Publicidad

Nuevo curso

30 ago 2009
Compartir: facebook twitter meneame delicious

Ya está a la vuelta de la esquina la rentrée, como dicen nuestros vecinos suprapirenaicos. Y la lucha política del nuevo curso se prevé fea y turbulenta aquí abajo porque, si la situación económica empieza a mejorar en breve, y parece ser que hay esperanzas fundadas de que así sea, y si Zapatero lo hace bien en Europa –estamos a unos meses de la inauguración de la presidencia española–, podría ocurrir que el PP lo tuviera de repente mucho más difícil. Y bien que lo sabe.

Entretanto, a mi juicio, lo están haciendo con suma torpeza. Parece ser incluso que sus representantes en Bruselas les han llamado la atención por lo de las escuchas, de la alegada persecución, asunto que el liderazgo del partido está amenazando con llevar a Estrasburgo, haciendo alarde una vez más de su pronunciado infantilismo. En cuanto al acto de Valencia, va a ser, si no me equivoco, un esperpento digno del mejor Valle-Inclán (a propósito, a los militantes peperos no les vendría nada mal una lectura, o relectura, de Luces de Bohemia).

La oposición quiere volver al poder cuanto antes, como es lógico. Lo que debe hacer, en consecuencia, es elaborar un programa alternativo capaz de ilusionar e írselo proponiendo al electorado. En vez de dedicar tanta energía a la tarea de acosar y derribar como sea a quienes detentan actual y legítimamente el poder. Rajoy ha tenido la decencia de decir que apoya al Gobierno en el asunto del terrorismo, y seguramente muchos simpatizantes moderados se lo agradecen. Es la línea a seguir. Estemos atentos.

‘Birds in the Night’

23 ago 2009
Compartir: facebook twitter meneame delicious

Pájaros en la noche, ¡y qué pájaros, el ya decrépito fauno Verlaine y el más joven y todavía casi imberbe Rimbaud! Para Pío Baroja, que estuvo en París poco después de la muerte en 1896 del primero, se trataba con toda seguridad de un poeta excelso, universal, enorme. Rubén Darío estaba de acuerdo.

“Birds in the Night” era el título, así en inglés, de uno de los poemas más conmovedores del maestro galo. Poema del amor desesperado, de la culpabilidad por lo hecho y lo no hecho, de la nostalgia que mata. ¿De dónde había sacado el título? Me acabo de enterar por Internet. Era el verso inicial de una nana de ribetes amorosos que se hizo popular en Londres allá por 1870. Y que oiría el poeta cuando dos años después llegó a la capital británica con el autor de El barco ebrio, huyendo del escándalo que provocaba en París y Bruselas la pública expresión de sus amores.

A Luis Cernuda, por homosexual y por poeta, no podía dejar de fascinarle aquella escapada, que le inspiró una feroz reflexión en la cual, retomando el título “Birds in the Night” (Desolación de la Quimera), arremetía contra la hipocresía de las autoridades municipales que acababan de pegar una placa conmemorativa en la fachada de la casa número 8 de Royal College Street, en el barrio de Camden. Placa que proclamaba que allí, durante unos meses de 1873, “vivieron” los dos poetas franceses. “Vivieron, bebieron, trabajaron, fornicaron”, corrige el poeta sevillano, otro a quien no le dejaron vivir la vida que le correspondía. Qué amargura la suya, con razón.

La oposición desleal

16 ago 2009
Compartir: facebook twitter meneame delicious

En la tradición parlamentaria británica tiene mucho peso el concepto de la “leal oposición”. Se trata de un profundo respeto hacia las reglas fundamentales del juego democrático, respeto sin el cual el sistema, al fin y al cabo mecanismo de pesos y contrapesos, no puede funcionar.

Cuando se permitió por fin la presencia de cámaras de televisión en los Comunes –hubo fuertes resistencias– el mundo pudo comprobar hasta qué punto se pone en práctica allí tal concepto (y hasta qué punto no es ningún mito el famoso sentido de humor de aquellas gentes). Oposición sí hay al lado del Támesis, y dura cuando hace falta. Pero consenso y apoyo en los temas de Estado, como el terrorismo, y jamás el descenso al insulto, al ataque rastrero, a la acusación sin pruebas. Y otra virtud: la dimisión cuando se demuestra que alguien ha faltado a su deber.

Es evidente que los del PP no han aprendido nada de los conservadores británicos, a quienes dicen admirar. Las brutales descalificaciones personales que últimamente están practicando demuestran que ni conocen las reglas susodichas ni les interesan. Y lo grave es que con ello están dañando no sólo a sí mismos, sino a todo el país, sembrando cizaña, encrespando los ánimos, turbando la convivencia. Metidos hasta el cuello y más arriba en el lodazal de la corrupción, incapaces de limpiar su propia casa, de admitir sus errores, se nota que siguen creyéndose los propietarios de España. Lo de Cospedal ha sido la gota que colma el vaso. Dios no quiera que vuelvan hasta no aprenderse la lección.

Traje y trato hecho

09 ago 2009
Compartir: facebook twitter meneame delicious

No he mencionado nunca a mi padre en estos apuntes, pero el asunto de Camps, y, en general, el pegajoso marasmo de corrupción en que está hundido el Partido Popular, me lo ha traído hoy a la memoria, como un “retorno de lo vivo lejano” al estilo de Alberti. Protestante convencido, de profesión empresario, el autor de mis días creía que en la vida y en el trabajo lo fundamental es la ética. Mentir, engañar, aceptar un soborno… eran procederes nocivos y no quería saber nada de ellos. ¡Dios y la honradez sobre todo!

Había en Dublín otro empresario, mucho más conocido que mi padre, cuya manera de actuar le parecía nefasta. Cuando quería atrapar aquel individuo a un cliente importante, ¿sabía yo lo que hacía? Pues entre otras cosas ofrecerle un buen traje a medida. Iba con la víctima por Grafton Street –entonces la calle más chic de la capital–, “recordaba” de repente que tenía que entrar un momento en una sastrería donde le preparaban algo y, mientras le comentaban allí cualquier detalle al respecto, le deslizaba al oído de la víctima su canto de sirena: “Oiga, ahora que estamos aquí, ¿por qué no se hace un traje como el mío? Este sastre es un fenómeno, venga, se lo regalo encantado…” Y el sastre empezaba a medir. Si caía el incauto en la trampa, trato hecho.

Trato hecho y, luego, muy complicada la salida del enredo. Mi padre lo tenía claro: mucho mejor decir que no desde el primer momento, por violento que fuera. Algo que resulta dificilísimo, como estamos viendo, para no pocos políticos.

Ojos asesinos

02 ago 2009
Compartir: facebook twitter meneame delicious

Corría el año 1991 y me encontraba en aquel baserri con un equipo de la BBC para filmar una entrevista con la madre de un etarra encarcelado. Queríamos conocer su opinión sobre los atentados, por qué a su juicio la banda utilizaba todavía métodos tan sangrientos, con España ya en democracia, cómo era ser progenitora de un hijo capaz de matar a tales alturas en nombre de una creencia nacionalista.

Se había acordado de que, si bien las preguntas se formularían en español –el idioma del enemigo–, ella contestaría en euskera (nos acompañaba una traductora). Y así fue hasta el momento en que tanto se encolerizó que, sin darse cuenta de ello, empezó a expresarse en castellano, en el castellano magnífico, enjundioso, que se suele escuchar por aquellos pagos. Así seguimos unos cinco minutos hasta que, al percatarse del error cometido, la mujer volvió, lívida, al euskera. La cámara captó la rabia que le produjo la realización del desliz. Fue un happening televisivo de profundo dramatismo.

Lo que recuerdo sobre todo de la entrevista son los terribles ojos de aquella madre, ojos implacables, llenos de odio: los de una fanática capaz de todo (no por nada, procede el término del latin fanus, templo). Ella no dudaba de que el ejercicio de la violencia, incluso del asesinato, era válido cuando se trataba de combatir a los adversarios de Euskal Herria. Pensé entonces que, con gente así en el poder, poca libertad tendrían los habitantes de tan excluyente espacio. Acabamos de ver que ETA sigue hoy en lo de siempre, pese a saber que salirse con la suya es ya imposible. Qué barbaridad.