Opinion · Puntadas sin hilo

El futuro imperfecto de España

Con la grave e inminente crisis económica mundial que de modo ineludible nos afectará y con los recortes de más de diez mil millones de euros a que nos obliga la Unión Europea resulta sorprendente el desmedido interés de nuestros líderes políticos por gobernar. El Gobierno que llegue estará condenado a la crítica feroz y probablemente al fracaso. Ésta es la situación ante la que todos mienten. Ninguno señala estas dos cuestiones al anunciar sus programas, todos lo silencian como si no existieran y no fueran a repercutir en su acción de gobierno. Deberían afrontarlo y no engañar a los españoles. El cercano futuro no es muy prometedor, pero adquiriría fuerza moral y política quien lo advirtiese. Ya está bien de que nos oculten las previsibles dificultades con el fin de llegar al poder. Porque gobernar será un sinvivir y un castigo, Y como tal castigo el Gobierno debería decidirse por sorteo y al que le toque que apande. Nada de lo que dicen podrán cumplirlo. Bien es cierto que unos tratarán más que otros de evitar desigualdades e injusticias, y a ésos sería a quienes sería decente que les correspondiese, dada la imposible implantación del castigo del sorteo obligatorio para gobernar. Gobierne quien gobierne volveremos al invierno de los recortes y las penalidades. Mientras no se arregle lo de China y lo del petróleo, ahora dominado por Estados Unidos gracias a su éxito con el fracking , la situación no se resolverá. Amén de otras circunstancias, como Brasil y Rusia, el desconcierto europeo o las migraciones masivas causadas por los conflictos de Oriente Medio. Hablar de programas y pactos de Gobierno como si todo lo anterior no gravitase sobre nosotros es un engañabobos. Más allá de la aritmética para la investidura y de las estériles discusiones, soberbias, desplantes y exigencias exageradas, decir la verdad no es derrotismo ni pesimismo crónico. Es la única forma de honestidad política. Algo que, a lo mejor, los españoles agradecíamos.

Deseemos, pues, un Gobierno progresista, pero sepamos que el camino estará lleno de obstáculos casi insalvables, y no por sus políticas nacionales, sino porque la bicha del capitalismo mundial nos sigue sometiendo. Como sometería a cualquier opción conservadora. Ahí radica el miedo y no en las miserables amenazas del Gobierno en disfunciones.

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