Opinion · Asaltar los Suelos

¿Feliz? 2015

Los días de transición de un año a otro suelen ser un periodo en el que reflexionamos sobre el año que termina y nos proponemos metas para el que llega. En 2014 hemos vivido (o tenido que soportar) tantos sucesos que sería muy difícil escoger el que mejor lo resume: las tarjetas black, la imputación de la Infanta, la crisis del Ébola, la sucesión monárquica, la ley de seguridad ciudadana, el referéndum en Cataluña, Podemos, o incluso el Pequeño Nicolás.

Hace unos días daba un paseo reflexionando sobre este tema, cuando entré en una calle en la que había dos filas enormes de personas. En un primer momento nada me extraño, ya que en la acera de la derecha hay un teatro y en la izquierda unos cines. Tampoco me llamó la atención la gente que había en cada fila; no había nada en esas personas que me pareciera llamativo. Al avanzar, me di cuenta que la cola de la derecha, efectivamente, era del teatro. Pero la de la izquierda no era gente esperando para entrar al cine: sino para recibir la comida que reparte el comedor social que está al lado. Esta imagen me pareció de una lucidez sobrecogedora: dos realidades sociales (ocio y hambre) que a simple vista se pueden confundir y que conviven a escasos tres metros de distancia. Definitivamente, 2014 ha sido el año de la consolidación de la fractura social.

Llevamos siete años sumidos en una profunda crisis económica en la que hemos sacrificado todo lo que nos han pedido por el “bien de la economía”. Sin embargo, el paro no ha hecho más que aumentar y los colchones económicos con los que podíamos contar se han ido desgastando estos siete años. A esto hay que añadir otros factores que no ayudan precisamente a solucionar la situación: la ausencia de soluciones para la gente que está siendo desahuciada de sus casas sin tener una solución habitacional (en 2014 los desahucios hipotecarios aumentaron con respecto al 2013), los recortes en sanidad responsables, entre otras cosas, de que miles de personas no puedan acceder a tratamiento, los recortes en educación que cada vez expulsan a más jóvenes a una vida precaria, etc.

Con este panorama, es muy fácil que si te quedas sin trabajo, sin casa o simplemente enfermas y tu entorno no es capaz de ayudarte, ya sea porque ha agotado sus recursos o porque nunca los ha tenido, tu vida dé un giro decisivo y pases de esperar para comprar unas entradas a esperar a que te den un plato de comida. La distancia que separa estas dos filas cada vez es más pequeña

Incluso, si consigues permanecer en la cola del teatro y librarte de la fractura social, puedes no escapar de la huella social que nos está dejando la crisis: los estudios que no cursarás, la formación que nunca ejercerás, la emancipación que no te podrás permitir, los hijos que ya no tendrás o la emigración que te está esperando (a ti o a los tuyos) para poder trabajar.

grafico 2Quizás 2014 ha sido el año en el que esta fractura social se ha hecho más explícita. Los datos corroboran lo que cada día vemos en nuestras calles. No hay más que atender la encuesta de Condiciones de Vida de 2013: uno de cada cinco españoles viven por debajo del nivel de la pobreza. O los demoledores resultados del último Informe Foessa (2014), donde se muestra que el 25,1% de los españoles viven en alguna situación de exclusión, mientras que sólo el 34,3% vive en una situación de integración plena. La evolución de los datos confirma cómo el número de personas que cruzan la calle para cambiar de cola aumenta rápidamente.

No sólo acaba 2014, también empieza 2015. Este año el trasvase puede seguir creciendo o puede ser el comienzo de un cambio de rumbo. Feliz 2015.