarias en un “concurso de popularidad”, debemos poder conocer que propuestas políticas defiende cada candidato y cada candidata. ¿Qué criterios podríamos tener para votar una u otra candidatura si ésta no se acompaña de un documento político que exponga las propuestas concretas? ¿Vamos a terminar votando facciones dentro de la misma organización, obligados a elegir entre “corrientes”, sin más diferencias políticas que las que cada cual quiera imaginar? ¿Votar a una candidata o candidato por oposición a otras candidaturas es realmente una elección política? Veamos ejemplos concretos de esta problemática: ¿es lícito que alguien en Podemos pueda proponer que ya hemos alcanzado nuestros objetivos, y que ahora debemos convertirnos en un “partido normal” que se integre en el sistema sin generar el rechazo de las élites? ¿Podría darse el caso de que hubiera en la Asamblea Ciudadana de Podemos firmes impulsores de un sistema mixto público-privado de sanidad que defendiera la inversión privada? Creo que sí caben este tipo de propuestas en una asamblea abierta, donde no se impide a ningún ciudadano presentar sus propuestas. Y aunque no estoy de acuerdo con ellas -y no las votaría- no me gustaría acabar eligiendo un nuevo secretario general sin antes conocer sus ideas, lo que piensa y defiende, respecto a estos temas. La pregunta me parece obvia: Si no elegimos a nuestros representantes políticos por sus posiciones concretas en estas cuestiones, ¿por qué los elegimos?

Podemos nació de una confluencia entre diferentes sensibilidades sociales, grupos procedentes de distintas culturas políticas y una inmensa suma de individuos de ideologías completamente dispares. Nunca ha existido, y ese es uno de nuestros mayores éxitos, una “ideología dominante” dentro de la organización. Hemos aprendido a convivir en lo que nos une, conservando nuestras respectivas identidades, para construir juntos y juntas, desde la diferencia, lo que compartimos. El espacio común que hemos ido articulando no se basa en una ideología compartida y no se corresponde a una experiencia única, y por consiguiente, nuestras lecturas políticas de los procesos, compartiendo lo sustancial, establecen ciertas correlaciones entre las causas y los efectos que nos unifican en el diagnóstico, pero no nos obliga a compartir el mismo discurso, sino a asumir el acuerdo democrático decidido en asamblea. Este método de funcionamiento conlleva innumerables problemas, pero posee una enorme virtud: es el resultado del debate, de la confrontación y discusión de ideas y, finalmente, de la síntesis democrática de la votación. En ciertos aspectos, ese es el fundamento de la política democrática radical que nos ha hecho diferentes a los viejos partidos. No somos un conglomerado ideológico y por ello no cerramos nuestras puertas a nadie, nunca. Tampoco exigimos certificados de “pureza ideológica” ni le pedimos a nadie el carnet, sumamos a miles en un proyecto democrático de país, no somos una secta fundada sobre documentos incuestionables que nos mandatan inexorablemente a tener que vivir nuestra experiencia política bajo unos determinados criterios ideológicos. Esa dinámica sólo podría conducirnos a lo que sucede en el resto de partidos en España, a la construcción de una casta de “funcionarios de partido” que se conformaran como un “partido dentro del partido” y cuyo único objetivo real, al final, acaba siendo su propia supervivencia como grupo.

En los viejos partidos, los dogmas se establecen bajo la excusa de la necesidad de mayor organización, y el debate se roba a la ciudadanía a través de la abstracción de un proceso de falsos debates sobre los detalles internos de gestión del propio partido. Nosotros nacimos de un proceso social de asambleas, somos diferentes, entre otras cosas, porque no queríamos acabar haciendo lo mismo que hacen los viejos partidos. Ellos celebran congresos y convenciones de delegados del partido, en los que votan documentos separados de los candidatos, nosotros hacemos asambleas ciudadanas abiertas, donde el poder real está en el voto de la gente y no en las estructuras orgánicas. Nuestras asambleas son verdaderos ejercicios de democracia directa, donde todos y todas podemos participar y elegir. Si renunciamos a lo que nos hace diferentes a ellos corremos el riesgo de convertirnos en un partido tradicional más y desilusionar a los más de cinco millones de personas que ya han confiado en nosotros.

Vistalegre II es una oportunidad para profundizar y actualizar lo mejor de nuestra propia experiencia política. Las próximas fases del actual ciclo político requieren que seamos capaces de tener una mirada larga y amplía, de pensarnos como el inicio, y no como el final, de un proceso social de empoderamiento ciudadano. No estamos construyendo “otro partido”, estamos trabajando por un partido-movimiento capaz de canalizar las energías de nuestro pueblo hacia un proceso de recuperación de la soberanía popular, de rescate de la democracia y construcción de un orden social más justo y democrático. Y en ese viaje necesitaremos que todos y todas, desde el respeto a la pluralidad, rememos en la misma dirección: construir Podemos como un verdadero reflejo de nuestro pueblo.

 

*Juanma del Olmo es diputado en el Congreso. Secretario General adjunto del Grupo Parlamentario de Podemos.

Facebook: @JuanmaDelOlmo1982

Twitter: @juanmalpr


comments powered by Disqus