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Lorca y su familia

27 sep 2009
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Los herederos de los escritores famosos suelen ser la leche. Los de Lorca, con la asesoría del intransigente abogado neoyorquino que desde Londres vela por sus intereses (y de cuyo nombre, etc.), no han sido ni son excepción a la regla. Se podrían documentar decenas, tal vez cientos de casos, en que su dureza a la hora de imponer condiciones ha impedido que proyectos de interés saliesen adelante. Quizás algún día lo cuente. Sí, quizás lo haga. Me apetecería. En 2016, de todas maneras, la obra lorquiana entrará por fin en el dominio público y se les acabará el chollo. ¡Albricias!

La homofobia de Francisco García Lorca y su hermana Isabel hizo imposible, a lo largo de décadas, que los críticos españoles deseosos de seguir acudiendo al archivo familiar pudiesen abordar en sus escritos el aspecto gay del poeta, fundamental para entender de modo cabal su vida y su obra. Como han pasado a mejor vida dichos hermanos del genio, el tema ya no constituye un problema para sus seis herederos. Pero sí, a todas luces, la fosa de Alfacar.

Seis herederos. Un solo varón, Manuel Fernández Montesinos –hijo de Concha García Lorca y ex diputado del PSOE– y sus dos hermanas. Más las tres hijas de Francisco García Lorca. Hechos todos una piña, hasta ahora, para impedir, si pueden, que se localicen e identifiquen los restos del poeta español más llorado de todos los tiempos, víctima de los fascistas de “su Granada”. Dentro de unos días conoceremos la resolución definitiva al respecto del dos veces “triunvirato” familiar. Resolución para la historia, sea cual sea su contenido.

Nueva Penélope, ¿todavía?

20 sep 2009
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Viendo cómo está el patio he sentido la necesidad de volver durante algunas horas al lado del gran Mariano José de Larra, sobre cuya tumba dejó unas tiernas violetas, en 1937, Luis Cernuda. El poema del sevillano, compuesto en Valencia cuando el país se había convertido ya en inmenso cementerio, rezuma amargura y desesperación (“Escribir en España no es llorar, es morir…”), pero también constituye un canto a la misión redentora de la palabra literaria.

“Nueva Penélope, la España no hace sino tejer y destejer”, había estampado Larra cien años antes. Tropo certero, genial. La esposa del ausente Ulises promete a sus múltiples pretendientes, como se sabe, que elegirá a uno de ellos una vez terminado el tapiz. Tapiz que luego deshace cada noche mientras duermen estos. Muchos de los “curiosos impertinentes” que vinieron aquí durante el siglo XIX habrían suscrito aquella comparación. En primer lugar Richard Ford, el más “curioso” de todos ellos, que creía percibir al sur de los Pirineos un fatalismo que hacía imposible el progreso.

Acabo de releer tres de los artículos más famosos de Larra –“Vuelva usted mañana”, “El castellano viejo” y “La Nochebuena de 1836”–, y me he reído con ellos de nuevo. Y, también, casi llorado. España ha progresado enormemente desde entonces, como es obvio, pero persisten secuelas de anteriores obcecaciones. Para no seguir tejiendo y destejiendo hace falta, sobre todo, consenso en torno a la educación pública. Veremos si finalmente el PP resulta capaz de propiciarlo en vez de seguir mareando, como siempre, la perdiz.

Pena negra

13 sep 2009
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Fue la otra noche en Cuatro, en el nuevo espacio de Iñaki Gabilondo (que a mí, entre paréntesis, me gusta menos que el formato anterior, con el cotidiano e imprescindible comentario del gran periodista al principio). No retuve su nombre, pero su cara dolorida y sus palabras apesadumbradas se me quedarán grabadas en la memoria. Esta mujer de pelo albo y vestido oscuro (“¡Oh blanco muro de España! / ¡Oh, negro toro de pena!”) lleva 30 años visitando cada día la cuneta donde yace su ser querido en las afueras del pueblo.

Y 30 pidiendo sin éxito a las autoridades de la España pretendidamente democrática que por Dios y por su Santa Madre le permitan exhumar aquellos restos y darles el entierro digno que se merecen. Yo he mirado los ojos de esta mujer, que tanto han llorado, y he despreciado, una vez más, a quienes todavía se oponen a que las familias de los vencidos tengan los mismos derechos que disfrutaron bajo la brutal dictadura franquista las de los vencedores. Vencedores que todavía se niegan a perdonar, que rechazan la misericordia, pese a la religión de amor que dicen profesar y que, en realidad, traicionan.

La imagen ha coincidido en el tiempo con la de Garzón entrando a declarar ante un Tribunal Supremo capaz de admitir a trámite la querella que ha puesto contra él, por supuesto delito de prevaricación, un grupo ultraderechista autodenominado, para más inri, Manos Limpias. El juez ha actuado impelido por el deseo de ayudar a las víctimas, personas como la pobre enlutada que hemos visto en Cuatro. Estemos atentos a lo que diga ahora el instructor del caso.

Con José Antonio, en Granada

06 sep 2009
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Se instaló en noviembre de 1972 delante de la entonces Diputación Provincial, en pleno centro urbano. Cuando unos años después llegó la democracia, cuando ya había Constitución, cuando consiguieron los socialistas la Alcaldía, nunca comprendí por qué no quitaron en seguida el ofensivo bodrio. Ofensivo no sólo por los cinco brazos de bronce dando el saludo romano, sombreados por unas alas de águila, sino, sobre todo, por la inscripción esculpida con mayúsculas en el bloque de granito subyacente: “GRANADA A JOSÉ ANTONIO”.

¿Granada a José Antonio? Sí, la Granada carca de siempre, donde, según Lorca, se agitaba “la peor burguesía de España”, la que ayudó a preparar el golpe, y luego a alentar la matanza y la represión. No la de las familias de los miles y miles de inocentes fusilados en la ciudad y sus alrededores que, a partir de 1972, no tenían más remedio que pasar a menudo delante de un monumento para ellos despiadado y provocador. No lo quitaron los socialistas –con tiempo de sobra para hacerlo– porque, sencillamente, no tuvieron la valentía. Y con la vuelta del PP, quedó garantizada su permanencia.

Estos días se ha reavivado la polémica en torno al monolito. Los populares siguen negándose a retirarlo. Pero ahora con el argumento de que tiene valor artístico y que, por ello, merece la protección de… ¡la Ley de la Memoria Histórica! Entretanto, los mismos ediles han quitado del paredón de los fusilamientos en el cementerio una placa en memoria de los allí asesinados. De verdad, no sé cómo no se les cae la cara de vergüenza.