¿Se acordarán de que queríamos cambiar el mundo?

Ha llegado una nueva fase en este relativamente corto proceso de cambio político iniciado el 15-M de 2011, largo si situamos el punto de partida en el movimiento antiglobalización cuya primera máxima expresión vino dada por las protestas de Seattle en 1999. Movimientos antiglobalización y del 15-M nutren de cuadros la nueva política. Personas en la cuarentena iniciadas y formadas en las protestas contra el FMI, el Banco Mundial, La OMC, la OTAN, la UE… y en las propuestas de los Foros Sociales, el de Porto Alegre y muchos otros… Y otras tambén rondando los cuarenta que entonces no se engancharon al activismo, pero que tardíamente (más vale tarde que nunca) se sumaron a la lucha social aprovechando el segundo tren que les ofrecía la historia del activismo, el 15-M, su indignación y las ocupaciones de las plazas. Tambiénhay  jóvenes recién llegadas, pasadas por la escuela política que fueron las indignadas asambleas y mayores recicladas en nuevas activistas, del 68, del referéndum contra la OTAN, de la lucha vecinal, engañadas por una Transición que ya nadie se cree. Muchas de estas vivieron el 24 de mayo una noche de euforia, porque iban en listas e incluso han salido elegidas, o conocen a quienes lo han hecho, o participan en espacios comunes con quienes han sido elegidas, y tiene sus teléfonos, y han trabajado en mil y una aventuras, casi todas de causas perdidas, fracasadas (o todavía no ganadas), con quienes ahora han llegado al poder institucional.

Ahora en el poder habrá mucha gente nueva, de la que nos da confianza. Ahora, por fin, podrán hacer lo que siempre hemos querido. Ahora podremos decidir apostar por políticas sociales, aumentar la calidad de la educación, la sanidad, potenciar la cultura, parar los pies a los bancos, detener los desahucios, acabar con la exclusión, promover la economía cooperativa, acabar con la violencia de género e incluso hacer tambalear los cimientos del patriarcado, apostar por la seguridad humana, acabar con la represión policial, establecer como principios innegociables de las políticas la solidaridad, la paz y los derechos humanos…..

¿O no será así? ¿Pasará lo que tememos en nuestras peores pesadillas? Da miedo pensar qué nos dirán ahora aquellas de quienes teníamos sus teléfonos, compartimos luchas y fracasos, horas y horas de reuniones, quilómetros de manifestaciones, quienes nos enviaban emails con conferencias, jornadas y seminarios a los que íbamos siempre las mismas, nosotras y ellas, las que ahora estarán en ayuntamientos y parlamentos. ¿Se acordarán de lo que decíamos tomando una caña después de la enésima asamblea? ¿Se acordarán de lo que hablábamos en las charlas, de lo que cantábamos en las manifestaciones, de lo que escribíamos en los manifiestos? ¿Se acordarán de que queríamos y queremos cambiar el mundo?