En principio, sonaba a fantasía suponer que Mariano Rajoy se resiste a desvelar las malas noticias sólo por hacerle un favor electoral a Javier Arenas y para no hacer con su compañero de partido lo que Zapatero hizo con Rubalcaba cuando reformó la Constitución unas semanas antes del 20-N, estrangulando así las ya de por sí escasas posibilidades del candidato socialista de evitar el desastre. Rajoy, en efecto, estuvo muy parco en detalles durante el discurso de investidura, con lo cual se constató una escandalosa desproporción entre el dramatismo que pintaba el candidato del PP antes de ganar las elecciones y la tibia inconcreción de las medidas que se propone aplicar. Por cierto, el propio discurso de Rajoy revela el verdadero problema de los socialistas: que la mayoría de las propuestas del líder de la derecha podría suscribirlas el último Zapatero sin temblarle el pulso.
Los medios locales suelen enfatizar mucho el número de ministros de su pueblo que se incorporan a los nuevos gobiernos tras las elecciones, pero la experiencia enseña que el lugar de nacimiento de los ministros suele ser irrelevante en términos de beneficios políticos, sobre todo cuando, como en estos tiempos, no hay dinero que gastar. De cara a las autonómicas de marzo, lo importante para Javier Arenas no son los ministros de Rajoy, sino sus silencios.
Así pues, lo que inicialmente pudo parecer una mera elucubración interesada va tomando cuerpo. El cuerpo se lo ha puesto la portavoz del PP Esperanza Oña, que se apresuró a declarar que veía “decepcionado” al presidente Griñan porque “Rajoy no había anunciado recortes”. De manera involuntaria y colateral, Oña desvelaba que, en efecto, el PP sabe que Griñán se aferraba a la esperanza de que Rajoy anunciara recortes porque tal anuncio perjudicaría a Arenas, pero el presidente no lo habría hecho en su discurso de investidura no porque no sea urgente hacerlo, sino porque eso podría ser letal para el PP
andaluz. Oña parecía decirle al PSOE: “Je, je, esperabáis de Rajoy noticias de inminentes hachazos, ja, ja, pero nuestro sagaz presidente no ha picado; se guarda el anuncio para después de las andaluzas, juá, juá”. Pero si, como parece, Rajoy oculta el hacha durante tres meses, entonces no sería verdad aquello de que la gravísima situación de España no admitía espera, como él proclamaba una y otra vez. Ganar en Andalucía sería para el presidente más urgente que decir y hacer lo que siempre dijo que tenía que hacer. Es verdad que prometió llamar al pan, pan y al vino, vino. Lo que no dijo es cuándo lo haría.
La Iglesia católica tiene un problema con el sexo: que lo considera demasiado importante. En realidad, al sexo le dan una importancia desmedida únicamente los adolescentes y los curas. Bueno, y los obsesos sexuales, pero esos no cuentan, salvo que sean, claro, curas belgas, irlandeses, holandeses, norteamericanos… El diario Jaén ha desvelado que el párroco de la localidad de Huelma le ha negado a un homosexual casado ser padrino de un bautizo con el argumento de que el joven gay vive “fuera de las normas de la Iglesia”. Y el Obispado ha salido en defensa del párroco recordando que el derecho canónico deja bien claro que entre los requisitos para poder actuar de padrino en un bautismo figura llevar “una vida congruente con la fe y con la misión que va a asumir”. Hasta aquí los hechos escuetos y la severa doctrina que los sustenta.
Si se toma en su literalidad el canon 874 en que se fundamenta la exclusión del padrino de Huelma puede que al cura no le falte razón, dado que la Iglesia condena la homosexualidad y no digamos el matrimonio entre personas del mismo sexo. Ahora bien, la Iglesia también condena, pongamos por caso, el robo y si el padrino de marras hubiera sido el presidente del Sevilla FC, José María del Nido, o el exlcalde de Marbella Julián Muñoz, no es probable que ninguno de ellos hubiera sido excluido por el cura, pese a que saquear un Ayuntamiento llevándose por el santísimo morro varios millones de euros del dinero de todos los ciudadanos no puede dejar de entrar dentro de lo que el canon 874 denomina llevar “una vida congruente con la fe”. Cuesta ver a un párroco, incluso a un párroco bético, prohibiéndole a Del Nido actuar de padrino por el simple hecho de haber sido condenado a siete años de cárcel por fraude y malversación. Sería un escándalo. Es más, si un cura se atreviera a hacer tal cosa se arriesgaba a que los fieles sevillistas le incendiaran la parroquia, para lo cual contarían incluso con el apoyo de toda esa prensa local de Sevilla que no se ha atrevido a pedir la dimisión de Del Nido.
La jerarquía eclesiástica tiende a sentirse perseguida cuando se le reprochan cosas como la de Huelma. No quiere entender que muchos de quienes le afeamos estas cosas lo hacemos de buena fe: porque encontramos su actitud poco evangélica, nada cristiana, flagrantemente sectaria y llamativamente inmadura. De una institución milenaria se esperaría que de una vez por todas dejara de perder el tiempo en minucias morales como la homosexualidad. Ya va teniendo edad para ello.
Malos tiempos para la ocupación de fincas. Entras con los demás jornaleros en el latifundio del conde pidiendo tierra y dignidad y sales de él con un contrato de comercialización agroalimentaria bajo el brazo. Les ocurrió ayer a varios centenares de jornaleros del Sindicato Andaluz de Trabajadores, capitaneados por Diego Cañamero y Juan Manuel Sánchez Gordillo, alcalde de Marinaleda, que acudían a finca La Arroyuela para entrevistarse con Cayetano Martínez de Irujo, conde de Salvatierra, que la semana anterior incendiaba el campo andaluz con unas declaraciones al programa Salvados, de La Sexta, en las que opinaba cosas muy feas sobre los andaluces y su predisposición al trabajo. En la fecha de esa entrevista el conde no tuvo su mejor día. O al menos supo que no lo había tenido cuando al día siguiente empezó a recibir reproches de todos los partidos, sindicatos e instituciones diversas ante lo que todo el mundo interpretó como menosprecio a los andaluces.
Nostálgico de los tiempos antiguos en que los caballeros resolvían estas injurias con un duelo a primera sangre en cualquier descampado mientras despuntaban por levante las pálidas luces del alba, el hijo de la duquesa de ídem ha sabido esta vez, sin embargo, envainársela a tiempo y ayer trasladó sus disculpas a los sindicalistas, haciéndose eco tal vez de los consejos que en ese sentido pudo haberle transmitido su madre Cayetana de Alba o simplemente su propio sentido común, perdido en algún momento durante el programa televisivo de Jordi Évole.
Los jornaleros le habían exigido la semana pasada una disculpa y el deslenguado pero caballeroso aristócrata no sólo se mostró dispuesto a darles la satisfacción exigida, sino que los invitó a una de sus fincas para platicar un rato sobre esto y lo otro y lo de más allá. Pues bien: la plática acabó en negocio, y del encuentro salió el compromiso de Martínez de Irujo de participar en la comercialización de aceite, alcachofas y otros productos de Marinaleda. Veremos en qué acaba todo esto: si con el conde volviéndose un rojo redomado o con los jornaleros convertidos en unos magnates y haciendo de Marinaleda el gran emporio agroalimentario del sur de Europa.
Y es que los sindicalistas siempre supieron qué hacer cuando un terrateniente les mandaba a la Guardia Civil, pero se desconciertan cuando el muy cuco se envía a sí mismo a luchar contra los elementos y además lo hace con cortesía y pidiendo disculpas. Así no hay manera. Se le quitan a uno las ganas de seguir ocupando fincas.
Cuando procesan a un político, este debe dimitir. Cuando procesan al presidente de una corporación empresarial, este debe dimitir. Todo el mundo pide esas dimisiones y tiene razón al pedirlas. Cuando procesaron al presidente del Sevilla FC, José María del Nido, no se alzó ni una sola voz reclamando la dimisión del presidente, y ello a pesar de que su procesamiento por delitos tan feos como la malversación de caudales públicos manchaba la imagen de la institución deportiva que dirige.
José María del Nido fue condenado ayer a siete años de prisión por saquear en compañía de otros, como el exclalde Julián Muñoz, las arcas del Ayuntamiento de Marbella. La sentencia no es firme, pero la relación de hechos probados es lo bastante sonrojante como para que los socios del Sevilla FC le exigieran a su presidente la dimisión inmediata. Y tampoco estaría mal que esa dimisión se la reclamara algún político, dado que tanto el Ayuntamiento de la capital como la propia Junta de Andalucía han dado históricamente un trato de favor al Sevilla y al Betis, ya fuera por convicción, ya fuera simplemente por miedo a que los aficionados les reprocharan no hacerlo.
En esta ciudad de Sevilla las autoridades locales y regionales levantaron un estadio olímpico ruinoso, pero en vez de dar la cara por su inversión hecha con el dinero de todos y presionar a los clubes de fútbol para que se trasladaran a ese estadio, les entró el tembleque y facilitaron las cosas para que los clubes siguieran donde siempre estuvieron. La explicación es la de siempre: los políticos les tienen miedo a los futboleros.
Pero, a su vez, los futboleros suelen tener pocos miramientos a la hora de juzgar a los políticos cuando estos meten la mano en la caja. Les indigna que haya políticos ladrones, pero en cambio no les indigna que el presidente del club de sus amores sea un ladrón. De hecho, el expresidente bético Manuel Ruiz de Lopera no cayó en desgracia pública por sus maniobras financieras en la oscuridad, sino porque el Betis bajó a Segunda. Sólo entonces fueron importantes sus delitos y faltas. No es probable que cuando Del Nido se siente dentro de un par de semanas en el palco del Sánchez Pizjuán se oiga ni un solo pitido ni se lea ni una sola pancarta afeándole su comportamiento delictivo. Los pitidos y las pancartas sólo aparecerán cuando el Sevilla pierda unos cuantos partidos. Puede que entonces, y sólo entonces, incluso algunos políticos se sumen a esos reproches que, cuando de verdad tocaba, no tuvieron la valentía de hacer.
Somos pocos, pero no estamos dispuestos a rendirnos. Estamos rodeados, pero resistiremos. Si tuviéramos un grupo en Facebook, se llamaría Jamás se os ocurra regalarnos un maldito e-book. Odiamos el libro electrónico. Es un odio silencioso y soterrado, pero inquebrantable. Mas no pretendemos tomarnos la justicia por nuestra mano. Saldríamos perdiendo y nunca lograríamos derrotar a nuestro enemigo. Además, ese diabólico invento del libro electrónico está bien para trabajar, para documentarse; está muy bien meter en una pequeña tableta el montón de títulos que uno necesita para una investigación académica: ahorra peso y espacio.
Pero una cosa es trabajar y otra muy distinta, o incluso contraria, leer. Los lectores son gente insaciable y egoísta que acaban estableciendo una relación de intimidad y hasta de exlusividad con ese libro que están leyendo, pero no con el libro en sentido abstracto, sino con ese ejemplar concreto que es suyo y de nadie más y que preferirían no prestar jamás a nadie. Hay lectores que leen determinado título en la biblioteca pública y les gusta tanto que deciden comprárselo para tenerlo en su biblioteca. Pues bien: ese libro recién adquirido no es como sus compañeros de estantería a los que su dueño sí ha leído. Ese ejemplar es un intruso. Su propietario podría resumir su tono, su importancia, sus influencias; podría hacer todo eso, pero jamás sentirá como suyo ese ejemplar hasta que no se decida a leerlo y manosearlo.
Entre los libros y los lectores se establece un vínculo estrictamente personal, un vínculo que se pierde cuando uno se maneja con un aparato cuyo uso por el lector no deja huella física alguna en él: esa relación con un libro electrónico se parece más a la que uno tiene con su ordenador que a la que tiene con un libro de papel. Da igual escribir en un ordenador u otro, como da igual leer un libro digital u otro. El vínculo de intimidad se pierde. El libro de papel tiene una calidez, una realidad, una carnalidad –podría decirse con algo de pedantería– que nunca tendrá su enemigo cibernético. Es como echarse por internet un amigo al que uno nunca le ve la cara; puedes saberlo todo de él, pero sigue faltando lo principal, lo que hace que él sea él y no otro, aquello en donde
reside la verdad última de alguien.
Pese a todo ello, sabemos que seremos derrotados. Somos como los obreros de antaño que conspiraban para incendiar las máquinas que amenazaban sus empleos. No es que el e-book sea una amenaza para los lectores convencionales. Es algo peor: es una afrenta.
Cayetano Martínez de Irujo debe llevar toda la maldita semana arrepintiéndose de haber picado como un pardillo ante las preguntas en apariencia inocentes que Jordi Évole le formuló para su programa ‘Salvados’, de La Sexta. Debe estar preguntándose quién diablos le mandaría a él dejar entrar en su finca a unos tipos que no tienen respeto por nada ni conocen el valor de las jerarquías o la importancia de saber estar cada uno en su sitio. En general, los que defienden la idea de que cada uno debe
saber estar en su sitio suelen ser aquellos a quienes la vida ha puesto precisamente en los mejores sitios.
Más allá de los despropósitos del vástago de la Casa de Alba sobre la vagancia natural de los andaluces, en lo que sin duda coincide con las torpes tesis de Ortega, aunque desconocemos si la coincidencia con el filósofo es por haberlo leído o simplemente por casualidad, pues bien, más allá de esos exabruptos Martínez de Irujo atacaba el subisidio agrario, al igual que hace mucha otra gente, pero defendía con ardor las ayudas europeas a la agricultura. En opinión del conde de Salvatierra, las ayudas europeas que reciben sus fincas están perfectamente justificadas porque permiten vivir a unas 250 familias que trabajan en esos latifundios de la Casa de Alba. Lo que no parece entender el aristócrata es que el subsidio agrario tiene exactamente el mismo propósito y la misma justificación: que sirve para que puedan vivir unas cuantas decenas de miles de jornaleros.
Si Bruselas aplicara al campo europeo el criterio que Martínez de Irujo pretende que se aplique al subsidio agrario, es decir, suprimirlo, si ello ocurriera se desencadería la ruina de cientos de miles de familias de todo el continente. Todos sabemos que la agricultura es una actividad que sólo puede sobrevivir con ayudas públicas, pero todos deberíamos saber también que los agricultores andaluces sin tierra sólo pueden sobrevivir con esa ayuda pública llamada subsidio agrario.
Otra cosa bien distinta es que el subsidio agrario sea un mal horizonte vital, y no digamos profesional, para esas familias y para sus hijos. 420 euros al mes durante un máximo de seis meses al año es un pésimo negocio económico, pero sobre todo es un pésimo negocio vital, es estar condenado a una vida de subsistencia, con pocas esperanzas de prosperar.
Que el subsidio agrario siga siendo necesario en Andalucía es un fracaso colectivo, no una indignidad personal ni un atraco a las arcas públicas. Lo malo no es que lo cobren. Lo malo es que tengan que cobrarlo.
Javier Arenas ya tiene web. Una sólo para él. Mucho estaba tardando. Antes los próceres tenían estatuas y ahora tienen webs, aunque los motivos por los cuales unos y otros suelen tenerlas siguen siendo más o menos los mismos: porque sus subordinados se lo proponen, insisten, se ponen pesados y ellos hacen como que ceden a tales deseos aunque protestando y sobreponiéndose con entereza a los dictados de su natural modestia. Cuando Manuel Ruiz de Lopera tenía el poder absoluto en el Betis un grupo de empleados y admiradores promovieron la erección de un busto de su presidente, aunque todo el mundo sabía que el verdadero promotor era el propio Lopera, y no porque este lo pidiera explícitamente, pues esas cosas no se deben pedir a las claras, sino porque su gente lo conocía lo bastante para estar absolutamente segura de que el jefe estaría encantado de que los suyos encargaran una estatua para inmortalizar su perfil ante la posteridad. Luego resultó que la posteridad fue más ingrata de lo que todos habían previsto, pero de eso no tuvo la culpa el escultor.
Del mismo modo que los jesuitas tenían el célebre y para muchos alumnos de sus colegios temible lema AMDG (Ad maiorem Dei gloriam, que significa A mayor gloria de Dios), el Partido Popular de Andalucía ha actualizado la divisa jesuita transformándola es AMJG, Ad maiorem Javi gloriam, pues la web estrenada ayer es un ejercicio de egolatría pulcramente diseñado a base de espléndidas imágenes del fotogénico presidente del PP andaluz en todas las poses favorables que quepa imaginar y acompañadas de textos igualmente estupendos encabezados con titulares como “Javier, pasión por Andalucía” o “Javier, comprometido con Andalucía”. El sitio web, de hecho, tiene dos pestañas, una titulada El candidato y otra titulada El mensaje, pero al abrirlas se observa que en todas las ventanitas de cada una de ellas sólo hay fotos y más fotos del líder. Si para el viejo McLuhan el medio era el mensaje, para el PP Javier es el mensaje.
En realidad, a muchos políticos les gustaría tener una web así, sólo que no se atreven a tenerla, pero por el qué dirán, no porque la crean un exceso. Arenas tiene el desparpajo y el desahogo que otros no tienen. Sí, tiene una web en la que él es la única estrella, ¿qué pasa? Y es que para dedicarse con algún éxito a la política es preciso tener un ego gigantesco, un ego al que todos los elogios le parecen pocos, un ego hambriento de flores, de fotos, de webs. En fin, que a esta web le falta el titular que de verdad define a su líder: Javier, pasión por Javier.
Los socialistas andaluces intentan convencerse a sí mismos de que la gran batalla de la primavera no está perdida. O tal vez no es que lo intenten, sino que en efecto están sinceramente convencidos de ello. El presidente Griñán y su gente más cercana del Gobierno y del partido se muestran optimistas. Otra cosa es que se trate de un optimismo simulado, pero es que incluso siendo simulado el optimismo es mejor que su contrario, sobre todo en política y con unas elecciones a la vuelta de la esquina. Los políticos sólo tienen derecho al pesimismo una vez que han perdido las elecciones, nunca antes. Y además tienen derecho por muy poquito tiempo. Se les supone el optimismo como se les supone el valor a los soldados. Es difícil evaluar con precisión si esa confianza de los socialistas en que todo saldrá bien en marzo es mala o es buena: si favorece que acaben durmiéndose sobre el mullido colchón de sus propias certezas, convencidos de que los enemigos nunca vencerán; o si esa confianza sirve más bien para insuflar a sus desmoralizados ejércitos un poco de seguridad tras los dos tsunamis electorales padecidos en 2011.
La remontada no es imposible, pero las apuestas están a favor de la derecha en una proporción como nunca se había visto en Andalucía. Así lo certificaba hace un par de semanas la encuesta del IESA, donde lo relevante no era tanto los diez puntos que daba de ventaja al PP sobre el PSOE como la atmósfera política que dibujaba. Hasta el 20-N el PSOE podía hacerse la ilusión de que las encuestas se equivocaban, pero desde entonces ya no puede engañarse a sí mismo con tales cuentos. Va perdiendo por muchos puntos y esa distancia parece tenerlo como paralizado: no a Griñán y su núcleo duro, pero sí al grueso del partido. Esa parálisis y falta de confianza es lo que el presidente y los suyos tienen que combatir a toda costa. Eso y el derrotismo de los que se saben fuera de juego y piensan que nada tienen que perder si el PSOE cede el poder en 2012.
La mayor esperanza de los socialistas andaluces no reside tanto en sus aciertos de aquí a marzo como en los errores que pueda cometer Rajoy y que desgasten a Javier Arenas. Es cierto que apenas necesitarían remontar dos o tres puntos para que una alianza con IU impidiera a Arenas ser presidente. Pero es cierto también que desde hace más de un año no han conseguido mejoría alguna. Y es que si pierden en marzo el daño no sería sólo para el PSOE andaluz, sino para el partido en todo el país. No es que a Griñán le convenga ser optimista: es que no puede permitirse no serlo.
Cuánta razón tiene don Cayetano Luis Martínez de Irujo y Fitz-James Stuart, conde de Salvatierra, al indignarse con los jóvenes andaluces a los que tal vez no haya tratado demasiado en persona, pero a quienes conoce bien por referencias, por lo que le han contado tantas veces desde niño los propios capataces de sus fincas, por cosas que siempre se acaban oyendo aunque no se quiera en cócteles, reuniones y almuerzos con otros latifundistas, por declaraciones que han hecho sobre el tema políticos como Duran i Lleida que conocen bien el paño…
A preguntas de Jordi Évole en su programa de La Sexta Salvados, don Cayetano fue muy claro, como se debe ser cuando se habla nada más y nada menos que del futuro de una tierra a la que, después de dejar la equitación, uno ha entregado prácticamente toda su vida intentando sacar adelante unas modestas y ruinosas fincas que en realidad la Casa de Alba sigue conservando más que nada por dar trabajo a las pobres familias que llevan años viviendo de ellas, aunque luego no se lo agradezcan a uno, por cierto.
A propósito de la juventud del sur sostiene don Cayetano: “Cuando ves que la gente joven no tiene el menor ánimo de progresar, eso es grave; eso pasa sólo en Andalucía, sinceramente, en el norte de España no pasa, en el centro tampoco, ni siquiera en Extremadura”. Debe ser muy duro llegar a una conclusión tan amarga. Hay que tener mucho arrojo personal para admitir que la gente por la que uno viene desvelándose desde hace no se sabe cuántos años le paga a uno con la falsa moneda de la abulia, la desidia, el abandono y la absoluta falta de “disponiblidad y mentalidad para el trabajo”.
Sólo un auténtico aristócrata es capaz de mirar de frente la verdad sin arredrarse, y no sólo de mirarla, sino de contarla en televisión y someterse así al vil escrutinio de la plebeya opinión. ¡Ay, de qué poco ha servido a todos esos jóvenes jornaleros el ejemplo preclaro de don Cayetano, particularmente cuando hacía ondear el nombre de España en los hipódromos de medio mundo merced a sus triunfos a caballo! Da ejemplo para esto. Déjate la vida sobre una silla de montar para que luego los hijos de los aparceros de tus fincas se nieguen a imitar tu entrega, tu sacrificio, tu sudor a pie y a caballo, tu inquebrantable compromiso con el progreso de Andalucía al conservar fincas por cuyo cultivo la Unión Europea apenas se digna darte un mísero millón de euros que hoy en día, y después de pagar jornales a tanto vago, no da ni para una yegua como Dios manda.
Lo peor del regreso de la derecha a las instituciones no es la parte política, sino la parte estética. Aunque en esto tampoco se queda manca buena parte de la izquierda, con la derecha vuelve con más brío que nunca la caspa, los miarma, la Andalucía profunda y cañí, las esencias, las batas de cola, los sombreros cordobeses, los toros, qué digo toros, lo que en verdad vuelven son lottoro, vuelve el Rocío que en realidad nunca se fue, pero qué digo el Rocío, lo que vuelve es el Rosío, y de un momento a otro empezaremos a ver en la trasera de los coches el grito de guerra de la Andalucía auténtica, verdadera y sin complejos: la pegatina con la leyenda Zoi eppañó, andalú y rosiero, casi ná. ¡Pero qué arte, mi niña, que tiene esta tierra!
La última manifestación del regreso de la caspa ha sido el cartel de la Copa Davis, que empieza hoy en Sevilla. Lo que se ve en el cartel es una mujer con una bata de cola de color rojo con su buen estampado de lunares, si bien no se trata de lunares clásicos, que luego van diciendo por ahí que somos unos antiguos, sino que los lunares son pelotitas de tenis, con lo cual el artista, en un rasgo de ingenio, ha sabido enlazar el clasicismo de la Feria de Sevilla con la modernidad de nuestro tenis de vanguardia. La figura femenina del cartel apoya el pie calzado con un zapato de tacón rojo en lo que parece ser una plaza de toros, que debería ser la Maestranza, cuyo contorno lo forman figuritas de Bécquer, la Giralda, Trajano y algunas más, aunque los amantes de la tradición habrán echado de menos la presencia de Los Morancos, la Pantoja o el nunca bastante llorado Lauren Postigo, y eso por no entrar en reproches de mayor hondura, como no haberle puesto un sombrero cordobés a Trajano o una copa de manzanilla a Bécquer. ¡En qué estaría pensando el artista para haber dejado pasar esos detalles que habrían redondeado la imagen de esta Sevilla nuestra ante el mundo!
Desde el Ayuntamiento de Sevilla prefieren cargarle el marrón a la Federación Internacional de Tenis, organizadora (aunque no pagadora) de la final y responsable de la elección del cartel. Bien, vale, aceptamos pulpo como animal de compañía, pero la Federación no habría hecho tal elección sin la anuencia municipal. El alcalde Juan Ignacio Zoido, o para ser más auténticos, el alcalde Huan Innasio Soido, debería vigilar más estas cosas. Como diría Thomas de Quincey, se empieza recortando gastos sociales, lo cual no tiene mayor importancia, y se acaba autorizando carteles como este, lo cual resulta insoportablemente escandaloso.