Rabinos que caldean el ambiente

Algunos rabinos no se muerden la lengua en ninguna circunstancia. En los últimos tiempos están dando instrucciones claramente discriminatorias y hasta racistas contra los árabes de la Galilea sin que el gobierno israelí intervenga. Ha habido dictámenes que piden a los judíos que no alquilen habitaciones o casas a los estudiantes árabes de la ciudad de Safed, así como otros que directamente prohiben a los judíos comerciar con los árabes.

El editorial del Haaretz de ayer se titulaba “Racismo al amparo de la Torá”. Denunciaba especialmente el comportamiento del rabino jefe de Safed, Shmuel Eliyahu, quien alega que “los modos de vida de los gentiles son diferentes de los judíos, y hay algunos gentiles que nos maltratan hasta el punto de ponernos en peligro de muerte”, utilizando este argumento para discriminar a los árabes.

Pero la Torá, es decir el Pentateuco, o los cinco primeros libros de la Biblia, está plagada de violencia. Se pasan a cuchillo a pueblos enteros, incluidos niños y mujeres, por un quítame allá esas pajas. La violencia está muy enraizada en la Torá y los estudiantes rabínicos maman esos libros desde antes de tener uso de razón. No debe extrañar, por lo tanto, que en ocasiones sus rabinos sigan abierta y públicamente el ejemplo de lo que han estudiado durante toda su vida y consideran la verdad absoluta.

El judaísmo ha perdurado en la diáspora gracias al aislamiento de las comunidades judías, un aislamiento generalmente escogido por ellas, aunque no siempre, y que ha heredado Israel. El hecho de que el Estado no permita los matrimonios mixtos, es decir que los judíos se casen con gentiles, prorroga la necesidad de aislamiento que tienen la inmensa mayoría de judíos de Israel.

Algunos intelectuales bienintencionados abogan por el establecimiento de un Estado aconfesional y binacional que incluya a israelíes y palestinos. Es una idea hermosa pero prácticamente inviable debido, en gran parte, a la necesidad de aislarse del judaísmo israelí.