Opinion · Al piano

¡Que le corten la coleta!

“O todos a la vez, o todos o ninguno”. 
Extremoduoro.

Es sintomático el debate nacional promovido y patrocinado en torno a la compra de una casa. Toda España parece estar obligada a opinar. Confieso que me ha sido totalmente indiferente el asunto y que sólo ahora, al visualizar el trasfondo moralista y oportunista de ciertas declaraciones públicas, me he interesado por la cuestión.

No hay nada político en este linchamiento moralista, pero si hay mucha política: política troll, política de esa que salpica mierda y justifica desahogos personales como “una simple opinión”. Todo el que participe en un grupo de WhatsApp, Telegram o similar entenderá sin problemas la analogía. La secuencia es tan simple como eficaz; desplazar el debate político hacia cuestiones personales y juzgarlas desde criterios puramente subjetivos, es decir, desde los valores personales y prejuicios de cada cual. Se trata de poner en el centro del escenario un falso debate en el que los espectadores puedan disfrutar hipócritamente de una supuesta “superioridad moral” frente al condenado. No se cuestiona la trivialidad y banalidad del debate, se alimentan las bajas pasiones y se presiona al público para que se posicione. El tema es sólo una excusa, un MacGuffin al estilo hithcockiano para que la trama avance. El argumento ya lo conocemos; situar al sujeto, al protagonista de la película, en un dilema artificialmente construido para que cualquier decisión que tome continúe alimentando el dramatismo: Una trampa para osos, un cepo para inmovilizar a la presa antes de cazarla (cuando no se tiene el valor suficiente para enfrentarse directamente, lo normal es recurrir a este tipo de subterfugios cinegéticos). Política troll en estado puro; acusación infundada, absurda, cuestionamiento interesado, insulto y mentira, da igual… ¡que se defienda! Esa es la máxima y funciona: hoy quien tiene que defenderse, ya es culpable.

Ninguna novedad, ciertamente, una metodología clásica, propia del poder tradicional y sus operaciones de deslegitimación del adversario político incomodo. Pero esta vez se hay un detalle novedoso, un giro dramático curioso, una variación de la narrativa que resulta especialmente llamativa: han empezado por el final, es decir, estamos viviendo un linchamiento en flashback; nadie sabe porqué ni de qué, pero todo el mundo cree que hay culpables a los que condenar.

El marco que se establece, esto es; el terreno donde se disputa el efecto mediático de verdad, que nunca “la verdad”, si algo así existe, lo están dibujando consciente o inconscientemente quienes, desde su posición de “alma bella” -libres de contradicciones y por tanto ungidas de superioridad moral-, están haciendo exhibicionismo de las supuestas virtudes de su personal estilo de vida obrerista y ascético, cuestionando, cuando no condenando, a sus propios compañeros de partido antes de escuchar de que se les acusa. ¡Magníficos colaboradores del relato dominante!

En realidad nada tiene que ver todo esto, claro está, con la compra de una vivienda, esto no va del chalé, de los metros cuadrados ni de la piscina, esto es, pura y simplemente, inocular la contradicción en el interior de una organización para intoxicar a su militancia. ¿Hay contradicción entre lo dicho y lo hecho? Es posible: pero las contradicciones no se eligen, se asumen y se superan. La dialéctica política opera a través de prácticas, de la razón práctica, no desde presupuestos éticos, no desde la razón pura. Lo que está en juego, por tanto, no tiene nada que ver con la coherencia o incoherencia, sino con la capacidad de abrir brecha dentro de Podemos desde los aparatos ideológicos de Estado, de comprobar la cohesión y la potencia de un proyecto político. Nos sondean, miden y calculan, buscan las grietas, las contradicciones que pueden acentuar y, en última instancia, intentan, nadie es tan imbécil de no verlo, debilitar socialmente el espacio político que estamos construyendo pueblo a pueblo, día a día.

Condenar desde la falsa buena conciencia es un tic nervioso de la vieja izquierda y de la derecha de toda la vida; siempre aleccionando a las masas sobre el bien y el mal, sobre cómo se debe vivir, sentir o amar. Dogmatismo de partido, de empresa o de secta, asumido automáticamente por contagio de una educación puritana de clase media que ensalza la virtud del reino de la miseria en la tierra, para unos, a cambio de la felicidad eterna de otros. Pornografía de la vida cotidiana, moralismo de sacristía y oportunismo de corriente, fatalismo de facción y frustración personal disfrazada de desilusión, constituyen la formula básica del rencor presentado como “crítica constructiva”. Venganzas de miseria para almas mezquinas. Y es que es en los automatismos de las reacciones espontaneas, donde mejor se visualizan las estructuras mentales de los sentimientos profundos e inconfesables: el morboso placer que supuran determinados análisis de los sicarios del Régimen y que, paradójicamente, coinciden temáticamente con los sumarísimos juicios realizados por los “guardianes de la fe” del espíritu del 15M, debería hacernos cuestionarnos esta nueva y peculiar alianza ideológica que parece compartir un único y mismo interés.

No estoy convencido de que esto sea una cuestión estrictamente personal, pero estoy seguro que no es una cuestión realmente política. Creo que en el error de Pablo e Irene es la mejor declaración de inocencia que se puede argumentar: si en algún momento hubieran pensado que comprarse una casa, hipotecándose de por vida, como la mayoría, iba a permitir al Régimen desatar esta campaña de acoso a Podemos nunca lo hubieran hecho. No lo olvidemos nunca: no hay nada culpable en ser víctimas.

Por eso, en estos momentos de aspirantes a verdugos camuflados de jueces morales, de candidatos a herederos y forenses de urgencia, no está de más recordar quienes éramos y quienes somos: Vinimos a cambiar nuestro país, a que la política fuera otra cosa, y estamos consiguiéndolo. Éramos diferentes y ahora somos distintos; tenemos que crecer y superar nuestras contradicciones, tenemos que madurar.

Hasta ahora Podemos se apoyaba para su construcción en Iglesias, es el momento de invertir esa relación y que Pablo se apoye en Podemos. Ellos quieren que le corten la coleta, y nosotras tenemos que decidir, y podemos hacerlo en la Consulta Ciudadana abierta: ¿queremos un Podemos con Pablo e Irene? Yo lo tengo claro, ya lo decían Extremoduro: “O todos a la vez, o todos o ninguno”.

Francis Gil