Cómo se lava la cara el ejército

El Ministerio de Defensa no tiene problemas presupuestarios cuando de hacer proselitismo se trata. El último año, en una profunda crisis económica, ha recibido unas nada despreciables cantidades de dinero para promover una falsa imagen humanitaria y así captar nuevos y engañados adeptos que enviar, antes o después, a algunas de las numerosas guerras en las que España está metida.

No en vano ha sido publicada recientemente una convocatoria de subvención para proyectos educativos y de sensibilización sobre las virtudes de lo militar por 645.370 euros. Su objetivo es el de promover que centros de primaria, segundaria y universitarios, entre otros actores educativos, promuevan la “Cultura de la defensa”, término que podríamos considerar un buen ejemplo de oxímoron. La sociedad civil pacifista catalana reaccionó y en un comunicado el 21 de diciembre pasado, la campaña Desmilitaricemos la Educación y la confederación de ONG catalanas lamentaron y denunciaron tal despropósito públicamente. Pero esto no es todo. Durante 2010 también se ha concedido un total de 115.800 euros en metálico, a través de los Premios Ejército (61.800 euros), los Premios Defensa 2010 (30.000 euros), los premios Virgen del Carmen (16.000 euros), los Premios Ejército del Aire (15.000 euros), y con el Premio Fidel Pagès a la Investigación en Sanidad Militar (9.000 euros). Otros premios han sido viajes y estancias en Canarias, visitas al buque-escuela “Juan Sebastián el Cano” de grupos escolares de secundaria o formación profesional. Además, los militares cuentan con costosísimas campañas publicitarias de las Fuerzas Armadas. De hecho, se afirma que el gasto en publicidad del ejército ha sido de 10 millones de euros el pasado año a pesar de la restricción del gasto público y que se trata de la segunda campaña estatal más cara de este tipo.

Es vergonzoso que en plena época de recortes presupuestarios, en la que se eliminan ayudas sociales y se reduce el ya de por sí limitado estado del bienestar que tantas luchas sociales supusieron a este país, estemos dedicando aunque solo sea un euro a gastos no solo totalmente prescindibles sino no deseables desde un punto de vista ético. Por desgracia, no gastamos solo un euro en conseguir una buena imagen del Ejército español, sino mucho más. No es de extrañar que sea la institución mejor valorada por la sociedad española, no por nada se han hecho costosísimas campañas de publicidad (engañosa) y se dan premios y subvenciones por doquier, para quien se dedique a decir lo buenos que son.