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Doctores tiene la Academia

05 jun 2011
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El birrete de un doctor puede encubrir el cráneo de un imbécil”, escribió Antonio Machado. Añadamos: o de un hipócrita, o de un pícaro, o de un embustero, o de un sádico, o de un mentiroso…
¿Quién miente –o tiene amnesia crónica– en la Real Academia de la Historia? ¿Su director, Gonzalo Anes, o Luis Suárez, el autor de la entrada sobre Franco en el ya célebre Diccionario Biográfico? Anes ha dicho que Suárez se ofreció a redactarla. Este lo ha negado: “No pedí hacer el artículo, fue un encargo. La comisión de la RAH lo revisó. Si hubieran estado en desacuerdo, no lo habrían publicado”. ¿En qué quedamos?
Anes, desde luego, se las trae. Ha manifestado que “la labor de censura no se ejerce en esta casa” y que no leyó dicha entrada, fiándose de la objetividad de Suárez. ¡La objetividad de un señor con un historial franquista como el suyo! Que Anes niegue cualquier responsabilidad personal o de la RAH por lo ocurrido es grotesco, y más a la vista del Convenio firmado en 1999 entre esta y el Ministerio de Educación, según el cual las voces deberían “dar una versión ecuánime” de los biografiados e incluir “los elogios y críticas que pudieran haber suscitado”.
No basta que nos diga ahora que todo se podrá rectificar en la versión digital. El daño está hecho: daño a la verdad histórica, daño a las víctimas del franquismo, daño a la gran mayoría de los demás colaboradores, daño al país.
Si le queda algo de autorrespeto debajo del birrete, Anes debe pedir disculpas. Y
dimitir.

¿Suicidio colectivo?

29 may 2011
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Aventuré la semana pasada que, fuesen los que fuesen los resultados de los comicios del 22-M, la fecha podía significar, para la izquierda, el inicio de la “nueva etapa” que Mariano Rajoy pronosticaba únicamente para el PP. Pese a lo abrumador de la debacle socialista que acaban de registrar las urnas, lo sigo pensando. Y ello con los ojos puestos sobre todo en la victoria de las derechas en las elecciones de octubre del 1933, y en sus secuelas.
Aquella victoria fue posible porque las distintas formaciones conservadoras tuvieron la previsión de ir unidas a votar (en tiempos de acuciante crisis económica), bajo el paraguas de la Confederación Española de Derechas Autónomas, liderada por Gil Robles. Lo cual, ante la incapacidad de las distintas fuerzas de izquierdas y progresistas para poner en pie una coalición de signo opuesto, les brindó a las huestes cedistas los dos años en el poder luego conocidos (no por todos, claro) como “Bienio Negro”.
No se repitió el mismo error en febrero de 1936. Y me cuesta trabajo creer que, si entonces fue posible la creación de una alianza electoral capaz de impedir que siguiesen en el poder los del otro bando, no lo sea hoy.
Cuando leo que, en Extremadura, Izquierda Unida podría negar su apoyo al PSOE y permitir que el PP gobierne en aquella comunidad, se me cae el alma al suelo.
Ante la suma gravedad del reto de las cercanas generales es imprescindible, a mí por lo menos me lo parece, un frente común progresista capaz de ilusionar a la gente, de recuperar a los desafectos y abúlicos, de ofrecer esperanza… ¿O es que preferimos ir hacia el suicidio colectivo?

Reflexión

22 may 2011
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Ellos son el fin de un ciclo, nosotros el principio de una nueva era”: si fuera verdad, más valdría que uno ya preparara las maletas. Pero Mariano Rajoy no es Dios Omnisciente, ni el acarreo para él de óptimos resultados en estos comicios garantizaría la validez de tal pronóstico. Podría ser, incluso, que, sean cuales sean los votos emitidos en la consulta de hoy, se abra con ellos una nueva era, no para el PP sino para la izquierda. Porque, si es de sabios rectificar, cuesta trabajo creer que, con el año que queda hasta las elecciones generales, a los progresistas de este país –a los que sinceramente desean su progreso– les sea imposible aunar esfuerzos de alguna manera para impedir lo que sí sería el principio de otra era, a mi juicio desastrosa: la vuelta a la Moncloa en 2012 de los populares. O sea, de quienes llevan mucho tiempo, y nunca como ahora, crispando la vida española.
¿Exageraciones del hispanista guiri a quien ya le ha contagiando la bronca nacional? No creo. Entre las recientes enormidades, ¿cómo olvidar, por ejemplo, lo que ha dejado insinuar Camps acerca de Zapatero y su abuelo, Esperanza Aguirre de Atocha, Cristóbal Montoro de la economía (“al borde del precipicio”) y Aznar, experto en dañar la imagen de su país en el extranjero, de los que insisten en “remover fosas”?
Y luego dice Rajoy ¡que no va a reaccionar ante las provocaciones del PSOE!
La derecha española de hoy es la de siempre. No es que no haya aprendido nada. Es que no quiere. Por favor, que nadie deje de votar.

Lorca

15 may 2011
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Hubo un tiempo en que esta palabra designaba para mí, casi exclusivamente, el segundo apellido del malogrado autor de Bodas de sangre. Luego descubrí que la familia de su madre era de Totana, villa murciana próxima a la que hoy atrae la condolida atención internacional, y me fui corriendo, a la primera oportunidad, hacia aquella comarca. Allí, hurgando en archivos de ambas localidades, pude documentar, por lo menos en parte, la historia de cómo llegó a Granada el abuelo de la joven que iba a dar luz en Fuente Vaqueros, un 5 de junio de 1898, al quizás mayor genio poético español de todos los tiempos. La joven era pobre y se llamaba Vicenta Lorca Romero.

García Lorca sabía que su apellido materno procedía de una población con importantes antecedentes hebreos. “Mi segundo apellido es judío”, manifestó rotundamente, y con evidente agrado, en 1933. Su identificación con las víctimas granadinas de la xenofobia desencadenada a partir de 1492 está en toda su obra. “Yo creo que el ser de Granada me inclina a la comprensión simpática de los perseguidos –dijo en 1931–. Del gitano, del negro, del judío… del morisco, que todos llevamos dentro”. Y, ampliando, afirmó que la “toma” de Granada supuso la ruina de una cultura única en el mundo y dio paso a una “tierra de chavico” que albergaba, en 1936, a “la peor burguesía de España”.

Me complace recordar aquí la sangre “lorquina” y judía del poeta. E imaginar su solidaridad, en estos momentos tan trágicos, con los sufrimientos de sus paisanos murcianos.

Jovialidad

08 may 2011
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No somos pocos quienes opinamos que una de las creaciones más nefastas de los hombres ha sido la del Dios del Viejo Testamento. Un ser a quien en miles de páginas no se le conoce una sola risa, que se especializa en atormentar a sus propias criaturas, cargándoles de prohibiciones, anatemas y obligaciones, y que, si no se comportan bien, es capaz de enviarlas a un infierno atroz que, además, dura toda la eternidad (Deuteronomio anticipa con creces los horrores de Belsen). Ningún ser más o menos normal podría amar libremente a una deidad así. ¿Que luego el Todopoderoso se arrepintió y envió a su propio hijo para enmendarle la plana, morir en una cruz, renacer, y conseguir así que de allí en adelante tuviéramos la posibilidad de salvarnos? Nadie podría llegar a esta convicción tampoco sin que alguien se la metiera previamente en la cabeza (cuanto más temprano mejor), o sin sentir una profunda necesidad de creer en la magia.
Un Dios malhumorado que desconoce la risa. Escribo este apunte el jueves después del asesinato de Bin Laden por sedicentes seguidores de Jesucristo. La palabra procede de Dies Jovis, y el tal Jovis, como se sabe, es sinónimo de Júpiter, el principal dios de los romanos, el del Cielo. Un tipo bastante simpático, a lo que parece, ya que su nombre dio lugar al adjetivo jovialis, exactamente en el sentido de su derivado español. Con un Dios jovial (DRAE “alegre, festivo, apacible”) el mundo se habría ahorrado incalculables millones de muertes violentas y demás sufrimientos. Algo grave falló.

Un consenso incómodo

01 may 2011
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Entre tanta podredumbre, tanta calumnia y tanta ruindad circundantes, ¡qué ánimos nos acaba de transmitir Ana María Matute, qué lección de modestia, de razonable optimismo y de voluntad creadora! En su discurso de flamante premio Cervantes la gran novelista barcelonesa ha puesto el énfasis sobre la necesidad innata que tiene el ser humano de inventar historias y de escucharlas (que es otra modalidad inventiva). Necesidad, se
sobreentiende, que, cuando no encuentra su debido cauce, puede dar lugar a mortales trastornos y privaciones. Que sin duda es el caso.
La escritora habló en Alcalá de Henares de la inmensa felicidad que le ha producido, a lo largo de su vida, poder dedicarse a su vocación narradora, y ha evocado su emoción, cuando era niña, cada vez que algún adulto bendito cumplía con un rito milenario al entonar, para ella, el consabido introito “Érase una vez…” y luego contarle un cuento. Mario Vargas Llosa dijo algo muy parecido, creo que en la ceremonia del Nobel, y yo mismo, al leer el discurso de marras, he recordado con gratitud que también fui niño privilegiado con acceso, a través de una voz en directo, a un fabuloso caudal de literatura tradicional, nutridora de mil sueños.
Ana María Matute tenía once años cuando empezó la Guerra Civil cuyos rescoldos algunos se empeñan todavía en atizar (ver en este sentido la última lindeza de Aznar). En sus palabras del otro día latía el dolor por tanta pérdida, por tanta crueldad. Que siga muchos años deleitándonos con sus maravillosos inventos.

Amor en Benidorm

24 abr 2011
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Se está abriendo por fin una brecha? ¿O resulta que uno es un ingenuo y detrás sólo habría que ver cinismo o, como dicen algunos de los mosqueados jerifaltes peperos, un sórdido interés personal? Quiero entender, prima facie, que la escisión que se acaba de producir en Benidorm no deja de ser alentadora. Me han complacido las palabras al respecto, recogidas por Público, de la señora tan lindamente nombrada Gema Amor. Porque lo que ha dicho públicamente la ahora exmilitante del PP, y quizás dentro de poco alcaldesa de la renombrada localidad levantina, es que basta ya de corrupción y que no se puede ir a las elecciones con tanto personaje dudoso a bordo. “Yo creo –ha manifestado– que se perjudica a un partido cuando participan en las listas imputados o personas bajo sospecha, como en las listas autonómicas”. Pues, claro, se perjudica. Y daña a la sociedad. Y desanima. Para colmo alega que su partido la engañó.
Uno está siempre pidiendo a la gente moderada de derechas –cuya existencia no seré yo quien ponga en cuestión– que se pronuncie sobre la corrupción, que discrepe, que exija un cambio. Que rechace el proceder de elementos como Aznar o González Pons o la tremenda Cospedal (que nunca pide disculpas por nada), gentes que, hay que suponerlo, provocan malestar entre dichos electores. Bravo, pues, por Gema Amor, que ha dicho, además, ques si la eligen, su grupo trabajará por Benidorm y sus gentes indistintamente, sin estar todo el bendito día pensando en puestos y emolumentos. Esperemos que cunda su ejemplo.

La Primera República

17 abr 2011
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Nació en febrero de 1873 –tras la abdicación de Amadeo– y murió once meses después con al asalto al Congreso de los Diputados del general Pavía.
La Primera República yace hoy olvidada. Nadie habla de ella. En el excelente suplemento que este diario acaba de dedicar a la Segunda en su 80 aniversario, por ejemplo, no se la menciona una sola vez. Y, no obstante, llegó de su mano la de 1931.
Figueroa, Pi y Margall, Salmerón (“Dejó el poder por no firmar una sentencia de muerte”) y Castelar –los cuatro presidentes de aquel poder Ejecutivo–, ¿quién los recuerda hoy, quién los valora, quién repasa sus discursos? ¿Dónde está el libro –por favor, un libro ameno, no un mamotreto para especialistas– sobre la aventura que, iniciada con “La Gloriosa” de 1868, se abortó, fracasado el intento republicano, con la restauración borbónica?
Ello es injusto y es un error. La República de 1873 heredó una situación muy difícil. Abocado al fracaso Amadeo desde su llegada, por el asesinato de Juan Prim, y sin poder contar con el apoyo de casi nadie, duró dos años caóticos. El nuevo régimen inició su andadura con enorme entusiasmo, juró trabajar afanosamente por el pueblo “más sufrido, más grande y más honrado de la tierra”, y empezó la elaboración de una Constitución. Pero tenía casi todo en contra: la Iglesia, alfonsinos y carlistas, y sus propias contradicciones internas. Y sucumbió. Aunque no sin sembrar la promesa de mejores tiempos republicanos. Antonio Machado no la olvidó. Tampoco deberíamos nosotros.

El Holocausto español

10 abr 2011
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Llega la primavera y, con ella, editado por Debate, el nuevo libro de Paul Preston, El Holocausto español. Odio y exterminio en la Guerra Civil y después. Se trata de un grueso tomo de 859 páginas, producto de diez años de trabajo, que, sin lugar a dudas, va a ser objeto de apasionada discusión a lo largo de los próximos meses y años. Empezando, claro, con el título, justificado, a juicio del gran historiador inglés, por el “afán exterminador” y la dimensión alucinante de la represión, premeditada y fría, ejercida por Franco y los suyos contra quienes no pensaban como ellos.
Preston no minimiza las cifras de la represión llevada a cabo en el otro lado, por más señas muy inferiores a las de la “nacional”, pero tiene claro que no es lo mismo una masacre promovida por quienes se levantan contra la legalidad vigente como la reacción popular consiguiente. “Resulta difícil concebir –escribe– que la violencia en la zona republicana hubiera existido siquiera de no haberse producido la sublevación militar, que logró acabar con todas las contenciones de una sociedad civilizada”.
El libro, de lectura muy amena pese a su ingente documentación, no podría llegar en un momento más oportuno, cuando el Partido Popular se empeña en culpar a quienes quieren exhumar a las víctimas de estar “reabriendo heridas”; parecen cada vez más evidentes las deficiencias de la Ley de la Memoria Histórica; y estamos en vísperas del juicio contra Garzón por haberse atrevido a aceptar investigar jurídicamente los crímenes del franquismo. Hay que leerlo.

España e Irlanda, hermanos

03 abr 2011
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Si es verdad, como desde hace tiempo se viene manteniendo, que España e Irlanda son países hermanos, cabe deducir que ello sólo puede atribuirse a los celtas. Los romanos nunca pusieron los pies en la isla, y hasta la llegada de los británicos, allá por el siglo doce, únicamente recibía de vez en cuando alguna visita esporádica (y depredadora) de los vikingos.
De haber algo entre españoles e irlandeses, pues –y yo creo que Salvador de Madariaga tenía razón–, de antecedentes celtas se trataría.
¿Desde dónde llegaron hasta Irlanda aquellas gentes? Aquí se insiste mucho en que el “descubrimiento” partió de Galicia (gaélicos, gallegos), inspirado por el rey Breogan y los indicios que le llegaban de una misteriosa tierra situada al Norte. Pero los celtas subpirenaicos, de origen centroeuropeo, no sólo se concentraban en el noroeste de la Península, sino que estuvieron repartidos por toda ella. Recuerdo la impresión que me hizo hace años, en este sentido, la deslumbrante colección de collares de oro celtas (torques) albergada en el Museo Arqueológico de Burgos, sólo comparable a la del homólogo de este en Dublín.
A dichos vínculos y a los muchos posteriores aludió el rey Juan Carlos durante la simpática comida ofrecida la semana pasada, en el palacio de Oriente, a la actual presidenta de Irlanda. Lo que no glosó fue la magna contribución que Mary McAleese –católica nacida en el Ulster británico– ha hecho al proceso de paz en una isla que, como España, sabe mucho, por desgracia, de terrorismo.