Los presos políticos

Arturo González

En tiempos del franquismo, y sobre todo en el tardofranquismo, las autoridades evitaban por todos los medios que se pudiera hablar de presos políticos, cuando las cárceles estaban llenas de personas que habían cometido el “delito” de reunirse, dar conferencias, o de pertenecer a grupos que llamaban “subversivos”; incluso había en la cárcel personas por esas causas que seguían la corriente cristianodemócrata.

Además, en la jerga de la oposición al franquismo se hablaba de la represora Brigada Político Social del Ministerio de la Gobernación, cosa que se negaba rotundamente en dicho organismo.

Pues bien, implantada la Constitución de 1978 es imposible hablar de que en España existan los denominados presos políticos. Es más, los delitos que se cometen por ideologías políticas solo son penados si están envueltos en manto terrorista. Así, ha habido y hay una corriente llamada abertzale que estima que los presos de ETA son presos políticos: absolutamente incierto, ya que los militantes de ETA que están condenados y en la cárcel no lo han sido por sus ideas políticas, por muy independentistas y marxistas que fueran, sino por haber cometido actos de terrorismo, tipificados en una ley aprobada por el Parlamento español.

Respecto a Alfon tengan la seguridad de que no será juzgado por sus ideas, sino por acudir a un piquete informativo de una huelga portando presuntamente una mochila con explosivos, en juicio público, asistido de abogado y con todas las garantías procesales, y deseo que el juicio que se celebre tenga una sentencia absolutoria. También invito a Alfon a que presente querella por presuntos malos tratos, abuso policial e injurias.

Por eso me causa una tristeza enorme que hoy por hoy y en un medio de comunicación se puedan recoger manifestaciones que proclaman la existencia de delitos o delincuentes políticos. Ni siquiera por ignorancia se puede perdonar. Y si se utiliza de propósito como argumento y coartada traspasa toda ética en la crítica política.

En fin y como conclusión, suplico a los creadores actuales de tal figura, así como a los medios que lo propagan, y a los lectores de buena fe que creen en esta tesis, que no jueguen con estos términos, que son muy serios y que en tiempos no remotos provocaron, si no situaciones de muerte, sí torturas, calumnias y desprestigio mediático.