¿Ha muerto el Aguirrismo?

Carlos Huerga

Una vez más, Esperanza Aguirre ha dimitido. Y una vez más, ha dejado a todo el mundo descolocado con esta jugada.

Aunque ya tenemos experiencia en estas lides, mucha gente se pregunta si esta es la definitiva o si, por lo contrario, esto más que un paso atrás es un avance en paralelo. Si analizamos cada una de las estancias territoriales en las que ha tenido impacto esta noticia, nos podemos hacer una idea de por dónde pueden ir los tiros de esta jugada.

En el Ayuntamiento de Madrid, nada cambia. A pesar de que Esperanza dimite (por responsabilidad política), en su rueda de prensa dejó clarísimo que va a seguir como portavoz del grupo popular en el Ayuntamiento. Con esto, trata de ganarse cierta legitimidad en la derecha como única dirigente del Partido Popular que asume esta responsabilidad, reservándose un puesto clave para el PP: seguirá siendo la cabeza visible de la oposición al gobierno de Manuela Carmena. Especial interés tiene esta misión si tenemos en cuenta como se pone el foco mediático en Madrid con cada actuación del Ayuntamiento, sea este una actuación que entre dentro de la normalidad, como los recortes del tráfico para luchar contra la contaminación de Madrid, o sea un error cometido por el consistorio.

En la Comunidad de Madrid, parece que le deja el camino libre Cristina Cifuentes para dirigir el Partido Popular en la región, pero puede que esto sea un caramelo envenenado.

Por un lado, ha empoderado a Ciudadanos, atribuyéndole el papel de responsable de su dimisión tras haber pasado por la comisión anticorrupción que este había sacado adelante con el apoyo de Podemos y el PSOE, con la oposición del PP. Por el otro, también les pone en una situación que les puede tensar en el futuro: ¿Qué ocurriría si, de entre todos los casos de corrupción del PP, alguno de ellos acaba salpicando a algún miembro del grupo de Cifuentes (alguno de ellos impuesto por la propia Aguirre)? Aquí se puede llegar a abrir un futuro melón: la moción de censura a Cifuentes.

A todo esto hay que añadirle que, aunque Aguirre de un paso atrás, queda por ver si consigue poner en buena posición a alguien de su cuerda para competir con Cifuentes en la carrera a la dirección del PP de Madrid.

En la órbita estatal, pone toda la presión en el lado de Mariano Rajoy. Con un partido plagado de casos de corrupción, unas elecciones en las que el Partido Popular ha perdido la llave para formar gobierno y un escenario en el que se plantea la cabeza de Rajoy como sacrificio para dar a luz la gran coalición por distintos sectores, ella, Esperanza Aguirre, le muestra el camino que también debería seguir el presidente del PP estatal. A lo que hay que añadir la presión en el plano interno por la posibilidad de que Podemos entre en un gobierno con el PSOE.

Además, Esperanza Aguirre se llenó el pecho de medallas durante su rueda de prensa llamando a convocar congresos en el PP, clamando por las bondades de cada una de las personas que forman parte del Partido Popular y de la necesidad de que todas estas puedan participar bajo la premisa de que cada uno de ellos cuente con un voto. Cuando llegue este momento, seguramente volveremos a ver algún movimiento de Aguirre.

Analizando cada una de estas estancias, parece que más que dar un paso atrás en la política, Aguirre ha visto el escenario político como una mesa de billar en la posición ideal para realizar una carambola, en la que meter varias bolas de un solo golpe. Y claro, como pasa en el billar americano, cuando metes bola, vuelves a tener turno. Seguro que volveremos a ver a Esperanza Aguirre en la primera línea de la política del Partido Popular.