Opinion · Puntadas sin hilo

Asco de justicia

Como saben, he sido y sigo siendo en lo fundamental un firme defensor de la justicia española. Creo que los jueces y magistrados son en su casi totalidad independientes y honestos en sus sentencias. Pero hay cuestiones que empañan gravemente este criterio. Especialmente dos:
De un lado, la conducta ética y estéticamente reprobable del Presidente del órgano de gobierno de los jueces, que no dicta sentencias, el Consejo General del Poder Judicial y que como cargo anexo también lo es del Tribunal Supremo. Es inaudito y ofensivo ante la mayoría de los ciudadanos que el señor Dívar no renuncie a su cargo, por mucho que el Fiscal le haya librado de consecuencias penales al archivar la denuncia por sus lujosos gastos. Asimismo, en mi opinión, es reprobable el Fiscal por no haber investigado en forma. Tampoco pueden ser catalogados como menos que reprobables los vocales del Consejo que no se atreven por motivaciones políticas o corporativas a destituir al Presidente con la mayoría necesaria de dos tercios para tal destitución, y solo hay seis de veinte que lo proponen. Queda, pues, enteramente lesionada la credibilidad del Consejo. Y, finalmente, también resulta increíble y vergonzante que las Asociaciones judiciales y de fiscales no manifiesten repulsa explícita hacia el Presidente, y únicamente sean la Asociación de Jueces para la Democracia y la Unión de Fiscales Progresistas, ambas minoritarias, quienes hayan hecho crítica severa y pidan la dimisión. En resumen: un espectáculo lamentable de componendas e intereses, al menos ideológicos y de lucha por el poder.
Y de otro, resulta sorprendente y tristísimo que en la preceptiva y retardadísima renovación parcial del Tribunal Constitucional, que no es estrictamente Poder Judicial, a hacer por el Congreso de los Diputados se hable descaradamente de cuotas de partidos y propuestas de candidatos a los que se supone sumisos a quien los nombró, y que pueden inclinar las decisiones del Tribunal en un sentido o en otro. Por ejemplo y actualmente: si cristaliza una mayoría conservadora, la legalización de Sortu, la interrupción del embarazo o el matrimonio homosexual tendrán una visión, y si cristaliza una mayoría progresista los resultados serán los contrarios. Lo que es inadmisible es que se conozcan los resultados con tanta anterioridad. ¿Quiere esto decir que los magistrados prevarican, es decir, toman decisiones injustas y a sabiendas? No. Quiere decir que los magistrados votarán conforme a sus creencias e interpretaciones conservadoras o progresistas de las leyes, no que prevariquen. ¿Cómo se resuelve esto? No tiene arreglo. En ningún lugar del mundo. Pero al menos no se debería hacer con tanta desfachatez, y los partidos políticos deberían tener mesura en la elección y no designar a presumibles fieles escuderos, dando un sesgo u otro a la Constitución Española.
Ello hace que los ciudadanos desconfíen de la justicia y crean que en los juicios y pleitos ordinarios la ideología del juez es esencial y arbitraria a la hora de dictar sentencia, cuando no es así: un arrendamiento, una deuda, un crimen, y demás tipos, no tienen nada que ver con la ideología del juez. Pero lo cierto es que, por hache o por be, los ciudadanos creen que la justicia, como la política, es un asco, y descalifican a la totalidad de la institución.
Yo siempre me pregunto: ¿los jueces son tan miserables como para vender su crédito profesional y personal por intereses políticos, ideológicos o por medrar, lo hacemos nosotros en nuestras profesiones? Creo firmemente que no.
Aunque los jueces, como es lógico, se equivocan, al igual que los médicos, los ingenieros o los funcionarios, pero con la atenuante añadida de que contra toda decisión de un juez cabe siempre una batería de recursos ante otros jueces.
La justicia no es un asco, lo fácil y desestabilizador es decirlo; lo que es un asco es su ¿inevitable? control político, lo que es un asco es que los políticos no renuncien a su dogmatismo. Por ejemplo, lo del Tribunal Constitucional, si se quiere, se resuelve en un cuarto de hora, y lo del Consejo General en veinte minutos.

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Gota de la LIBERTAD DE EXPRESIÓN:
Esa licencia que reclamamos para soltar todas las brutalidades que llevamos dentro.
Ese argumento que utilizamos cuando no tenemos argumentos.
Eso que nos cualifica o descalifica como personas.
Termómetro cultural de quien la usa.
Auténtica frontera entre la democracia y la dictadura.
La primera necesidad de la vida, el primer verso.
Destructora de clases sociales.
Frecuentemente se confunde con el derecho de réplica.
No hay nada en la vida que no tenga límites, aunque tantos no lo admiten.
La posibilidad, tantas veces desaprovechada, de mejorar el lenguaje. No siempre es necesario decir hijo de puta.

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Gota PARLAMENTARIA: Se aprueban sin ninguna enmienda los Presupuestos Generales del Estado tras 30 horas de debate.