Considerar el anticapitalismo

Vivimos en el mundo del 1% versus el 99%. La crisis de 2008, que vino para quedarse, ha hecho que cada vez haya más dinero en menos manos. Si en 2010 eran los 388 más ricos del planeta quienes tenían tanta riqueza (económica) como la mitad de la población mundial, en 2015 solo son necesarios 62  milmillonarios para acumular tanto dinero como el resto de la humanidad. Es obvio que el modelo económico actual beneficia al 1%, un modelo que ha sido calificado por uno de sus principales beneficiarios, George Soros, como “fundamentalismo de mercado”. Soros consiguió buena parte de su fortuna con la especulación monetaria, con dinero compró y vendió dinero, que le dio más dinero. Y todo ello sin colaborar con la carga impositiva que tales fortunas deberían asumir. El sistema lo tiene todo previsto y para ello existen decenas de paraísos fiscales para evadir al fisco. De las 200 empresas más grandes del mundo, una de cada nueve realiza operaciones sustanciales en paraísos fiscales.

Aun así, hay quien pensará que qué se le va a hacer, que al fin y al cabo no hay suficiente para todos, y puestos a que haya desigualdad… Nada más lejos de la realidad, el PIB mundial (en el que solo se contabilizan los bienes y servicios que tienen precio de mercado) alcanza los 78 billones de dólares al año. El cálculo es muy sencillo, la renta per cápita planetaria a día de hoy sería de 11.000 euros anuales por persona, es decir 900 euros al mes. La pobreza es estimada en unos ingresos inferiores a 1,90 $/día, es decir, 700$ anuales. Hay recursos para erradicar la pobreza de un plumazo, si los 62 señores multimillonarios quisieran.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Por mucho que se empeñen en decirnos que todo esto no es más que la evolución de la naturaleza, como cuando llueve, que no se puede hacer nada más que cubrirse de la lluvia para no agarrar una pulmonía, las decisiones económicas son resultado de las decisiones políticas. Y se llevan muchos años tomando decisiones políticas que han favorecido la implantación y expansión de un determinado modelo económico, ese que llama Soros fundamentalismo de mercado, y que podemos denominar de manera más científica, Globalización Capitalista Neoliberal. El fin de la historia de Fukuyama, el no hay alternativa de Tatcher no fueron más que la creación de eslóganes (y doctrinas) necesarios para profundizar en el capitalismo, una vez liberado de la comparativa con el bloque socialista. La desigualdad que crece de forma exponencial, al tiempo que hay millones de muertes fácilmente evitables, es la muestra más clara de la creación de violencia de las estructuras que genera la mera existencia del modelo capitalista.

Pero hay más violencias que forman parte del paisaje del mundo actual y que en buena  medida  tienen relación con la globalización capitalista neoliberal anteriormente mencionada. Por un lado cabe analizar que cuando hablamos de inseguridad ligada a los flujos de personas refugiadas que llegan a Europa (o que mueren en el intento) nos referimos al temor a la pérdida del Estado de bienestar por la llegada masiva de nuevas bocas que alimentar, educar y curar. Sobre este segundo aspecto cabe tener en cuenta un dato que muestra un ejemplo fundamental de cualquier estado del bienestar, el sistema de pensiones. Según la Comisión Europea, España necesitará 7 millones de inmigrantes hasta 2030 para mantener el sistema de pensiones, y que al menos haya por cada 100 trabajadores, 34 jubilados. El bulo de que las refugiadas o las inmigrantes van a saturar los sistemas públicos es falso. Necesitamos más gente en edad de trabajar para mantener con sus impuestos y cotizaciones los servicios básicos.

Las estructuras económicas injustas matan tanto o más que las guerras y generan razones para que estas aparezcan. Son pertinentes por tanto planteamientos anticapitalistas porque el modelo capitalista (y sobre todo en su vertiente neoliberal) genera sociedades basadas en la competitividad, la codicia y el egoísmo. La desigualdad extrema y la pobreza no son más que la consecuencia natural de un sistema basado en la renta del capital, en la generación de riqueza económica con el trabajo de los demás. En buena parte del mundo en el que el capitalismo está más desarrollado (EEUU y Europa) las rentas del capital han superado en importancia a las generadas con el trabajo. El capitalismo es una forma de organizar la economía que incide de manera determinante en el carácter social, tal y como afirmaba un clásico como Erich Fromm. La violencia de nuestra sociedad nace en buena medida en la veneración al capital, del desarrollo sin freno del capitalismo. Dirán que suena radical, pero no hay cómo ir a la raíz de los problemas para poder solucionarlos. El anticapitalismo es necesario para comenzar a construir un mundo mejor.