Cuando Sánchez jugó al catenaccio

Carlos Huerga

Tras el debate a cuatro del pasado lunes, no hay un consenso general sobre quién ha sido el ganador, pero sí sobre quién ha quedado más tocado: Pedro Sánchez. Atacar a Podemos por no sumarse a su pacto con Ciudadanos y mostrarse como alternativa a Rajoy no fue una estrategia creíble, ha debilitado la figura de Sánchez y hace pensar que mantener este guion durante el resto de la campaña es un error.

Pero, ¿por qué en el PSOE han optado por esta estrategia?

En el 20D, el PSOE perdió un porcentaje importante de votos que se fueron, principalmente, a Podemos. Para el 26J, en lugar de preocuparse por recuperarlos ilusionando y convenciendo con sus ideas, han optado por asentar a los que les fueron fieles y votaron al PSOE. Con este objetivo, buscan la confrontación con Podemos y alimentan el rencor que las bases socialistas pueden tener por la formación morada y por su líder, Pablo Iglesias. Dicho de otra manera, el PSOE ha decidido que en esta campaña va a jugar al “catenaccio” y esto puede ser demoledor para el futuro tanto de Sánchez como para el del partido socialista.

El catenaccio es una estrategia que puede funcionar si estás dispuesto a defender constantemente y a dar todas las patadas que sean necesarias para mantener tu portería a cero. Si consigues esto y tienes un delantero rápido y ágil que en un contrataque sea capaz de marcar un gol, puedes ganar el partido. Pero ni el PSOE comienza el partido con el marcador a cero, ni Pedro Sánchez (ni nadie de su equipo) es capaz de despuntar y marcar al contrario.

El PSOE empieza el partido perdiendo: un alto porcentaje de ciudadanos les ven como responsables de la repetición de elecciones. Además, la nueva marca “Unidos Podemos” les ha desplazado al tercer puesto en las encuestas (tanto en número de votos como en diputados). Con este escenario, enrocarte en convencer solo a la gente que te ha sido fiel significa que te vas a poner a defender en un partido que ya vas perdiendo.

Pero esta no es la única debilidad de la estrategia.

Tras el debate, el PSOE ha intentado dos contrataques. El primero, el de Jordi Sevilla, diciendo que hay que permitir la investidura del candidato que reúna más apoyo del parlamento. Según las encuestas, Jordi Sevilla está diciendo que el PSOE va a apoyar la formación de un Gobierno del PP. Esto, más que afianzar a sus bases, podría romper el partido.

El segundo contrataque, y marcado por la mala repercusión del primero, fue el de Pedro Sánchez diciendo que “no va a haber ni gran coalición ni Iglesias va a ser Presidente del Gobierno”. Esto sería útil si Sánchez y el PSOE fuesen una opción creíble de gobierno, pero en el escenario actual, con un probable tercer puesto en las elecciones y el fracaso en las pasadas negociaciones, simplemente, no lo son. Así, estas declaraciones, más que un argumento para votar al PSOE, parecen un canto a la alegría.

Si en vez de jugar al catenaccio, optaran por jugar al tiki-taka y fuesen capaces de volver a ilusionar a su electorado natural, podrían obtener un mejor resultado. Pero de seguir con la estrategia italiana, el escenario al que se enfrenta el PSOE para el 26J puede ser uno de los peores de su larga historia, el de convertirse en un partido irrelevante para la política española.