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Primavera

26 feb 2012
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Antes los españoles sufríamos crisis de identidad en la adolescencia, la crisis de los 40 a los 35, deliciosas crisis amorosas, abstrusas crisis políticas, crisis de valores, las crisis de pito y menopausia, las crisis literarias cuando prostituían un adjetivo. Ahora solo nos queda la crisis. Sustantiva. Única. Deífica. Total.
¿Cómo estás? –preguntas a cualquiera. Nada, normal, en crisis. Todos estamos en crisis. La crisis nos ha uniformado. Somos todos iguales, sin distinción de sexo, raza, religión o cultura, a los ojos de la banca. Lo que no lograron el comunismo ni el socialismo en dos siglos largos, lo ha conseguido la crisis. Ya gozamos todos de los mismos derechos. Del derecho universal a no tener ningún derecho.
Ya no existe dios, ni diablo, ni futuro, ni vida más allá de la muerte, ni esperanza de civilización alienígena. Ya solo existe la crisis. Toda la gente habla constantemente de la crisis, los mismos tópicos, la misma cara de estupor sin voluntad de rabia, idénticos argumentos inacabados en idénticos puntos suspensivos. Somos un mudo y unánime grito de Münch de 50 millones de españoles, adelgazados por la sombra de ciprés de la crisis. La única que no está en crisis es la crisis.
Cuanto más tiempo pasa, más me doy cuenta de que lo peor de la crisis es que nos hace aburridos, predecibles, monótonos, idénticos, cargantes, repetitivos. Ya no se puede hablar de amor, de literatura, de cine, de fútbol ni de nada. Solo de la crisis. Yo estoy deseando salir de la crisis, sobre todo para volver a hablar de otra cosa. Del tiempo, por ejemplo. Me muero de ganas de volver a hablar del tiempo en el ascensor. Ay, decirle a la vecina otra vez: “coño, que parece que vuelve la primavera”.

La gasolina y la Luna

19 feb 2012
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Como la gasolina ha alcanzado un precio histórico, un juez ha ordenado que Urdangarín acceda a los juzgados a pie. Que al yerno de un rey le cobren precios históricos por la gasolina me parece heráldico. O sea, bien. Pero yo soy un pringao de la obra, de los que dicen barbaridades a las tías con perro cuando pasan. A mí, cuando me ponen la gasolina a precios históricos o heráldicos, me da por pagarla en doblones de a ocho, ducados, escudos o florines. El gasolinero llama siempre a la guardia civil para denunciar mi moneda falsa. Ante el juez alego la subsiguiente tontería: si no pretendo viajar a la Luna, ¿por qué coño voy a pagar un precio desorbitado?
Las petroleras son la sangre de esta civilización sin sangre, y por eso tenemos que pagar precios históricos por la gasolina. Desorbitados. Nos desorbitan, dulce Luna, las petroleras, las agencias de calificación, los especuladores, los tecnócratas, los banqueros, los reyes, los señoritos, las marquesas, el PP, el PSOE y el calvo de los hermanos Lehman, recién caído de un guindo. O sea, De Guindos. ¿Quién no nos desorbita?
“Hay que generar un mensaje de optimismo”, nos dice De Guindos. Yo, en mi cortedad, creo que ese optimista msn se lo manda a sus banqueros. Al Rosell de la Patronal, al contrario que al del Barça, se le ve muy óptimo. “Que no nos vean reírnos”, dice fuera de micrófono. “No se vayan a dar cuenta de que les vamos a subir a precios desorbitados hasta el mirar a la Luna. Pobrecitos”. La órbita y su Luna me eran gratis tal que ayer. Y mañana volverán a serlo. En otro mundo imperfecto donde se queme la cara oculta de Rosell. Con gasolina barata. Sobre la hoguera, la Luna.

Las tribulaciones del joven Wert

12 feb 2012
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El joven Werther de Goethe se suicidó, tras sus tribulaciones, por el amor imposible de una dama. En las tribulaciones del joven Wert, donde el ministro de Cultura confunde un panfleto de Akal con un manual académico, y a Jonathan Swift con Thomas de Quincey, quien va a acabar suicidándose es la cultura.
En las loas a ministros neonatos que aventamos los periódicos, dijimos de José Ignacio Wert que era un hombre muy culto, muy leído y tal, con idiomas y prosopopeyas. Hay que retractarse. Eso de culto también se dijo de Federico Trillo, que había escrito una tesis sobre Shakespeare. Por mucha tesis sobre Shakespeare que escribiera Trillo, un ministro de Defensa que engalana Perejil recitando con diez cañones por banda, y con viento de levante, no es un hombre culto. Es el Pepe Gotera y Otilio del sainete shakespereano.
España, país pequeño que concita el mayor acerbo –sí, con be larga– cultural de la humana historia, no necesita ministros de cultura. Por eso nuestros gobernantes, de cualquier color, han recurrido siempre, para esta cartera, a los mayores botarates que encontraban en sus filas. Salvo alguna honrosa excepción. De la que nunca me acuerdo.
Las tribulaciones del joven Wert son, en tal contexto, hasta simpáticas. Además, Wert no es ministro de Cultura exactamente. A su departamento le llaman un montón de cosas. Ministerio de Educación, Deporte, Furbo, Parchís, Petanca, Musho Toro Jesulín, Jódete Ciudadanía y al final, solo al final, Cultura. No se puede estar en todo. Como en este país nunca se dimite, el joven Wert tampoco seguirá, gracias a dios, los caminos suicideros del goethiano Werther. Pero la cultura sí. La cultura se suicida.

Los yayoflautas

05 feb 2012
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Ahora que los perroflauta parecen diluidos en un olvido asambleario de 15-M y Puerta del Sol, emerge en esta España impredecible la figura del yayoflauta, el anciano indignado, octubrero, marchoso y contrasistema. Esta semana los abuelos se dedicaron, en Barcelona, a subirse al autobús por lo gratis para protestar por sus cosas, por nuestras cosas, por la injusticia, por la explotación y por lo caro que han puesto el billete de autobús.
O realmente la viagra hace más milagros de los que dice el prospecto, o van a tener razón los posfascistas y hay que subir la edad de jubilación hasta los cien años. Uno que se salta al metro o al bus, aunque peine canas, también tiene que ser capaz de trabajar o de apuntarse a las castas olimpiadas en pantalón largo de sor Ana Botella.
Alguien dijo una vez que no es cierto que los viejos regresen a la niñez. Pasa que, al llegar a viejo, la vida no te ha concedido aun el tiempo suficiente como para dejar de ser un niño. Y ahí están estos abuelos, asaltando tranvías como Buth Cassidy y Sundance Kid para oponerse al poder establecido que nos estabula, oprime, reprime y subprime, con perdón.
Siempre he estado orgulloso de mis mayores, pero verlos asaltar autobuses con sus bastones y sus refajos me inclina hasta la adoración.
El octubrismo de nuestros jubilados tiene una explicación sociológica: son la primera generación de ancianos que ha vivido tantos años en dictadura como en democracia, y por eso son los primeros que han perdido el miedo a significarse que alcanforó el silencio de sus padres durante 40 años. Hoy me he prometido beber y fumar menos desde ya. No quiero morirme sin llegar a ser algún día yayoflauta.

Libertad de prensa

29 ene 2012
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Esta semana nos hemos enterado de que la televisión pública gallega entrevista a los políticos sin entrevistador, sin periodista. Se manda una cámara con el de la moto, se le pone delante al mandatario y que largue. Se entiende así por fin qué era eso de la libertad de prensa, que consistía en liberar al pueblo de la tiranía de los periodistas y que nos informe el de la moto, que es más de casa.
Pena que Donmanuel Fraga, urdidor de aquella ley de prensa blandifascista de 1966, ya no esté entre nosotros para aplaudir esta new age de la libertad de información.
Los tecnócratas de la TVG, por su parte, se justifican diciendo que prescinden del periodista para ahorrar costes por la crisis, ya que el de la moto cobra menos. Emprendedores creativos, se llama eso. Me voy corriendo a decirle a mi lechero, en plan country manager senior, que para ahorrar costes prescinda de la vaca.
Ahora que los periódicos se hunden (y es un honor hundirse con algunos) nos damos cuenta de que el error inaugural de Público es que está lleno de periodistas, en vez de haber diseñado su plantilla con los de la moto y con Fraga.
El derecho a la información no justifica este molestar a los políticos con preguntas insidiosas y hasta juicios. Y al de la moto, a la que vuelve, se le puede mandar de paso a por tabaco.
Los periodistas siempre nos hemos creído muy fashion y muy in, y nunca pensamos que podríamos ser sustituidos, sin merma en la calidad de información, por el de la moto. El censor Fraga debe de estar rechinando dientes a la verita de Franco: “Pero coño, Manoliño, ¿como no se te ocurrió a ti entonces eso de mandar al de la moto? ¡Jodío demócrata!”.

Serrat, Sabina y Pepa

22 ene 2012
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Nos enseñaron a preferir los caminos a las fronteras. Nos ponían hablando de Madrid y siendo anarquistas de ceñido pantalón. Te lo digo a ti, Pepa. Que tienes nombre de constitución y que el otro día me invitaste a doscientos whiskys. Ahora Serrat y Sabina cantan juntos otra vez. Será un estupendo disco.
Pero para escucharlo tendré que irme al pluripabellón ultradeportivo de Megamadrid, o como se llame. Y no pienso ir a un sitio con ese nombre. Cuando conocí a Sabina, lo despedían de TVE junto a Javier Krahe por cantar Cuervo ingenuo. Era una canción que criticaba la felonía o felación de Felipe González metiendo a España en la OTAN. Más que canción protesta, era canción coñesca. Los jóvenes nos reíamos y a Sabina y Krahe los censuraban. Sabina tardó 20 años en volver a la tele y Krahe no volvió más. Serrat, por su parte, pasó un buen tiempo exiliado por otros motivos.
Ninguno de ellos quería ser canción protesta. Pero para nosotros, adolescentes, su protesta era la única canción. Ahora tienen el dinero y la belleza de ser libres, y hacen discos hermosos que palpitan. Pero no sé por qué a mí me dan más ganas de que se pongan otra vez a cantar cantos de protesta y esperanza en La menor y Mi mayor, en plan viejuno y en universidades clandestinas. Aquel fascismo franquista contra el que cantaron era incluso más inocuo que este inicuo posfascismo de los bancos y S&P contra el que no cantan. Ahora que la libertad se ha hecho más joven que nosotros, ¿no os parece que sería divertido escribir y disparar un par de canciones protesta? En La menor, Joaquín, Joan Manuel… Y luego acorde de Mi. O de Tú. O de Ellos.

La biblioteca de Pepe Carvalho

15 ene 2012
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Como en España no se lee, don Mariano se ha cargado la dirección general del Libro. Estupendo. Era como un ministerio del girasol en Islandia. La gota que colmó el vaso fue Lucía Etxebarría dejando de escribir por culpa de Sparrow. Un golpe tan duro para la literatura española como sería para la inglesa que Julieta se tirase a Mercucio.
Un país en el que los alumnos escupen al maestro, los hijos asesinan a su madre con katana, y una de las diversiones más extendidas entre la juventud es incinerar mendigos vivos en los cajeros, no necesita una dirección general del Libro. Es un dispendio, Rottenmaier.
Este delicado gobierno sabe que la mejor manera de defender la cultura y la lengua españolas es gritando juntos “Pujol, enano, habla castellano”. Si no echan fútbol y don Mariano me está leyendo, propongo un segundo paso en defensa del español (el idioma, presidente, no el equipo): prohibir los besos con lengua, por semánticos.
A mí los libros solo me han aportado un ir y venir de tonterías, un par de polvos fugaces y este envejecer más pobre de lo que nací. Si en mis tiempos no hubiera existido dirección general del Libro, hoy yo estaría escribiendo para Intereconomía, que por lo menos pagan.
Recortar en sanidad, educación y cultura es ir por el buen camino. La sanidad pública incita a enfermar gratis de cáncer. La educación nos impide ser Paco el Pocero. Y la poesía solo sirve para que la niña se nos fugue con un lírico de rizos, cuando con el broker Borjamari gastaría sus dineros más feliz. La chimenea de Pepe Carvalho, por cierto, sería una estupefaciente ministra de Cultura. De existir tal entelequia o cosa.

Obama no era negro

10 ene 2012
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Para explicar su recorte militar, Barak Obama ha prometido al mundo que EEUU no va a volver a ocupar países de dos en dos, como ha sucedido con Irak y Afganistán. Ahora los países solo van a ser ocupados y bombardeados de uno en uno. Así lo mandan la moderna geoestrategia y la subida del IRPF aplicada a John Rambo, que está que no siente las piernas.
Además de demostrar que no solo los políticos de aquí hacen fácil el ridículo espantoso, Obama nos descubre que no es el primer presidente negro de los EEUU. Es, simplemente, otro buen americano gris. Con todo lo cabrón que eso conlleva. Yo exijo a nuestro gobierno una contundente condena de las declaraciones de Obama.
Imaginemos que Mariano Rajoy sale de su discreto ensimismamiento y explica la futura política militar del PP con estas palabras: “El ejército español se compromete a no invadir jamás Texas y Nevada simultáneamente. Para evitar los rigores del clima, bombardearemos Texas en invierno y Nevada en verano. Nunca más invadiremos estados de dos en dos”. Obama lo mandaría trasladar, inmediatamente, de La Moncloa a Guantánamo. Los yanquis se ponen muy antipáticos cuando la previsión invasora va contra ellos.
Obama no es un niño obeso y gracioso que promete comer donuts solo de uno en uno. Es el hombre más poderoso del planeta y está hablando de países y de vidas humanas. Un bombardeo te puede caer echando un polvo con la gente que amas. Regando tu flor de plástico preferida. Amamantando a un niño. O escuchando gritar a tu madre que pongas ya, coño, la mesa…
No. Obama no era negro. Es igualito que John Rambo. Y que sus bombas. Siniestramente gris.

Los Reyes Anti-Magos

06 ene 2012
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La ruedas de prensa posteriores al consejo de ministros están convirtiendo cada viernes en la festividad de los Reyes Anti-Magos. Llueven regalos para todos y los españoles nos salimos a la nieve, como niños, a estrenar recortes, amenazas, miedos, nubarrones, impuestos, IVAs y bicicletas rotas. La broma del susto o muerte ya es la cruda realidad del muerte y susto, pues te obligan a elegir los dos.
Pero todo tiene un lado bueno. Uno ha observado, desde hace semanas, que la gente, el pueblo, la grey, el trabajador, el anónimo y su santa madre están atentos a cada palabra de la vice Soraya, enganchados a la tele como hasta ahora solo enganchaba pretty woman cantando en la bañera. A los españoles, por fin, nos vuelve a interesar la política. La política, por fin, vuelve a la calle, de donde nunca debió salir. El pueblo permitió que la política escapara hacia las moquetas, los palacios y los bancos, y así nos va. La política tiene que regresar al arrabal, como en un tango.
Los viernes, Soraya nos habla desde la tele en prime time, cabreada y rígida, como una profesora ante ese aula de suspenso general que somos los españoles. Cuando se le escapa una sonrisa, Soraya intenta disimularla, y hasta los obreros de pedir se sonríen con ella. Como si sonreír fuera una picardía de andamio. De momento, quizá lo sea. Hasta que la calle vuelva a escuchar el tacón obrero de la política pisando firme. Y, encima del tacón, la libertad guiando al pueblo. Que tiene otra sonrisa y la pinta Delacroix.

Lo último que se perdió

05 ene 2012
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Tal y como ha empezado el año, considero que cometí un error de bulto al oponerme a la facción de mi familia que abogaba por comerse las uvas en la compañía catódica de la Pantoja y Paquirrín. Porque este 2012 ya viene oliendo a cutre y a friki, a sepia y a sopa, a rancio y burocrático desde su primer balbuceo.
Con la que ya ha empezado a caer, el augur de los mayas sobre el fin del mundo en este 2012 suena casi balsámico. Sería un respiro. Una bocanada de nordés en esta habitación cerrada del desconsuelo. Un adagio apaciguando el fragor de esta derrota.
Vas por la calle y ves que ya la gente ni siquiera tiene miedo. Tampoco se vindica apenas el derecho al grito (ay, Público). Y cuando se mira al cielo, ya no se ve un pasar de nubes, sino a unos señores muy circuspectos y enormes, de mirada gris y corbata parda, que nos observan con ferocidad desde lo alto. Hemos amarrado en el puerto de los tristes.
Cuesta pensar cómo será ese futuro de Estados muertos, bajo el gobierno ya evidente de los bancos. Los bancos, que se sepa, no garantizan libertades, ni derechos humanos, ni protección social. Cuesta pensar que ya definitivamente se ha perdido la batalla por la redistribución constante de la riqueza hacia una sociedad más justa.
Nos quedan la Pantoja y Paquirrín. Mourinho y Guardiola. Poco pan y mucho circo. Nos queda todo eso que precisamente era lo que menos amábamos de los viejos buenos tiempos, que dirían los nostálgicos. Y nos queda la alegría de que la esperanza fue lo último que se perdió.