Si quieres la paz, ¿prepárate para la guerra?

Cuando se dan a conocer los datos del prestigioso instituto de paz y seguridad de Estocolmo, SIPRI, sabemos que el gasto militar mundial aumenta un 1% por primera vez en términos reales desde 2011 y ya supone 1,7 billones de dólares. Los líderes en gasto son Estados Unidos, China, Arabia Saudí, Rusia y las principales potencias europeas. En cuanto a España, el Centro Delàs de Estudios por la Paz la estima en 17.500 millones de euros, un 1,62% del PIB.

Hoy también llegarán a las costas europeas unos cientos o miles más de refugiados, y un día más no sabemos cuántos han muerto por el camino, lo que inunda de vergüenza lo que ya se conoce como Mare Mortum. Pero ¿de qué huyen? Evidentemente, en el caso de Siria y de muchos otros lugares, huyen de la guerra. Guerras en las que grupos armados hacen de la violencia su cotidianidad, en la que participan ejércitos de varios países y en el que sobre todo hay armas que nadie puede asegurar que no hayan sido fabricadas en nuestro país, más bien al contrario. Todo esto cuesta dinero; se lucha por un sueldo y las armas tienen un precio. La guerra genera muchos costes que alguien tiene que pagar. Por eso los gobiernos tienen el presupuesto militar, necesario para cualquier guerra.

El día en que sabemos que el gasto militar ha vuelto a aumentar mundialmente, tras los nuevos ataques de tipo terrorista en Europa sentimos más miedo que nunca. La demanda de seguridad es evidente, pero la manera de conseguirla no es la mejor. Los países miembros de la OTAN acumulan dos tercios del gasto militar mundial, tienen los ejércitos más preparados y armados del mundo, pero no han sabido cómo frenar la amenaza terrorista. Primero Francia y luego Bélgica han respondido a los ataques con bombardeos de sus aviaciones militares, siguiendo la lógica de la estrategia de George W. Bush y sus aliados después del 11-S. Al mismo tiempo los ejércitos de la Alianza Atlántica anuncian más intervenciones en la guerra de Siria, es decir, más guerra, más armas, más gasto militar.

En todo esto hay quien debe estar frotándose las manos; las expectativas de negocio de las principales empresas de armas del mundo, con el aumento de la violencia armada en hasta 34 conflictos armados activos (según contabiliza la Escola de Cultura de Pau), han subido de una manera extraordinaria entre 2012 y 2014. los datos lo corroboran si tenemos en cuenta que el índice S&P500 creció en este período un 32%, mientras que el valor de las acciones de dos de las principales empresas de armas del mundo, Lockheed Martin y Northrop Grumman, subieron un 78,7% y un 78%, respectivamente. Además, después de los atentados en París, en tan sólo unos días el valor de las acciones de Raytheon, Lockheed Martin y Northrop Grumman subió más de un 7%. Seguro que la cotización de las industrias militares cotizará al alza después de los ataques en Bruselas. Las empresas militares de todo el mundo se llevan un buena parte del pastel del gasto militar mundial. De hecho, sólo las cien más grandes facturan 400.000 millones de dólares anuales. Unas empresas que, por otra parte, reciben ayudas millonarias para la investigación y el desarrollo de nuevas armas y numerosos contratos de sus propios gobiernos. Esto también es gasto militar.

Estos días sabemos que en todo el mundo dedicamos sólo este año un mínimo de 1,7 billones de dólares al gasto militar. Es decir, a preparar nuestros ejércitos para que vayan si es necesario a bombardear a Siria, a ocupar Afganistán, a invadir Irak o a derribar a Gadafi en Libia. Todo por la seguridad. Pero habría que preguntarse si, después de 15 años de seguir esta estrategia, el mundo es más seguro. La respuesta es rotundamente que no. Por primera vez en Europa no nos preguntamos tanto si habrá un ataque terrorista sino cuándo y dónde será. El miedo y la inseguridad han venido para quedarse y los ha traído en buena medida una nefasta respuesta militar después de los terribles ataques del 11-S que, bajo el nombre de guerra contra el terror, lo único que ha generado es más terror. La aparición de Al Qaeda primero y del Estado Islámico ahora es una consecuencia más de la ofensiva bélica impulsada desde la foto de las Azores. No es que sea difícil, sino imposible, comenzar una guerra contra el terror o contra lo que sea sin una gran estructura militar. Y esta estructura no existiría si no fuera por los presupuestos militares.

El presupuesto anual de las Naciones Unidas, la institución política internacional que trata de resolver los conflictos con respuestas eminentemente basadas en la paz, no llega a los 10.000 millones de dólares al año. Dedicamos cada año 170 veces más recursos a prepararnos para la guerra que hacerlo para la paz. El aún tristemente actual cita romana Si vis pacem, para bellum no puede estar más equivocada. La tozuda realidad nos demuestra que años de preparación para la guerra no han traído la paz. Hay que reducir el gasto militar y utilizar estos recursos para crear verdaderas condiciones de paz en el mundo. Si queremos la paz debemos prepararnos para la paz.