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Detrás de la función

Porque los ciudadanos nos merecemos algo más de los medios de comunicación

La privatización de la realidad

08 mar 2012
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Los recortes no han llegado precisamente solos. La mayoría de los medios de comunicación utiliza claros eufemismos y alardes de creatividad lingüística para
referirse a ellos -reformas, aumento de nuestra competitividad, dinamización de la economía…- y hace ya algunos meses que completa este discurso oficial con apelaciones a un supuesto “cambio de valores” que la sociedad española necesita para poder salir de esta situación crítica.

 

Por eso, conforme vayan pasando los meses, cada vez oiremos más que es bueno pagar por una sanidad de calidad; que no se debe abusar de los servicios públicos; que lo que importa, en definitiva, es tener un puesto de trabajo para llegar a fin de mes y que debemos subordinar las luchas sociales a este objetivo prioritario… De algún modo u otro, se ha conseguido que toda reivindicación social parezca hoy día reaccionaria: la visión de que los sindicatos luchan por un modelo de empleo para toda la vida que ya no se adapta a la actual era de la información se difunde con rapidez. Y estamos a dos pasos de la liberación definitiva: pronto, todos podremos ser empresarios de nuestra propia vida.

 

La victoria de esta imparable ideología del siglo XXI podría verse reflejada en un ejemplo simple: imaginemos que a un polígono industrial de una ciudad como Málaga, Sevilla o Madrid llegara una gran multinacional y prometiera crear 700 puestos de trabajo a 650 euros al mes, diez horas al día. Una manifestación sindical y contestataria por el trabajo digno en frente de la nueva entidad acabaría reprimida con violencia. El problema es que los agresores no serían probablemente policías, sino la mayoría de los empleados de la nueva empresa.

 

La crudeza de este ejemplo refleja el retroceso social y el discurso defensivo en el que están sumidas las opciones progresistas desde hace más de lo que creemos. Con los
socialistas colaborando con el capital financiero cuando pueden gobernar, la izquierda radical con cierta representación parece sostener solamente un discurso keynesiano y reformista, algo de lo que habrían aborrecido hace cuarenta o cincuenta años, cuando hasta la democracia cristiana europea podía ver con buenos ojos la banca pública.

 

Mal pinta la situación si ni siquiera podemos imaginarnos una salida contundente y creíble de la crisis, así como una respuesta a la ofensiva cultural que estamos sufriendo. Si al final acabamos abrazando la austeridad, buscando las cosas buenas del mundo gris en el que hemos penetrado e incluso desarrollando un nuevo concepto de la felicidad -con ribetes morales como la reducción del materialismo o la solidaridad- estaremos cerrando el círculo: viviremos en la realidad necesaria para que el beneficio de la concentrada propiedad siga creciendo al ritmo deseado… y llegaremos a estar contentos. Será la privatización definitiva de la vida, porque nuestros guionistas ya solo vendrán de Wall Street, de Endesa o del Banco Central Europeo. La disidencia intelectual quedará a la altura de la demencia o el comportamiento infantil. Por estas razones, esta primavera nos jugamos mucho más que la anterior.

 

Pd. Se puede entender perfectamente que, si se está privatizando la realidad, no quede espacio en la prensa escrita para un periódico que se llame “Público”.

Sobre Público y seguir adelante

03 ene 2012
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Quizá dentro de bastantes años recordemos con nostalgia el tiempo durante el que pudimos disfrutar, como lectores o colaboradores, de PÚBLICO. Si los peores augurios se cumplen, el liberalismo habrá dado su enésima estocada al propio liberalismo; el mercado de las ideas seguirá controlado por solo tres o cuatro valedores de un laissez faire que se tornará esquivo y dificultará el crédito bancario al que ose disentir en cierto grado de la doctrina oficial. Y no olvidemos que las financieras son las actuales armas de destrucción masiva. Para eso tenemos a un ministro proveniente de la gran banca y a otro de la industria armamentística, por si fallara el primero de los dos…

No nos quitarán, desde luego, aquel rato de septiembre de 2007 en la Casa de Campo de Madrid, con el otoño estallando, Jaume Roures en vaqueros y Nacho Escolar
prometiendo modificar el aburrido panorama periodístico español con una oferta diferente de contenidos. Y lo consiguieron, con todos sus directores, con todos sus defectos: éramos muchos los periodistas jóvenes que soñábamos con formar parte de este proyecto. Por eso y porque para algunos se nos hizo real, desde este blog agradecemos a unas cuantas personas esta enorme oportunidad, además de una
amabilidad y una educación (y es que hoy los modales se baten en retirada) que no habíamos conocido antes en esta piscina de pirañas que es el periodismo nacional.

Quedan muchas reflexiones por hacer. La gente de izquierdas, las personas creativas, los que quieren hacer algo nuevo o cambiar las cosas, también se equivocan. A este diario le hemos pedido que lo cubriera casi todo: que narrara favorablemente la revolución boliviariana y al mismo tiempo sacara a la luz los desmanes de Esperanza Aguirre; que destapara parte del Gürtel y nos enseñara economía con Vicenç Navarro o Juan Torres; que nos recordara que IU sigue existiendo y que podemos imaginarnos a nuestro probable Rey Don Felipe de Borbón como futuro candidato del Partido Monárquico al Congreso de los Diputados…

Muchos productos fracasan al no acertar con el público objetivo. Quizá el futuro sea el digital, es posible que los jóvenes más rebeldes prefieran leerlo todo por Internet, sin gastar papel. También lo queremos siempre todo hecho inmediatamente ante nuestros ojos: un 15M que haga una revolución  en seis u ocho meses; un diario que muestre la verdad y lo que queremos oír; partidos que tengan las respuestas a los problemas de la sociedad, que sean de masas y asamblearios al mismo tiempo…

Deberíamos dejar de vez en cuando de exigir pasivamente tanto y darnos cuenta de que estamos hechos todos de la misma pasta: los sátrapas financieros de Goldman y el ansioso ciudadano que por tener un 7% de rentabilidad se arriesga a perder sus ahorros son igualmente humanos. La burbuja la inflamos entre todos y el posible cierre de este sueño no se puede solamente imputar a una maniquea conspiración
neoliberal. Es una señal de que algo va bastante mal y de que las cosas se están poniendo peor, económica y democráticamente.

Lo que le ocurre a PÚBLICO y fulminó a la sietemesina LA VOZ DE LA CALLE va a seguir sucediendo: no es este el capitalismo de las películas de Frank Capra ni el del New Deal; el Estado del Bienestar nos sobra ya porque los bancos necesitan pagar con él la depreciación del suelo y el ladrillo que nadie compra; sentimos cómo nos sangra el ya claro y manifiesto gobierno de las corporaciones… Por todo esto deberíamos dejar de llorar y mirar adelante con alternativas que se adapten a las difíciles condiciones que estamos viviendo. Para el camino que aspiramos a recorrer no nos sirve la actitud del individualismo televisivo, del cerebro acostumbrado al lenguaje del videoclip y a la Playstation. Por eso tenemos que cambiar determinadas actitudes:

- Podemos pensar que las dificultades que afronta PÚBLICO, como las que han acabado con WIKILEAKS, son una señal de que sus trabajadores y directivos lo
han hecho bastante bien. ¿Por qué triunfan otros diarios con menos lectores? ¿Por qué tenemos cuatro opciones periodísticas en papel a la derecha de EL PAÍS? Los galos no tienen la culpa de sucumbir a las trescientas invasiones romanas. Por lo menos en la pequeña aldea no se jalea la cuestionable práctica de la prostitución…

- La Red sigue siendo una oportunidad y el producto sigue vivo: hay una fuerte demanda manifiesta y latente. Existen muchos colaboradores altamente
cualificados dispuestos a formar parte del proyecto que continuará. La sensación de que esto es más que un diario de información y opinión la tenemos muchos: puede aspirar a ser un movimiento social informativo en el que se realicen las inquietudes de muchos ciudadadanos.

- Muchos nos hemos marcado ideológicamente en esta y otras experiencias periodísticas. Esto nos supondrá probablemente problemas para el futuro. ¿Y qué? ¿En qué se basa nuestro modelo de triunfo personal, vital, social? Los que escribimos seguiremos aquí y donde nos lo permitan: donde la libertad de expresión se cumpla y nos dejen decir lo que pensamos, lo que nos duele y por qué nos sentimos de
modo diferente a los que se definen como normales y que no pueden serlo, como dijo alguna vez Herbert Marcuse, “en un mundo que no es normal”.

- Si Marx atribuyó los cambios en las ideas a las modificaciones en la infraestructura económica, otro sabio, Max Weber, creyó en el potencial de cambio de las primeras sobre la realidad social. Los dos siguen cabiendo para esta aventura. Nos pueden quitar un papel o una pantalla, pero a este 1984 al que nos aproximamos tres décadas más tarde llegamos con la lección aprendida y muchas ganas de incordiar. Solo falta que sepamos ponermos mínimamente de acuerdo.

Muchos queremos pensar que PÚBLICO encara a partir de ahora una segunda fase. Creo que solo podemos estar agradecidos a quienes se han dejado los cuernos todos los días por mantener abierta esta ventana a otro punto de vista. Esperemos que no se cierre del todo la noche en este país, tantas veces golpeado por el mazo y por el sentido común, siempre más común que con algún tipo de sentido.

¿Discursos para zombies?

02 dic 2011
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La OCDE ha previsto que, si la cosa sigue igual, el desempleo ascenderá en 2012 al 23% de la población activa española. Con el país hipotecado y si consultamos las recetas que nos ofrecen los principales medios de comunicación, el discurso parece escribirse solo: España tiene que acometer sin rémora alguna reformas estructurales en el mercado de trabajo para facilitar la contratación y limitar los aumentos periódicos de salarios al nivel de competitividad de la economía. Por encima de todo(s).

El problema de los argumentos que se escriben solos es que acaban pensando por uno mismo: un aumento de la competitividad exterior podría suponer mayores exportaciones para el país; la facilidad para despedir reduciría el miedo del empresario a la contratación, con lo que las cifras de parados, y por tanto, los subsidios al desempleo, decrecerían, mejorando las perspectivas de futuro. Esto daría una cierta señal de confianza a los mercados, con la consiguiente reducción de la prima de riesgo y el sobrecoste de financiación de la banca española, lo que ejercería un efecto multiplicador del crédito para la creación de empresas; un complemento idóneo al programa de incentivos que prepara el Ejecutivo entrante para los autónomos y emprendedores.

Por el mismo camino: se debería proceder a un incremento de los impuestos indirectos para impulsar la consolidación fiscal, además de una fuerte racionalización de unos servicios públicos escasamente valorados por una población acostumbrada a la tutela del Estado. Un mayor énfasis en la responsabilidad personal y en la gestión individual y familiar de las necesidades puede liberar a los entes públicos de muchas obligaciones, lo que garantizaría la reducción de los déficits y la normalización de la financiación de la economía española.

Este, con diversas variaciones, es el discurso oficial de la “recuperación” de la economía española que llevamos recibiendo desde hace ya más de un año. Un proceso de reestructuración que nos va a hacer más austeros (pobres) y nos va a dejar en mejores condiciones para las nuevas circunstancias de la economía mundial (en la que se han entronizado nuevos imperios que incorporan regímenes de esclavitud para muchos de sus trabajadores).

El problema de este argumento, que enfatiza el empobrecimiento como salida y reajuste a una situación más realista, es que se deja fuera algunas circunstancias que deberíamos conocer: las prisas por reducir el déficit se deben, en realidad, a la presión sobre una deuda pública mínima en comparación con la de otros países; una deuda que está siendo bombardeada por dos razones principales: 

- Una, económica: los agentes financieros saben que la banca española guarda en sus balances cientos de miles de millones de euros en pérdidas que no va a poder recuperar. Son las hipotecas basura nacionales: la cantidad de dinero que se prestó a las familias, inmobiliarias y constructoras, con el aval de una perspectiva de crecimiento infinito del valor del suelo y de los pisos. Ahora, cuando el emperador está oficialmente desnudo, la banca se encuentra estomagada con llaves de apartamentos mientras franceses, alemanes y norteamericanos, que prestaron el dinero para la orgía, reclaman su devolución con sus correspondientes intereses.

- Otra, política y mediática: el bombardeo sobre la Eurozona tiene causas reales, pero también está sirviendo para que otras economías, como la estadounidense, la británica o la japonesa -por no hablar de las burbujas que se gestan en China y Brasil- ganen tiempo para tratar de salvar una situación realmente difícil de superar. Es más que posible que el precario sistema económico mundial se haya roto y que nacionalismos de nuevo cuño estén operando con mecanismos más sutiles que los del pasado.

Mientras tanto, nuestros medios y la pereza mental heredada de la etapa de prosperidad nos mantendrán atados al pan y circo: el final del terrorismo, el renacimiento del independentismo y la nueva figura de los políticos nacionales y regionales que recortan derechos sociales. Se trata de acontecimientos relativos a lo que el sociólogo norteamericano Charles Wright Mills denominaba “los niveles medios del poder” que, hoy por hoy, no cuentan para casi nada. Los ciudadanos, remisos a mirar hacia arriba y comprender los intereses que nos mantienen en esta situación, seguiremos señalando a nuestros gestores por las medidas que acometen obedientemente. Quizá sea lo más cómodo a corto plazo, pero, en el momento más necesario, Europa y los grandes poderes parecen hacérsenos demasiado grandes. También nosotros tenemos nuestras propias reformas personales y colectivas pendientes. O terminaremos por pensar como ellos.

¿Cuándo nos plantamos?

17 nov 2011
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La profecía destinada a cumplirse ya se está realizando. Italia, dirigida por unos seres grises que despotrican contra “los políticos”, enfila el camino hacia su verdadera crisis. Aunque sin apenas crecimiento en la última década, esta república no sumaba más de un 9% de paro, con una deuda privada mayoritariamente en manos italianas. Las reformas que vienen aumentarán el número de desempleados y reducirán con mucho los servicios sociales de un país con una larga tradición democrática y sindical. Se trata de evitar una temible suspensión de pagos que parecía imposible antes de que los rumores incendiarios la hicieran necesaria

Ahora toca, por fin, dirigir el país como una empresa: no por casualidad, muchos de los nuevos ministros provienen precisamente del mundo de los negocios y de la banca, como en el caso del titular de Economía; quizá sean los mejores para ajustar las cuentas del país a los límites impuestos por los países acreedores. A estas alturas, hablar de democracia es un ejercicio ocioso: la Eurozona se ha convertido en un área de gestión colectiva de riesgos y los que posean la información más cualificada tienen preferencia sobre aquellos que pretenden representar los intereses de las masas ignorantes. No por casualidad, muchos de los gestores de las burbujas inmobiliarias y financieras están ahora a cargo del negocio de las deudas públicas estatales.

Europa sigue, por tanto, en el candelero. Grecia e Italia están “intervenidas”. Francia comienza a discrepar con las élites alemanas, muy lejos de poner al Banco Central Europeo a imprimir dinero para financiar las deudas de la Eurozona. Todo parece indicar que se seguirá apostando contra prácticamente todos estos países y que cada día representará una nueva oportunidad para especular con una Europa “a dos velocidades” o con la vuelta a las antiguas monedas. En un mundo en el que la sospecha cotiza en Bolsa, el titular periodístico se ha convertido en una forma de dominación tiránica. En circunstancias como estas, conocer y publicar quiénes son los dueños de estos medios de información es el nuevo reto de un periodismo de investigación que brilla más que nunca por su ausencia.

Encerrados, de este modo, en nuestra burbuja informativa, parece como si desde hace casi dos años solo el euro estuviese en crisis. Nada se dice sobre el brote zombie de agosto en el Reino Unido: ni las peores manifestaciones de los empobrecidos griegos se han acercado mínimamente a los destrozos de las tiendas y escaparates londinenses. Tampoco hablamos de que, en el mismo mes, los EEUU estuvieron rozando la suspensión de pagos y perdieron la dichosa “triple A”, la matrícula de honor asignada a su deuda pública. Los diarios británicos y estadounidenses prefieren narrar en sus portadas la historia de un proyecto europeo que ha llegado a su fin. Es la cortina de humo que les permite, también a ellos, ganar tiempo.

En medio de esta guerra simbólica de mensajes, temores y ansiedades que suponen millones de euros por segundo para unos cuantos, caben dos alternativas: que las supernaciones continúen con esta guerra de divisas y seguros contra impagos, o que entremos en una etapa de solidaridad pragmática: una puesta en marcha de ayudas para mejorar la situación de los países vecinos y, de paso, evitar el tremendo riesgo de que todo se venga abajo y sea demasiado tarde. Las nuevas armas de destrucción masiva son hoy en día invisibles y caminan a toda velocidad por la red, manejadas por un personal excelentemente preparado. Para colmo, estas bombas financieras e informativas gozan de la tolerancia de una buena parte de la élite política y empresarial. La libertad de los poderosos es la seña de una civilización occidental que camina hacia la barbarie. Ya es hora de que vayamos todos condenando estas formas de violencia y comencemos a poner las cartas sobre la mesa.