El inútil y penoso discurso del Rey

24 Dic 2014
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Como se sabe, o se debe saber, el Rey no dice lo que quiere, sino lo que el Gobierno de turno le dice que diga. Obligadamente. Por ello, su discurso de anoche resultó inútil e innecesario. Fue como si lo pronunciase una funcionario de la Presidencia del Gobierno disfrazado de rey.

Su referencia a la mejora de las cifras macroeconómicas como aliciente de futuro constituyó un magnífico y subliminal spot en beneficio de la política del Gobierno. Cierto que hizo alusión al paro. Pero cierto también que no lo hizo ni a la desigualdad existente y acrecentada entre los españoles ni a los índices de pobreza angustiosos. Ni una palabra, que convirtió el discurso en penoso, fraudulento e irritante.

Decir que hay que cortar la corrupción es una simpleza y una obviedad. Afirmar que se debe recuperar la confianza en las instituciones puede provocar el equívoco de que es culpa de los ciudadanos esa desconfianza y no de las instituciones. Se supone que su no alusión a los partidos políticos se debe a que los encuadre genéricamente en las instituciones, que queda como más espumoso y olvidable. Particularmente a mí me pareció correcto que no hablara de su hermana.

Plantear el problema de Catalunya como una cuestión sentimental me hace creer en la insuficiencia de sus argumentos. Hacer un defensa cerrada de la Constitución, sin abrir la posibilidad de cambios, muestra su talante enteramente conservador, coincidente también con las posiciones del Gobierno, y le aleja, probablemente, tanto de la gran mayoría de los ciudadanos catalanes como de los demás españoles que ansían mejoras constitucionales.

Lo peor del discurso es que dijo lo mismo que el padre durante treinta años, aunque lógicamente con más brío que en los últimos. Es decir, lugares comunes, sin un soplo de imaginación o novedad, sin una creencia en que su figura pueda tener influencia. Porque lo triste es que nadie le hará caso. Los españoles, creo, están cansados de más de lo mismo, cansados de buenas intenciones y pocos hechos. ¡Mira que sí el año que viene tiene que leer su discurso con el visto bueno de Podemos!

Por cierto, el decorado era horrible.

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