El coño de su puta madre

17 jun 2013
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Sánchez-Gordillo no es Vargas Llosa. Ni en las formas de expresión ni en las ideas. En una Asamblea de IU ayer en Sevilla, Gordillo le dijo a la Europa de los mercaderes que se fuese al coño de su puta madre cuando atacaba la Ley de Reforma de la Administración Local, que califica de terrorismo democrático y fascismo centralista contra los ayuntamientos de menos de 5.000 habitantes, cuando defendía también la creación de un banco público de tierras para hacer que la tierra sea para quien la trabaja, frente a la burguesía terrateniente, la más inútil de Europa, y cuando exigía apoyo para el Sindicato Andaluz de trabajadores.

Vargas sostiene que la utilización de lenguaje grosero revela cortedad cultural y mental, ello sin entrar a valorar si el fondo de lo que ha dicho el ordinario está justificado o no, e ignorando que hay veces, muchas, en las que el lenguaje soez refuerza lo dicho y es la única manera de que se le preste la importancia debida. Si Gordillo no lo hubiera dicho con esas palabras, su mensaje habría quedado inadvertido. Las formas son parte de la esencia. Y de una manera de pensar. Se dice ‘que se jodan’ y se admite sin apenas reprimenda y sin entrar a medir si es más grave que se jodan los parados o que el coño de la vieja Europa se organice en promoción capitalista. Se dice que ‘usted ha traicionado a los muertos por ETA, y el que lo dice llega a Presidente del Gobierno.

Los ciudadanos hablan según la adscripción social a la que pertenecen, la mayoría de las veces involuntariamente y sin mérito propio, y habría sido extraño y quedado cursi si Gordillo ayer hubiese empleado la ortodoxia verbal de un Premio Nobel o un ilustrado ciudadano. Alguien tiene que seguir utilizando el acervo literario del castellano, también llamado español. El insulto genérico no tiene por qué ser proscrito ni descalificador. La UNESCO debería declararlo Bien Cultural de la Humanidad. Cela recopiló 1.100 palabras para decir puta. Los insultos liberan de la agresividad directa, existen en todos los idiomas, y queda ridículo decir, por ejemplo, vete a la porra. Además no se sabe bien quién es la madre de Europa. Un locutor le puede llamar paleto, malcriado y botarate a un juez concreto y con nombre y los tribunales le absuelven, pero un líder sindical no puede expresar en su onda verbal la rabia de la explotación a la que se somete a los jornaleros andaluces. Una ministra puede decir que los niños andaluces son analfabetos, o un ministro afirmar que hay que españolizar a los escolares catalanes, y no son objeto de sanción y crítica. No, lo grave es decir el coño de su puta madre. Los tacos y las expresiones burdas causan menos daño que las afirmaciones autoritarias de los elegantes y los mandatarios. Tras cientos de años se ha conseguido que la blasfemia desaparezca del Código Penal, cuando todos estamos hartos de exclamar ¡ostias! si nos quemamos o acordarnos del Sumo Hacedor por tanta injusticia como reparte.

La finalidad del lenguaje no es otra que la de que el interlocutor comprenda lo que quieres decir. Los finos y melindres lo rechazan en aras de una estética purista y clasista. Cada oveja con su palabra pareja, y cada persona con su circunstancia económico-social. El día en que todos seamos refinados en el decir, el idioma habrá muerto y los que así hablan serán falsificadores del impulso humano. Por eso Gordillo tenía razón y Europa es una entelequia que de momento no hace más que jodernos la vida con tanta austeridad y tanta leche. Dejemos al menos de ser austeros con las palabras, que son gratis. Aunque se asusten viejecitas, pusilánimes y biempensantes.

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