Opinion · Puntadas sin hilo

Si yo fuera Pablo Iglesias (2)

Vicenç Navarro sostiene que el verdadero obstáculo por el que las izquierdas representadas por el PSOE (sic) y por Podemos no llegan a un acuerdo es el tema económico y no la exigencia de Podemos de la celebración de un referéndum en Catalunya. Es fácil rebatir este argumento de Navarro: que Pôdemos posponga esa exigencia de referéndum y comprobaremos si hay acuerdo en lo económico o no.

Ese referéndum abriría las puertas a la independencia no solo de Catalunya sino al menos de dos o tres comunidades autónomas como Euskadi, Navarra y tal vez Galicia. Y el imprevisible café para todos en las demás. Es decir, España desaparecería. Y no vale decir que Podemos no desearía la salida de Catalunya de España y que ellos la convencerían para que permaneciese. La puerta está abierta. Asimismo es falaz el argumento de que la celebración de ese referéndum es lo democrático. No. Lo democrático es el respeto a lo acordado en la Constitución, y acudir a y conseguir lo establecido en la propia Constitución para reformarla.

Pero lo inmediato es que el próximo día 5, Rajoy podría dejar de ser presidente y el Partido Popular pasar a la oposición y sacudirnos esa pesadilla, y ello no ocurrirá porque Podemos votará en contra de la investidura de Sánchez. Así de simple. El acuerdo entre el PSOE y Ciudadanos no es el deseable, pero al menos supone avances en temas concretos que afectan al bienestar de los españoles más desfavorecidos, y eso es lo que Podemos impedirá con su voto negativo.

Anuncia Podemos que, pasada la investidura fallida de Sánchez, están abiertos a reiniciar el diálogo. Pero el obstáculo insalvable de Catalunya permanecerá e impedirá acuerdo alguno. Podemos no quiere o no puede prescindir de la exigencia del referéndum y el PSOE de ninguna manera lo aceptará. Y a la vez, la sombra alargada de la derecha retomará fuerza y el peligro gravísimo de un acuerdo entre el PP y Ciudadanos y alguno más para formar gobierno se hará real.

Y si se llega a nuevas elecciones, las posiciones serían casi idénticas. Aparte de que habrá que ver si Podemos consigue consolidar sus confluencias, – lo que es dudoso en Catalunya donde Ada Colau está en trámite de conformar un nuevo partido de ámbito nacional -, y de si la colaboración entre Podemos Y Unidad Popular-Izquierda Unida cuaja electoralmente. Pero en todo caso la sombra alargada y reforzada de la derecha continuará, y todo por no cortar, políticamente, la cabeza de Mariano Rajoy el próximo día cuatro o cinco y que el destino le reserva y pone en bandeja a Pablo Iglesias. Triste día será, cuando debía ser el del comienzo de una nueva etapa democrática alejada de la corrupción y en la que antes o después nos llevase a solventar las urgencias sociales, a pesar de las imposiciones de Europa. Y si el PSOE y Ciudadanos no cumplen mínimos, tumbarlos sería facilísimo y al cabo de dos años asaltar los cielos con todas las garantías y sin haber aumentado el sufrimiento de los españoles. Pero Iglesias sabrá. Allá su conciencia.

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