El verdadero resultado de las políticas de Rajoy

24 Ene 2014
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El optimismo del Gobierno sobre una presunta mejora de la economía se dio ayer de bruces con la realidad, debido a los demoledores datos de la EPA del cuarto trimestre de 2013. España, gracias a las políticas de Rajoy, sigue perdiendo puestos de trabajo a chorros: concretamente, 198.900 entre octubre y diciembre del pasado ejercicio. Y si el paro ha disminuido es por el creciente número de personas que abandonan el país ante la falta de perspectivas laborales, en su mayor parte extranjeros.

La maquinaria propagandística del Gobierno y su coro mediático podrán decir lo que quieran, pero el resumen de la última EPA es ése y no resulta demasiado alentador. Que la destrucción de empleo se haya ralentizado parece lo mínimo exigible después de los enormes sacrificios impuestos a los ciudadanos de un tiempo a esta parte. Que ese proceso se vaya a frenar en seco de la noche a la mañana, como Rajoy y su ministro de Economía pregonan un día sí y otro también, se antoja harto improbable.

Para las políticas del PP, el balance de los dos últimos años es sencillamente atroz: 1.049.900 puestos de trabajo se han esfumado y hay 622.700 parados más que en diciembre de 2011. He ahí el resultado de los recortes presupuestarios, que han dejado en la calle desde entonces a 424.800 empleados públicos; de las nuevas facilidades para el despido, de los recortes salariales inducidos por la reforma laboral… En eso ha quedado la promesa de Rajoy de arreglar nuestra maltrecha economía en dos años.

Por supuesto, la derecha siempre tiene la posibilidad de echar la culpa de todos los males a Zapatero, como lleva haciendo con absoluto desparpajo desde que llegó al poder. Pero eso ya no cuela porque, veinticinco meses después, no es que los españoles no hayamos mejorado, sino que estamos peor. Tenemos menos trabajo, ganamos menos dinero, pagamos más impuestos, los pensionistas han perdido poder adquisitivo, y los servicios públicos van marcha atrás, pese a la creciente necesidad de ellos.

En definitiva: somos más pobres individualmente considerados y como sociedad, que quizás sea lo que del el principio se pretendía. ¿Era ésa la refundación del capitalismo que un ingenuo –o cínico– Sarkozy nos anunció en pleno estallido de la crisis financiera internacional? No lo sé, pero tengo claro que, si lo era, Rajoy ha puesto aquí más de un granito de arena para conseguirla en estos dos aciagos últimos años.
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