#Welcomerefugees y migrantes

El masivo éxodo a la Europa rica de lugares en conflicto armado que se está dando actualmente está abriendo varios debates: qué debemos hacer como países ricos frente a la llegada de decenas o cientos de miles de refugiados y la diferenciación entre personas refugiadas y migrantes.

La tozuda realidad ha obligado a reaccionar y a darse cuenta de que la situación fuera de las zonas de confort del mundo es desesperada y más con el estallido de las últimas guerras, la mayoría alentadas por Occidente y la OTAN, cuyo deplorable e irresponsable papel ha sumido al mundo en una situación de caos, violencia y miseria difícil de superar.

A nadie sorprende ya que quienes llevan años de guerra en Afganistán, Siria, Irak, Libia, Somalia, Yemen… hayan perdido la esperanza de vivir con cierta normalidad en su país y, con total legitimidad, se embarquen en la búsqueda de un futuro mejor, aludiendo a su derecho a recibir asilo en virtud de su estatus de refugiado. Según el ACNUR un refugiado tiene derecho de asilo en condiciones de seguridad, lo que significa seguridad física pero también “ayuda básica y los mismos derechos que cualquier otro extranjero que sea residente legal. Así, los refugiados tienen derechos civiles básicos, incluyendo la libertad de pensamiento, de movimiento, y el derecho al respeto como persona.” El ACNUR insiste en que “de igual forma, los derechos económicos y sociales se aplican a los refugiados al igual que a otros individuos: derecho a asistencia médica, derecho a trabajar para los adultos, y derecho a la escolarización para los niños”.

Queda claro que los estados de acogida de refugiados demandantes de asilo en Europa Occidental tienen la obligación de garantizar los derechos básicos de ciudadanía para las personas refugiadas, mal que le pese a xenófobos, racistas y demás intolerantes que tenemos en demasiados ámbitos de nuestras vidas.

Pero esta cuestión nos obliga también a hablar de los movimientos de población en general y, por tanto, de las migraciones. Porque una persona refugiada, en el momento en que no se le acepta la petición de asilo, pasa a ser considerada inmigrante en situación irregular. Y como las personas inmigradas no reciben ni van a recibir el mismo trato que las refugiadas. En la frontera este de la UE ya se habla de distinguir entre migrante sin posibilidad de pedir el asilo. Pero, ¿cómo se va a hacer la distinción? ¿Qué países consideramos que están en conflicto o dónde se dan los requisitos para ser refugiada? Si seguimos los listados de la Escola Cultura de Pau o de Uppsala son muchos más que los países mencionados y considerados en conflicto armado por los líderes europeos.

ACNUR define a la persona migrante como la persona que abandona su país voluntariamente, en busca de una vida mejor. Afirma también que para un refugiado, las condiciones económicas del país de asilo son menos importantes que su seguridad. Puede que esto sea cierto durante un tiempo determinado, en una primera fase de huída, pero evidentemente llegará un momento en que la persona todavía refugiada quiera ir a otro país donde pueda acceder a una vida mejor.

La distinción entre refugiada y migrante no es ni recomendable ni deseable desde un punto de vista humanitario, tal y como ocurre con la consideración de legalidad o ilegalidad de las personas. Las personas se desplazan -y lo seguirán haciendo- según sus necesidades laborales, por cuestiones familiares, por seguridad… por infinidad de motivos todos ellos legítimos. La única cuestión aquí es cómo gestionar su llegada en cada país, en cada ciudad, en cada barrio, para que su vida sea lo más digna posible y para que organicemos los recursos disponibles de forma justa y sostenible. Se debe apoyar la buena disposición en esta cuestión de los consistorios de Barcelona, Madrid y Valencia, entre otros. Pero quien aquí debe tomar la iniciativa es el Gobierno español y hasta ahora no ha hecho nada digno de mención. Como sociedad no podemos dar la espalda, desde nuestra situación de confort y privilegio, a quienes ahora necesitan ayuda y solidaridad, sean refugiadas, migrantes o como queramos llamarles.