Recientemente tuve la oportunidad de visitar Ginebra. Entre otros muchas cosas, algo que me llamó especialmente la atención de esta ciudad fueron los carteles electorales sobre las más diversas preguntas de los referéndums que estaban en marcha en aquel momento. Uno de ellos pedía la opinión ciudadana sobre la prohibición de la exportación de armas, propuesta promovida por los partidos de izquierda y los pacifistas suizos. Otro es el célebre referéndum sobre la prohibición de levantar minaretes en las mezquitas suizas, éste promovido por la ultraderecha del país. El resultado ya lo conocemos, han triunfado las tesis conservadoras. Suiza seguirá exportando armas y las mezquitas no podrán tener minaretes.
Ante referéndums que consiguen tan tristes resultados podemos quedarnos en el análisis simplista y afirmar que el problema es haber preguntado al pueblo, ya que de no haberlo hecho probablemente se podrían construir minaretes. Aunque dudo que Suiza dejara de exportar armas por iniciativa gubernamental. En este caso el problema puede estar en el pueblo, no en los suizos, que ellos sabrán de donde viene su desapego por la política como lo sabemos nosotros aquí, sino en el tipo de ciudadanos que genera nuestro modelo de sociedad. Si somos cada vez más conservadores, más intolerantes, más egoístas, más insolidarios o más individualistas, no es por casualidad, es porque esto está montado para que se dé este resultado. Por eso cuando nos llaman a votar votamos mayoritariamente sí a la OTAN, sí a la exportación de armas y no a los minaretes. Como nos sigan preguntando puede que lleguemos a votar no a la democracia…
El movimiento antiglobalización se convirtió en mediático a partir de las protestas de Seattle contra la reunión de la OMC, donde los neoliberales campaban a sus anchas e intentaban dar un paso de gigante en la creación del libre mercado mundial, en el que las empresas transnacionales podrían hacer y deshacer a su antojo, en su propio beneficio, claro. Que además se trataba del máximo beneficio económico preferiblemente en el plazo de tiempo más corto posible. El caso es que decenas de miles de manifestantes de muy diversa procedencia se organizaron de tal modo que hasta The Economist reconoció sus logros, a través de asumir el fracaso de la reunión de la OMC. Han pasado diez años de Seattle y el movimiento antiglobalización ha cambiado casi tanto como la legitimidad del sistema al que critican. Diez años después de Seattle el capitalismo neoliberal está más cuestionado que nunca, incluso por sus promotores. Ya se ha pasado el subidón que les dio a los neoliberales con la caida del muro de Berlín y ante la adversidad han pedido ayuda a Papá Estado, algo muy poco neoliberal.
El movimiento antiglobalización por su parte se ha transformado en lo que se ha denominado movimiento alterglobalización o, como algunos preferimos, altermundista. De las protestas que siguieron a Seattle, que fueron muchas y sonadas, se ha pasado a mostrar una imagen menos enfocada a la protesta y más dirigida a la propuesta. De ahí que se creara el Foro Social Mundial, recopilador de las propuestas del movimiento antiglobalización y de otros muchos colectivos. De negar la globalización se pasó primero a proponer una globalización alternativa y a continuación a proponer otro mundo, globalizado en algunos aspectos para unos y desglobalizado para otros. Diez años después de Seattle tenemos que volver a la calle para hacer oir nuestras propuestas y ofrecer alternativas al Capitalismo 2.0 que se están inventando los espabilados neoliberales para continuar con su particular expolio de los recursos de los países empobrecidos, precisamente por sus anteriores iniciativas.
Si algo me gusta de Cataluña es que la democracia está más asentada que en otros lugares. Con esto no quiero decir que Cataluña sea el paraíso de la participación democrática, porque hay mucho que mejorar y los vicios antidemocráticos son los mismos que en otros lugares del mundo. Pero el caso del recorte en la partida destinada a Cooperación en un 21% para 2010 es un buen ejemplo de que las instituciones democráticas catalanas a veces funcionan correctamente. La Federación de ONGD se movilizó con contundencia con un perfil netamente activista contra el despropósito de reducir de forma drástica el presupuesto de ayuda a los más necesitados. Sus protestas tuvieron el efecto deseado, al menos aparentemente, ya que Carod Rovira les comunicó ayer en una reunión convocada por él mismo que el Tripartito presentará una enmienda a los presupuestos con la que se garantizará el mismo gasto en Cooperación en 2010 que en 2009. Es una buena noticia que de confirmarse nos debe hacer congratularnos de que el gobierno catalán y en concreto quienes están implicados en ese asunto, hayan escuchado las demandas de la sociedad civil y hayan reaccionado a tiempo. Es de agradecer que no se repitan tics dictatoriales como los del Partido Popular cuando desoyó a la inmensa mayoría de españoles reclamando la no participación en la guerra de Irak. De todas formas, esperemos a que se confirme esta promesa, porque de no hacerlo es más que probable que tenga consecuencias electorales en el Tripartirto y en concreto en ERC.
Hace poco tuve que escribir algo para el Campus per la Pau de Lleida donde tuve la oportunidad de participar en una de sus sesiones. Quizá no sea de actualidad, o quizá sí. Pero es una reflexión que compartiéndola cumple la función por la que fue escrita. Uno de los aspectos que tratamos fue que la transformación personal no implica solamente examinar nuestra vida y hacer cambios coherentes con las propias creencias, sino también identificar aquellos aspectos personales que puedan reforzar los sistemas de opresión de la sociedad. Porque al minimizar las relaciones opresivas propias se ayuda a reducir la opresión de los otros. Además, aunque la paz empieza en uno mismo, la guerra es un invento social, por lo que la paz requiere transformaciones a nivel mundial. En el proceso de conseguir la paz se necesita creer en la posibilidad de la paz, en el poder y eficacia de uno mismo y en la motivación para actuar, individual o colectivamente. Para creer en la posibilidad de la paz es necesario imaginarse cómo sería un mundo en paz. También es importante desmentir algunas argumentaciones descorazonadoras sobre la posibilidad de eliminar la violencia de nuestras vidas. Muchos se empeñan en afirmar que el ser humano es violento por naturaleza. Otros nos repiten sin cesar que las guerras son inevitables, porque la historia así lo demuestra. En el Manifiesto de Sevilla de 1986, en el que científicos de varias disciplinas de todo el mundo analizaron la violencia y la guerra, encontramos argumentos suficientes para desmentir tales afirmaciones. Estas jornadas concluyeron que la guerra y la violencia no son una fatalidad biológica y que tal y como nuestros antepasados inventaron la guerra, nosotros podemos inventar la paz.
El gobierno catalán se sitúa sin reparos entre los menos solidarios de España, al menos en lo que se refiere a la cooperación con los países empobrecidos. Con datos de 2007, Cataluña dedica tan solo 8,15 euros per cápita a la cooperación, cuando otras comunidades consideradas más pobres superan e incluso duplican el esfuerzo del Gobierno Catalán del tripartito. Castilla la Mancha llega a 18,77 euros per cápita, La Rioja a 14,49, Asturias dedica 12,23 euros por persona a ayudar a los países más necesitados, e incluso Extremadura supera a Cataluña, de quien se burlaba alguno de los políticos del partido que se encarga de la Cooperación al Desarrollo en el tripartito (ERC). Lo más grave es que Carod Rovira, responsable del departamento en que se encuentra la partida de Cooperación, ha aumentado un 7% el presupuesto para deportes y un 107% el de los equipamientos culturales, eso sí, para los pobres ha usado la tijera, y les ha reducido el presupuesto un 21% (más de 10 millones de euros). Creo que el señor Carod Rovira debería hacer más viajes a los países donde las ONG catalanas tienen proyectos y algún viaje menos a abrir embajadas catalanas al mundo de los ricos. Si el líder de ERC fuera pragmático, debería tener en cuenta que en una reciente encuesta casi 9 de 10 catalanes estaban de acuerdo en mantener el gasto en cooperación aun en tiempos de crisis y el año que viene son elecciones en Cataluña.
La caída del muro de Berlín ha sido interpretada de forma mayoritaria como la victoria del capitalismo sobre el comunismo. Veinte años después de la caída del muro de Berlín parece que el viejo comunismo se ha metido en el cajón del olvido, ya que ni China sigue sus preceptos. Tras estos años el comunismo que conocíamos prácticamente se ha desvanecido, salvo excepciones puntuales como la de Cuba. El capitalismo por su parte amplia su radio de acción con su agresiva estrategia globalizadora comandada por las Instituciones Financieras Internacionales y las grandes transnacionales. Sin embargo ha surgido un nuevo comunismo (o socialismo), al menos en retórica, el llamado socialismo del siglo XXI de Hugo Chávez. También han surgido, o tenido más visibilidad, otros nuevos proyectos de izquierda como el Nuevo Partido Anticapitalista francés, en España llamado Izquierda Anticapitalista. El punto de inflexión entre el desánimo en las izquierdas tras la caída del muro y la revitalización de principios de siglo, podríamos situarlo en la explosión ciudadana de Seattle contra la OMC, en 1999, donde se hizo visible que se estaba dando una nueva etapa de reinvención de la izquierda, que abrió paso al movimiento antiglobalización y al Foro Social Mundial. La caída del muro de Berlín pudo ser positiva para la izquierda mundial, porque supuso el rompimiento con las desafortunadas prácticas de la izquierda soviética y la posibilidad de explorar nuevos caminos para ofrecer una alternativa al capitalismo neoliberal, que ha levantado y permite que haya cada vez más muros, en zonas en conflicto y, sobre todo, entre ricos y pobres, privilegiados occidentales e inmigrantes en busca de una vida mejor. Quizá, al contrario de lo que muchos piensan, la caída del muro de Berlín supuso el principio del fin del capitalismo.
Tengo que reconocer que no sabía de este régimen especial tributario del que disfrutan los jugadores de fútbol, y otros personajes muy bien pagados, que cobran más de 600.000 euros anuales. Es sorprendente e indignante a la vez que para atraer a España a grandes fortunas, se les ofrezca pagar en vez del 43% que les correspondería si fueran tratados como el resto de residentes en nuestro país tan sólo el 24% de sus ingresos. Los futbolistas ni se han inmutado, porque negocian sus contratos en neto. ¡Ya nos gustaría al resto de mortales tener su poder para negociar nuestros contratos laborales!, pero más allá del deseo a ser tratados con tal deferencia, el planteamiento debe situarse también en este asunto en términos de justicia. Porque además de injusto es escandaloso, en cualquiera de los casos que se planteen, que justamente los más ricos paguen menos impuestos. Ya no tienen suficiente con las Sicav, sino que los todopoderosos clubes de fútbol consiguieron un régimen especial para sus galácticos. Veamos por donde va el debate, porque los clubes amenazan con un cierre patronal, algunos futbolistas no tan bien pagados demandan ser tratados igual que sus multimillonarios compañeros, mientras la afición sigue pagando más impuestos (proporcionalmente) que sus ídolos. Al igual que el resto de españoles, les guste el fútbol o no. ¿Quien ganará, la pasión futbolera o la razón? Conociendo a este país, el resultado me resulta impredecible.