Opinion · Puntadas sin hilo

Cuatro años

 

 

Cuatro años con el alma, y el pan, en vilo.

Cuatro años para comprobar cuánto vale la palabra de un político.

Cuatro años para averiguar si la derecha española es capaz de asimilarse a la europea.

Cuatro años para saber si la izquierda es de verdad o de papel y teoría.

Cuatro años para sufrir al Vaticano y a sus discípulos más papistas que el Papa.

Cuatro años para saber si somos definitivamente pobres.

Cuatro años de dictadura, como siempre, de los bancos.

Para despejar si se dan las condiciones sociológicas para la revolución.

De americanizarnos en lo peor, y españolizarnos en lo aún peor.

Para saber si España sigue siendo España o sufre dentelladas en su integridad territorial.

Cuatro años de ciudadanos asustados y por tanto reaccionarios.

De jóvenes decepcionados.

De botellón moral.

De caínes contra caínes y abeles desaparecidos.

De sainete, de drama o de tragedia.

De tauromaquias vueltas.

Sin reformas electorales, sólo más y más laborales.

De EREs o no EREs, he ahí la cuestión.

De sexo submarino e hipócrita pudicia.

De la misma corrupción.

Cuatro años de semánticas y eufemismos.

De sospechar del que sospechaba.

Primer, Segundo, Tercer y Cuarto año triunfal celebrados.

De siete millones de parados.

Sin Ministerio de Cultura y mal gusto propiciado.

Cuatro años de Educación torticera.

De copago disimulado y gestión privatizada.

Cuatro años sin ahorros.

De monarquía lesionada.

De paripé de democracia y consenso.

Cuatro años tragando quina.

Con el Barça siempre campeón.

Sin Garzón.

Sin preguntas ni respuestas.

No hay milagros ni varitas.

Con los muertos aún en las cunetas.

De desahucios.

De ahora van a ver lo que es la Policía Nacional de antidisturbios.

De pesimistas y optimistas.

Cuatro años de Sí, señor.

Cuatro años que se convertirán en ocho, y luego en doce, y …

Cuatro años de delfines y delfinas.

Cuatro años de increparnos.

Cuatro años en posesión de la verdad.

Cuatro años más viejos.

Cuatro años sin poetas.

Cuatro años más garrulos.

Cuatro años de cada vez más apolíticos.

 

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