Carta a Cristina Cifuentes

A la atención de la Señora Cristina Cifuentes, Delegada del Gobierno en la Comunidad Autónoma de Madrid.

Mi nombre es Carlos Huerga Morcillo, con DNI 5XXXXXX0-S.

Nací y resido en Madrid. Trabajo en la industria y, aparte de ciudadano, soy lo que se podría decir un “ser político”: colaboro en la paralización de desahucios, en los distintos movimientos de defensa de servicios públicos y tengo afinidades políticas, al igual que usted y mucha otra gente. Sin embargo, esta carta se la escribo desde una faceta que estrené hace cinco meses: la de padre.

El pasado sábado 22 de marzo asistí con mi hijo a la manifestación convocada en Madrid con el nombre de “Marchas por la Dignidad”. Lo hice porque tanto a mí, como a mi familia y a mi entorno nos está afectando negativamente la gestión de la crisis. Estamos sufriendo un importante retroceso de derechos. Incluso, viendo la vida como padre, estoy muy preocupado porque probablemente mi hijo no tenga las mismas posibilidades que yo he tenido.

No fui a la manifestación con miedo, pero sí le tengo que admitir que iba con un poco de desconcierto. No porque pensase que iba a ser una manifestación peligrosa, ya que no he encontrado ninguna razón para pensarlo. Iba con un poco de desconcierto porque ustedes habían anunciado un dispositivo de 1.700 agentes de la UIP, una cifra récord.

Estuve cerca de tres horas en la manifestación, encontrándome con varios amigos y amigas. Todos me decían lo mismo: era conveniente que no estuviera mucho tiempo en la manifestación con mi hijo, con el despliegue policial que había era peligroso. Aprecié cómo ustedes no sólo habían conseguido sembrar ese desconcierto en mi, era general.

Me marché y desde mi casa estuve siguiendo la manifestación por las redes sociales y el programa especial de La Tuerka. Comprobé que mis sensaciones previas estaban justificadas ya que hubo bastantes disturbios.

Han pasados ya unos días. He estado leyendo la prensa, informándome y viendo los videos que distintos periodistas han colgado en la red. He visto cómo la UIP comenzó a cargar antes de que terminara el plazo dado por la Delegación de Gobierno para poner fin a la manifestación. Llegaron a cargar en la propia Plaza de Colón, cuando todavía había gente en el escenario. Incluso desde la megafonía del acto se pidió a la policía que no cargara.

Viendo todo el material, mi conclusión es que se aprovecharon los disturbios que se dieron en la Calle Génova, para comenzar una batalla campal que llegó al Paseo de Recoletos,  desde donde perdieron el control. He visto que ustedes han detenido a 24 personas y las cifras de heridos que se han proporcionado. Cuando veía el programa especial de La Tuerka, vi como en una conexión telefónica con una periodista acreditada se tuvo que interrumpir por una carga policial.

También he visto que un policía acabó con un traumatismo craneoencefálico (cosa que no justifico en esta carta), así como otras noticias o tuits de @policia en los que se informaba de un gran número de agentes heridos. He visto que la policía mostró unas armas supuestamente incautadas en la manifestación (creo que una muleta con un arma afilada incorporada y bolas de acero), que resultaron haber sido incautadas días antes. He visto policías cargando contra gente que sujetaban una pancarta, insultar a manifestantes (les gritaron “guarras”) y disparar bolas de goma a “quemarropa”, cosa que aparte de peligroso, es ilegal. He visto que un manifestante ha perdido un testículo y que otro ha estado a punto de perder un ojo. He visto que seiscientos agentes de la UIP se han manifestado (cortando carretera y sin autorizar), pidiendo el cese de sus mandos por la mala gestión de los altercados. He visto que permanece una persona detenida (la policía le acusó de homicidio, pero el juez rebajó a lesiones) y que el resto de detenidos fueron liberados con cargos. También he visto que han denunciado malos tratos en la Comisaría de Moratalaz. .

Creo que hay argumentos suficientes para sostener que la gestión por su parte ha sido nefasta. La misión de los agentes antidisturbios, según entiendo por su nombre, es evitar disturbios. No es una locura decir que en lugar de evitarlos, los produjeron. Si hay un provocador, ¿por qué hay que cargar contra toda una manifestación?, si es ilegal acampar en el Paseo de Recoletos, ¿por qué se carga violentamente en lugar de poner una sanción administrativa, como corresponde según la ley?, ¿es ilegal llevar una pancarta?

Como madrileño y como padre, usted ha hecho que para que yo pueda ejercer mi derecho a manifestarme, haya tenido que poner en riesgo la seguridad de mi hijo. Usted no tiene derecho a eso.

A la luz de los hechos, creo que el objetivo de la actuación del dispositivo policial es que la gente tenga miedo a manifestarse. Que la prensa no recoja las reclamaciones que más de un millón de personas (dato obtenido calculando la superficie cubierta por la manifestación y la densidad de esta) pedían, sino que hablen de violencia.

Por todo esto, le pido que dimita de su cargo como Delegada del Gobierno. Usted es la máxima responsable de lo ocurrido el sábado 22 de marzo. No sé si algún mando no siguió sus órdenes, si lo hizo o si se excedió. En cualquier caso, las responsabilidades escalan. Si le obedecen, la responsabilidad es suya, si no lo hacen, también.

La pido que dimita porque su gestión en este caso, como otros que se están dando en Madrid, está anulando nuestros derechos con una intencionalidad política. Usted no es quien para arrebatarnos derechos ni para ponernos en peligro. A usted no la hemos elegido. Dimita por favor.

Atentamente.

Carlos Huerga Morcillo

Madrid a 29 de Marzo del 2014

Nota: esta carta ha sido enviada a Cristina Cifuentes, Delegada del Gobierno de la Comunidad Autónoma de Madrid el 29 de Marzo, una semana después de las Marchas de la Dignidad