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Pocas luces

26 jul 2009
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Trato de visitar el yacimiento iberorromano de El Cabezo de Alcalá de Azaila, uno de los más notables del país. Pero hay que desistir. Ruge un viento rabioso y caliente que azota la cara y hace casi imposible andar. No he conocido nada comparable. Cubre todo el paisaje una espesa calina. Huele a bosque quemado. Pienso en Herculano y Pompeya, en aquella mortífera erupción del Vesubio.

Antes de reemprender viaje pongo la radio y me entero de que media provincia de Teruel está en llamas. Y observo lo que he observado tantas veces: que aquí, hasta que no se haga noche oscura, y sean cuales sean las condiciones metereológicas adversas, la gran mayoría de los conductores no pone las luces. Un piloto sensato lo hace cuando llueve, o en condiciones crepusculares, no tanto para ver como para que le vean (por detrás y por delante). O sea, para evitar accidentes. Como medida de precaución elemental. ¿O no es así?

Entre Azaila y Alcañiz la calina se hace más tupida. La carretera tiene muchos tramos rectos con repentinos declives traicioneros. El peligro es indudable. De los primeros cien coches y camiones que vienen hacia mí sólo 20 llevan puestas las luces. Los de color oscuro son prácticamente invisibles. Si es verdad que somos como conducimos, y lo creo, ¿a qué conclusión se puede llegar en este caso? ¿Que el 80 por ciento de los conductores, se supone que gente normal, no sabe comportarse al volante en función de las condiciones imperantes? ¿Que consideran gilipollas a quienes lo hacen? ¿O que se trata de una nación de temerarios y de potenciales suicidas? Pido exégetas.

Tono Valverde y Doñana

19 jul 2009
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Quería escribir una nota sobre Pinter y Miller –ambos juntos estos días, inolvidablemente, bajo el venerable techo del madrileño teatro Español–, pero, por un caso de cerebración inconsciente, se me impone Doñana y no hay nada que hacer. Somos, entre otras cosas, el camino que no emprendimos, el empeño que fracasó, aquel intento insistente que sin embargo no resultó. Y es que, pese a todos mis esfuerzos, no llegué a conocer a Tono Valverde. Me duele. Porque Valverde –¡qué apellido más hermoso para un ecologista, para un amante y defensor de la Naturaleza!–, fue uno de los que salvó Doñana, quizás quien más.

No puedo consultar mi archivo en estos momentos en que teóricamente estoy de vacaciones, pero creo no equivocarme al decir que fue Tono quien logró convencer a Franco, con mucha mano izquierda, de que para España y para el mundo era imprescindible conservar el Coto (así como fue Dalí quien le hizo comprender que Cadaqués necesitaba su intervención para que los del ladrillo no pudiesen cometer allí barbaridades). O sea, que había que salvaguardar aquella maravilla y que, si no lo hacía, incluso su propio prestigio internacional (allí la mano izquierda) se podía poner en entredicho.

Fuesen los que fuesen los matices del proceso –hubo también presiones de eminentes naturalistas extranjeros, sobre todo británicos y estadounidenses–, el hecho es que el régimen supo escuchar y actuar en consecuencia. Con el resultado de que Doñana, pese a todos sus problemas, se ha conservado. Gracias, Tono. Cuánto lamento no haber podido ver contigo los ánsares al amanecer.

Grabaciones

12 jul 2009
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He pasado media vida grabando a la gente, en general abiertamente y con permiso, pero, a veces, sobre todo bajo el franquismo, con el aparato escondido. ¿Me produce rubor confesar esto último? No demasiado. Para mis investigaciones sobre temas relacionados con la dictadura y la represión me parecía imprescindible conseguir, para el futuro, el testimonio sonoro de las declaraciones espontáneas de los “fachas”, ex o actuales, que me daban su versión de los hechos. Y así lo hice, tanto con personajes de relieve como Raimundo Fernández Cuesta, Ernesto Gíménez Caballero o Pilar Primo de Rivera como, en los tugurios nocturnos de la Granada de los años sesenta, con antiguos esbirros falangistas y sus compinches. Repito que no me tiñe de carmín las mejillas el admitirlo.
Quedan bastantes de aquellos documentos “clandestinos” en mi archivo de Fuente Vaqueros, y creo que revisten hoy una importancia histórica innegable. Son voces del pasado que cuentan, que muchas veces tergiversan y mienten, y que con sus pausas, sus insistencias y hasta con sus exabruptos tienen una inmediatez sobrecogedora. Las he recordado al leer las conversaciones de la chusma gürteliana, cuya transcripción va apareciendo estos días en la prensa, y que a mí me ponen los pelos de punta. Por la boca muere el pez, y los peces gordos del ladrillo y del choriceo, cuando creen que nadie más les escucha, hablan como los auténticos palurdos que son. ¡Qué tacos más manidos y pobres, todo de cojones y putas y mariconadas! ¡Qué mezquindad de razonamientos! Vivan, digo, las grabaciones.

Anchuras

06 jul 2009
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Os acordáis? Yo sí, mucho. Corría el año 1988. Después de abandonar el proyecto de Cabañeros (hoy Parque Nacional), el Ministerio de Defensa, con Narcís Serra a la cabeza, había decidido instalar un polígono de tiro para el Ejército del Aire en el municipio de Anchuras, ubicado en las estribaciones de los Montes de Toledo. El Gobierno, demostrando su ignorancia medioambiental y deseoso de complacer a los militares, alegaba que a la comarca le faltaba interés ecológico. En absoluto era el caso. Además de sus otras riquezas naturales, Anchuras tenía una abundancia de grandes aves rapaces, entre ellas algunas parejas de águila imperial, así como de buitres leonados y negros. Todos ellos sobrevolaban constantemente la comarca, lo cual, al margen de otras consideraciones, habría supuesto para la seguridad de los pilotos un riesgo extraordinario.
El pueblo, capitaneado por el benemérito alcalde independiente Santiago Martín, que entonces tenía 25 años, se opuso a la iniciativa (como otra Fuenteovejuna) e inició un movimiento ciudadano, pacífico y verde que iba a durar ocho años, hasta que, en 1996, prevaleció la razón. Anchuras se había ido convirtiendo, entretanto, en símbolo de la lucha medioambiental en España. Algunos opinan que fue decisiva para el feliz desenlace de la batalla la intervención del patrono del pueblo, San Miguel, conocido adversario de proyectos diabólicos. Quién sabe.
Anchuras supo prevalecer contra el mastodonte. Cuando anda por allí tanto alcalde insensible a la ecología, no debemos olvidar la hazaña de Santiago Martín y los suyos.

En Budapest con Lorca y Radnóti

05 jul 2009
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Gracias al Instituto Cervantes uno tiene la oportunidad de viajar un poco al extranjero. A cambio de una conferencia, una breve estancia en otro país, con gente afín y algo de renovación personal: no está nada mal.

Mi último compromiso cervantino ha sido en Budapest, amablemente invitado por el director del IC de dicha ciudad, Javier Pérez Bazo. Motivo: homenaje conjunto a dos escritores asesinados por el fascismo, el “poeta nacional” húngaro Miklós Radnóti (1909-1944), célebre allí pero todavía poco conocido en España, y Federico García Lorca, cada vez más apreciado en Hungría. El acto, que consistió en una conversación, moderada por la hispanista Erzsébet Dobos, entre servidor y la doctora Katalin Varga, especialista en Radnóti, se desarrolló ante un público extraordinariamente atento y cálido, y sirvió para aproximar a los dos poetas de “verbo roto” y comparar las circunstancias de su muerte.

A Radnóti, que en 1937 dedicó unos sentidos versos elegíacos al granadino, su país le ha hecho todos los honores, empezando con la localización de la fosa común donde yacía y luego su exhumación. Varios asistentes al acto expresaron su extrañeza ante la situación, tan bochornosa, de los restos de Lorca. ¿Cómo es posible que la España democrática no haya buscado todavía a su poeta, sin duda el desaparecido más célebre de la Guerra Civil? ¿Por qué no ha actuado el Estado para resolver el caso? ¿Qué posibles motivos puede haber para tal desidia? Eran las mismas preguntas que me han hecho en Chile y en Argentina. Y es que, fuera, nadie entiende nada.