En relación a la muy de moda RSC (Responsabilidad Social Corporativa), es necesario hacer un análisis más amplio de las prácticas de quienes dicen aplicarla, para comprobar que aún queda mucho trecho para que nuestras empresas y, en concreto, las entidades financieras españolas, sean socialmente responsables. Sirva de ejemplo la controversia que pueden generar sus vinculaciones con el negocio de las armas.
Las empresas del sector armamentístico no son una excepción en la economía actual y necesitan del apoyo financiero de los bancos y cajas para poder desarrollar su negocio y realizar nuevas inversiones. El nivel de endeudamiento de alguna de estas empresas ronda fácilmente el 100%. Son empresas, por tanto, dependientes del apoyo del sector financiero, sin el que no podrían mantener su ritmo de producción y de crecimiento actual. La financiación de las empresas de armas se realiza a través de cinco mecanismos principales: la financiación de las exportaciones, la concesión de créditos, la emisión de bonos y pagarés, la gestión e intermediación en fondos de inversión en los que existen participaciones de empresas armamentísticas y la participación accionarial directa o indirecta.
Por lo que se refiere a la financiación de las exportaciones, encontramos poca información. Pero cuando hemos tenido acceso a ella, como es el caso de la financiación de las exportaciones de armas italianas, –un informe anual de su ministerio de economía indica el nombre de la entidad financiera que ha financiado ventas de armas italianas al exterior–, encontramos que los dos principales bancos españoles aparecían como financiadores de exportaciones de armamento. Si tuviéramos un informe en España sobre quién financia a las exportaciones de armamento españolas, de buen seguro que encontraríamos éstos y muchos otros que por falta de transparencia no pueden ser identificados.
En relación a los créditos, los dos principales bancos españoles han concedido más de 1.500 millones de euros a empresas de armas del ámbito del Pentágono de EEUU, es decir, aquellas que fabrican gran parte de las armas que hoy se están utilizando en Afganistán o Irak. Destaca el crédito de 18 entidades financieras al grupo Maxamcorp Holding SL, propietaria del 100% de Explosivos Alaveses S.A (Expal), una de las empresas de armas con menos escrúpulos del Estado español, que ha fabricado –hasta que se lo han prohibido por ley– minas antipersonal y bombas de racimo, armas que causan y han causado miles víctimas civiles. Además, sabemos que diez conocidas entidades financieras le concedieron préstamos por un valor cercano a los 12 millones de euros a Instalaza, la empresa que le vendió bombas de racimo a Gadafi meses antes de ser prohibidas en España, que Humans Right Watch demostró que fueron utilizadas contra los rebeldes en el reciente conflicto armado libio.
Destacan también los dos grandes bancos españoles en la emisión de bonos y pagarés de algunas de las empresas de armamento más controvertido del mundo. Por lo que respecta a los fondos de inversión, debemos prestar especial atención a cincuenta fondos de los dos gigantes españoles directamente relacionados con el negocio de las armas. Las vinculaciones accionariales entre las entidades financieras y las empresas de armamento son de gran relevancia por dos aspectos fundamentales. Primero, porque la posesión de acciones supone tener parte de la propiedad y, por tanto, capacidad de decisión, en las empresas de armamento. Segundo, porque al comprar y mantener acciones de una empresa estamos ayudando a su financiación ya que es una práctica habitual la captación de fondos por parte de las empresas mediante ampliaciones de capital. Prácticamente todos los grupos bancarios españoles, surgidos de las recientes fusiones, tienen participaciones en el sector militar. Aunque la mayor parte de las empresas de las que los bancos españoles tienen cierto control, están dedicadas al ámbito tecnológico y electrónico de la guerra (tan necesaria para hacer la guerra como las bombas y las balas), también podemos encontrar participaciones indirectas en fabricantes de misiles.
En este marco, se está extendiendo cada vez con más fuerza la RSC, de la que hacen gala muchas de las entidades financieras españolas. Muchas de ellas ofrecen, al tiempo que invierten en armas, fondos tildados de solidarios o socialmente responsables. Incluso hay quien dice tener una política propia de control de sus relaciones con el sector armamentístico. De nuestro análisis de estas políticas y de los departamentos de RSC podemos concluir que son insuficientes y que tienen tan solo el objetivo de maquillar una imagen cada vez más deteriorada de los bancos en la opinión pública española. Los departamentos de RSC de los bancos son reactivos, solo responden a las denuncias que con dificultades pueden hacerse desde la sociedad civil. La RSC de estos bancos es mero márketing social. Identifica el nuevo nicho de mercado que conforman consumidores y consumidoras conscientes e intenta que el banco en cuestión sea atractivo a los ojos de este mercado en crecimiento. Porque si sus intenciones fuesen sinceras, no financiarían la producción armamentística, un sector del que no hay que explicar los devastadores efectos que tiene sobre las personas, algo socialmente muy poco responsable.
Hoy voy a hacerme eco del último informe sobre la exportaciones españolas de material de defensa de 2010 del Centro Delàs de estudios por la Paz de Justícia i Pau. No solo por mostrar algunos datos que nos escandalizan año tras año, sino para hacer una reflexión sobre quienes se lucran del negocio armamentístico.
España vendió, con consentimiento del gobierno (porque toda venta de armamento tiene que estar aprobada por el gobierno español) 1.128€ millones, un 16% menos que en 2009. Pero no nos dejemos engañar por este coyuntural (por la crisis, supongo) descenso, porque las ventas de 2010 han sido un 388% superiores respecto a 2001.
Este año, el Estado español se ha situado en la novena posición en el ranking mundial de países exportadores de armamento, alcanzando el 2% del total mundial y el 0,6% del total de la balanza comercial española. Cada día España exporta 3 millones de euros en armas, muchas de ellas a países en conflicto armado o donde se violan los Derechos Humanos. Pero sobre el destino de nuestras armas, hablaremos con más detalle otro día. Centrémonos hoy en la enfermiza codicia de los empresarios que producen y venden estas armas y que además proponen al gobierno su venta a países donde están siendo usadas para disparar sobre la población civil. Estas personas que se enriquecen con el sufrimiento ajeno, merecen todo el desprecio del mundo.
El negocio de la violencia armada es inmoral y en muchos casos ilegal. Los empresarios de la muerte, Tíos Gilito sin escrúpulos y sin un ápice de moralidad no dejarán de vender armas a Gadafis de todo el mundo, porque solo piensan en ser más ricos (como tanta gente) sin importarles los demás. El gobierno es cómplice porque consiente todas las ventas de armamento de este país. También consintió vender bombas de racimo a Gadafi. Solo con mayor control y una aplicación estricta de la ley sobre comercio de armas se puede poner algún freno al negocio armamentístico.
España es cada vez más de derechas, o conservadora y liberal (en lo económico, claro) y a la vista está el resultado electoral. También podríamos decir que la derecha, la extrema, es racista, xenófoba, homófoba… pero quiero pensar que de ésta solo podemos encontrar en los partidos extraparlamentarios de ultraderecha. Sin embargo, si miramos la evolución del voto del PP, cuando les cosas les van bien o cuando las cosas les van no tan bien, vemos que a menudo se mantiene entre los 10 y los 11 millones. Si el PP no ha superado su tope en un momento en el que el PSOE no podía estar peor, ¿lo superará algún día?
En mi opinión, creo que hay opciones de que sí lo haga, si hace un gobierno más de centro que de derechas, algo así como el de la primera legislatura de Aznar. Rajoy, además, no parece tener los aires de grandeza que su predecesor popular en la presidencia del gobierno. Pero con la mayoría absolutísima que han conseguido, tiempo al tiempo.
El PP ha demostrado en muchos lugares donde tiene mayoría absoluta que se convierte en un rodillo de la democracia, ninguneando las alternativas políticas, deshaciéndose de aquellos identificados como enemigos y vendiendo una imagen de no haber roto un plato en su vida. El tope de la derecha en el Estado español, que ahora sí parece encontrarse en los 11 millones, puede volver a ser superado si Mariano Rajoy es un poco listo y la diversa izquierda sigue mirándose el ombligo. La gente, cuando quiere políticas de derechas, vota a la derecha (o no va a votar a la izquierda). El PSOE no tiene porqué imitar al PP para conseguir nada. Solo si se va hacia la izquierda de manera decidida, será posible una alternativa al PP en una o dos legislaturas, si no lo hace, tendremos PP para rato. Sirva de ejemplo el País Valencià, donde mandan desde hace veinte años ininterrumpidamente y con perspectivas de que siga así durante mucho tiempo.
Los resultados de la elecciones generales de 2011 han dado no solo más de 10,5 millones al PP, sino que si les añadimos los votos de otros partidos que podemos considerar de derechas, esta cifra supera los 13,5 millones. Esto nos da cerca del 60% de votos depositados en programas conservadores, liberales y otros (afortunadamente con menor presencia) de extrema derecha. La tendencia en la política española es, por tanto, muy clara. Lo que puede ser un buen indicador de cómo es la sociedad española actual.
Sin embargo, si miramos los resultados desde otro ángulo, siempre es posible encontrar lecturas positivas, más allá de que hayan conseguido mayor representación parlamentaria los partidos de izquierdas minoritarios, lo que es sin duda una excelente noticia.
Me refiero a que si cambiamos el prisma, podemos decir que la derecha no ha conseguido alrededor de 11 millones de los votos depositados, ni tampoco los cerca de 10 millones de la abstención. Es decir, 21 millones de ciudadanos y ciudadanas de este país no han votado a la derecha.
La derecha puede que gobierne durante muchos años. Y lo hará por muchas razones, un injusto sistema electoral, una izquierda dividida, e incluso porque le guste a mucha gente (algo que es evidente). Pero sobre todo lo hará porque quienes no nos consideramos de derechas les dejaremos (léase por falta de participación o implicación) que lo hagan.
La democracia actual, la de votar una vez cada cuatro años, ni funciona ni es creíble. La abstención es casi siempre la ganadora en todos los comicios electorales y los partidos que ganan pueden convertirse, si consiguen mayoría absoluta, en dictadores por cuatro años, probablemente el sueño de Rajoy.
Afortunadamente, la desmotivación por esta falsa democracia nos ha regalado una inteligente protesta. Un miembro del Grupo antimilitarista Tortuga de Elx, Adrián Vaíllo, se ha declarado objetor electoral, no va a acudir el próximo domingo a la mesa electoral a la que ha sido convocado por el azar de algún ordenador de la Administración. Adrián muestra su desacuerdo con el modelo político y económico a través de una de las estrategias no-violentas de mayor impacto, la desobediencia civil. Ha decidido desobedecer en conciencia pero sin huir de las consecuencias de sus actos, asumiendo el castigo que le pueda imponer un juez aplicando la legislación vigente y, sobre todo, explicando a la sociedad el porqué de su objeción de conciencia. Pero esto no es todo. Adrián Vaíllo no está solo. Varios miembros del Grupo antimilitarista Tortuga han pedido la apostasía al sistema electoral, es decir, que les borren del censo electoral, para ni siquiera aparecer en la lista de quienes puedan votar.
Con estas acciones se demuestra que queda mucho por hacer para que esta democracia nos la creamos un poco. Acciones valientes y creativas como las de los antimilitaristas alicantinos nos muestran que las cosas pueden cambiar si desobedecemos un poco, o mucho, según de lo que hablemos. Porque el cambio real empieza cuando nos sentimos interpelados por quienes se dedican a abrir caminos.
La última encuesta del CIS nos ha puesto los pelos de punta. El PP alcanzaría una holgada mayoría absoluta. Pensemos en lo que hizo este partido la última vez que gobernó de este modo y nos vendrá a la cabeza aquello de la dictadura de la mayoría que ofrece la imperfecta democracia que tenemos. Sí, también se puede echar un vistazo a lo que hacen en las comunidades donde tienen mayoría absoluta desde hace años y comprobar algunas de estas prácticas. Da miedo también el PP con mayoría absoluta, porque ha demostrado sobradamente ser capaz de generar la sensación en la ciudadanía de que hacen un buen trabajo, bien sea por la manipulación mediática o por medidas populistas, como los grandes eventos en la arruinada Valencia.
Dan ganas, por tanto, de votar a la alternativa que más escaños suma por votos conseguidos (el llamado voto útil) y evitar al menos la mayoría absoluta del PP. Pero vista la enorme diferencia existente, ya calificada como imposible de remontar -históricamente el CIS se ha equivocado en sus estimaciones no más de 6 o 7 puntos porcentuales- puede ser el momento de arriesgarse por votar pensando en el futuro. Porque el PP ganará las elecciones a no ser que haya algún improbable acontecimiento extraordinario que a última hora movilice a buena parte del 30% de personas indecisas a votar al PSOE, como ocurrió en 2004.
Votar pensando en que nos va a tocar vivir una, dos o tres legislaturas de derecha conservadora, con una dura travesía del desierto de los socialistas, puede ser una buena opción. Las alternativas por la izquierda al bipartidismo pueden aumentar su representación gradualmente durante estos años y generar un marco político en el Estado español que lleve a un verdadero giro progresista de futuro. ¿Por qué no pensar en un gran partido de izquierdas y en un gran partido verde, además de la socialdemocracia, que haga que en 2015, 2019 o incluso en la siguiente década, sea tan útil electoralmente votar a varias opciones de izquierdas, ecologistas, anticapitalistas, para que en este país se apliquen medidas verdaderamente de progreso social?
Es necesario crear un marco político diverso, alternativo al bipartidismo, que no se consigue de la noche a la mañana, para que en un futuro la política recupere credibilidad y las opciones ahora minoritarias no sean marginales. Es comprensible que la gente sienta desafección por la política cuando las únicas alternativas son un PP y un PSOE que cada vez se parecen más. Aunque entiendo el miedo a tener en el poder a la derecha más dura durante toda una década. Estremece pensar qué nos quedará para cuando el gobierno esté en manos de una renovada y diversa izquierda. Pero quizá sea bueno que toquemos fondo para darnos cuenta de que el actual modelo de vida necesita cambios de fondo. El depredador con el ser humano y la naturaleza capitalismo global ya no se puede rescatar, se tiene que acabar.
Motivos para la indignación hay muchos. Sobran. Como saber que los banqueros de Caja Madrid (la de Rodrigo Rato, exvicepresidente del Gobierno español con el Partido Popular y candidato a ser ministro de economía con Rajoy) se subieron el sueldo de 317.000 euros anuales de media a 725.000 euros, o que Novacaixagalicia, la CAM y Catalunya Caixa (la de Narcís Serra, exministro del PSOE con Felipe González) incrementaran los salarios de sus consejeros en proporciones similares (o incluso mayores).
Según un informe de CC.OO. la cúpula de las entidades financieras españolas son algo más de 1.500 personas que cobran unos 300.000 euros anuales, o lo que es lo mismo, 25.000 euros al mes. Si sumamos todo este dinero alcanzamos la cifra de 450 millones de euros al año. Es decir, si los salarios fueran más razonables y estas personas cobraran un salario tan alto como las responsabilidades que asumen, que no pueden ser mayores que las del Presidente del Gobierno español (90.000 euros anuales), todavía nos quedarían 315 millones de euros disponibles para contratar a 15.000 personas (con un salario medio de 20.000 euros al año). Quede también dicho que en los bancos el escándalo es incluso mayor, ya que cobran más del doble que la media de la banca española en su conjunto. Imagínese usted lo que es cobrar más de 50.000 euros al mes. Es como si te tocara la Lotería cada mes.
Claro, luego dicen que no hay dinero para mantener la plantilla y tienen que despedir a varios miles de trabajadores y trabajadoras. Luego dicen que la culpa es de la deuda soberana y no sé qué más soberanas estupideces. Esta crisis es consecuencia, en gran parte, de la codicia e insana avaricia de los banqueros de este país y sus consejeros. Quienes deberían pagar por sus delitos, porque cobrar más de lo razonable y además estando en una entidad semipública como las Cajas de Ahorros es algo asimilable a la corrupción y si me apuran al robo. Es despreciable ganar tanto dinero en un país con más de 4 millones de desempleados y en un mundo donde cada día mueren 100.000 personas porque no tienen qué comer ni acceso a agua potable. Son despreciables estos codiciosos banqueros y consejeros sin un ápice de moralidad.
Es una excelente noticia el comunicado de ETA en el que anuncia el cese definitivo de la actividad armada. No nos ha pillado de sorpresa, porque se han ido dando pasos para que se produzca este comunicado, a pesar de quienes insistían en poner la zancadilla. No sería justo decir que es mérito de la gestión del gobierno de Zapatero, menos justo sería afirmar que la derecha ha ayudado para que esto sea así. Pero de algún modo, un gobierno más dispuesto a dialogar (algo indispensable para conseguir la paz en el ámbito que sea) puede haber sumado para que lleguemos a este punto.
Ha sumado también la determinación del pueblo vasco, con el sufrimiento acumulado de tantos años, que decidió desde sus organizaciones políticas, desde sus movimientos sociales y desde muchos lugares de participación ciudadana, que el camino para conseguir sus aspiraciones políticas no es la violencia.
Ha sumado también el apoyo internacional, la gente que se ha significado por una búsqueda de la paz a través del diálogo, de la reconcialiación y de muchas personas, pacifistas o no, que han organizado encuentros, jornadas y tantas actividades para avanzar hacia la paz en Euskadi.
Ha sumado que la gente no quiere, no acepta la violencia y un buen ejemplo es que los nuevos movimientos surgidos en este tiempo han asumido las vías no violentas como las únicas legítimas para llevar a cabo sus luchas. Algo habrá sumado el trabajo por la paz de todos estos años.
Pero no olvidemos a quienes no se han dedicado, conscientemente, a sumar durante este tiempo. Me refiero a la derecha mediática y política. Es hora de que asuman que la responsabilidad de la paz es cosa de todos y todas, que ya no es tiempo de hacer uso político del terrorismo y que ahora hay que volcarse sin miedo por construir la paz en Euskadi.
Tampoco nos olvidemos de quienes han sufrido la violencia durante todo este tiempo, de reconocer su sufrimiento y ayudarles a la reconciliación. Ni dejemos de trabajar por la paz, porque el fin de la violencia acaba de comenzar, queda mucho por hacer y será responsabilidad de todos que el futuro de este país sea en paz. Mucho queda por hacer, sin olvidar, pero sin rencor. Perdonar no es fácil, pero es la mejor manera de sacar la rabia (ciertamente legítima) y dedicarnos a convivir en paz. Y ahora, a seguir sumando para que la no violencia prevalezca en todo momento.
Aún recuerdo cuando era una mayoría a quien nos escandalizaba que en algunos países las autoridades mataran a personas culpables de algún delito. Ahora parece que las encuestas (que por su resultado bien pueden haber estado promovidas por un vendedor de sogas o un fabricante de inyecciones letales) dicen que más de la mitad de españoles y españolas quieren que vuelva a existir la pena de muerte.
Es cierto que hay veces en que pueden dar ganas de matar a alguien, sobre todo si esta persona ha sido encontrada culpable de matar a alguien muy cercano a ti. Pero más allá del momento de rabia (comprensible) y de la desesperación que una situación así puede suponer, decidir matar a alguien por ley, porque yo lo valgo, es simplemente un posicionamiento personal con los violentos. Es ser violento.
El que haya pena de muerte en una sociedad es lo mismo que instaurar la violencia como valor supremo. Es aceptar que los conflictos se resuelven a palos, a tiros, ahorcando, inyectando veneno, aplicando una descarga eléctrica… no importa el nombre o método de la violencia, todas son lo mismo. Nadie duda que la violencia genera más violencia. Decir que hay que matar a los demás es violencia, aunque esté escrito en el Código Penal de un país. Por favor, reflexionen antes de contestar una de estas encuestas sobre temas tan serios, porque el PP y Mariano Rajoy se mueren de ganas de instaurar la pena de muerte en España, y quien sabe si además hecho con la eficacia y eficiencia de una empresa privada.
Menuda sorpresa de última hora nos ha regalado el todavía presidente Zapatero. En menos de ocho años ha pasado de sacarnos de Irak a meternos en el controvertido escudo antimisiles de EEUU. De abanderado de las vías pacíficas, a belicista e impulsor de la carrera armamentística. Recordemos que la entrada en la OTAN no siguió el proceso democrático como es debido, primero se nos dijo que “de entrada no” (era mentira), después hubo limitaciones a la participación española (otra mentira), ahora nos imponen la participación de España en el escudo antimisiles estadounidense sin ni siquiera crear debate político y sin pasar por el Parlamento, mostrando un talante muy poco democrático.
La OTAN nos obliga a gastar más dinero en armas, a tener unas fuerzas armadas sobredimensionadas y a participar en terribles guerras, donde mueren nuestros soldados y miles de inocentes. Ahora nos imponen la participación en el escudo antimisiles, que no es un escudo al uso, sino más misiles.
Formar parte de la OTAN es formar parte del grupo de malotes de clase, que dan miedo y te protegen, pero que no generan precisamente simpatías, sobre todo con otros grupos de malotes. España ha optado por ser de los malos, veremos qué consecuencias nos reporta.