Año Nuevo

Arturo González

No sé por qué se dice y llama Año Nuevo si realmente nada es nuevo, salvo los precios, que de ayer a hoy ya nos han hecho un 3% más pobres. Debería ser obligatorio que casi todo fuese nuevo. El Gobierno debería tener la obligación constitucional de hacernos un buen regalo por Reyes, el regalo sorpresa, gravar un 5%, por ejemplo, todas las transacciones bursátiles y bancarias y dedicar lo obtenido a los que sufren, a los humildes, a los desamparados, a los humillados, aunque fuese en forma de caridad. La Lotería del Niño Mariano.

Pero no, los políticos nada más nacer el año siguen diciendo las mismas bobadas. El diputado de IU Centella afirma la genial generalidad de que ‘hay que generar expectativas de empleo’. Pero no dice cómo. Guindos, no se sabe si con cilicio o sin él, ha admitido, en relación a la cacareada y recriminada herencia, que sabían lo que les esperaba. Lo contrario de lo que machaconamente sostiene su jefe. También añade Guindos, cual brujo retrospectivo sin cucurucho, que si la reforma laboral se hubiera aprobado hace dos años España tendría un millón de parados menos. ¿Eso quiere decir que dentro de dos años habrá un millón de parados menos que ahora? No nos haga reír, señor Guindos; es cuestión de esperar al próximo martes o a fin de mes cuando salga la EPA. Nadie les cree, pero no se inmutan, siguen diciendo las mismas obscenidades políticas.

El año nuevo es la trampa semántica de la esperanza. Decimos que esperamos, pero no esperamos nada. La derecha permanece impertérrita e inmune, la izquierda no se sabe qué es, incluso hay quienes viven alejadísimos de la realidad social y demoscópica y creen en le vigencia del marxismo, otros navegan en el mar brumoso de las rupturas del sistema y de los reconfortantes sueños anarquistas, sin comprender que no hay más salida que luchar dentro del sistema para mejorarlo, y otros, casi todos, ven el fin de mes como una meta inalcanzable.

Todo continúa igual de zafio, igual de corrupto, igual de injusto, sin el menos ánimo o intención de cambio. Los españoles mermados, nos podrían llamar. La revolución no es posible según los libros, ni siquiera sabemos qué revolución queremos, protestar resulta cada vez más peligroso, los jóvenes no están ni se les espera. El cadáver del PSOE está putrefacto. Los acreedores nos tienen presos, se rumorea que van a privatizar los comedores sociales, los ayuntamientos van a alquilar las esquinas para mendigar, incluso con niño en brazos, y la televisión se ha convertido en el refugio de nuestra infelicidad y por eso la vemos cuatro horas y media cada día, pongan lo que pongan. Seguirán las huelgas y manifestaciones, los antidisturbios ensayan y engrasan sus porras y sus pelotas de goma, y el Consejo de Ministros es una marioneta de Europa y Merkel.

Vivir ni siquiera es una aventura, es un pasar las hojas del calendario esperando no sabemos qué. Vivir es un hermoso hecho que estos tipejos, los políticos perversos, nos quieren aguar. Pero no lo conseguirán. En el fondo de nuestros corazones aunque escondido aún anida el deseo de que algún año nuevo lo sea en verdad. El día menos pensado nuestra ira y rabia explotarán. Y entonces… entonces decir Feliz Año Nuevo no será mentira.

Feliz Año Nuevo.