Un mes después de que comenzaran las filtraciones sobre WikiLeaks, la opinión pública está dividida en dos sectores. El primero considera peligrosa la revelación de secretos de Estado, mientras que el segundo encuentra apropiado que se sepa cómo funciona el aparato diplomático de Estado Unidos.
El diario O Estado de Sao Paulo publicó ayer una entrevista con el fundador del portal, el informático australiano Julian Assange, donde éste comenta algunos aspectos del asunto y saca conclusiones. “Los valores americanos se están echando a la basura”, dice durante la entrevista. “Simplemente se ha revelado lo que antes no se veía”, y se ha desvelado, entre otros asuntos, la “falsedad de la retórica de Estados Unidos sobre la libertad de prensa en China” y en otros países.
Me parece muy acertado que WikiLeaks esté filtrando los despachos de las embajadas y consulados de Estados Unidos en el mundo puesto que nos permite ver la realidad detrás de las bambalinas, un mundo que normalmente se nos oculta y que como contribuyentes tenemos derecho a conocer. Porque la política exterior de Estados Unidos afecta a todo el mundo, y todos tienen derecho a saber qué se hace con su dinero.
Assange cuenta que recibe amenazas de muerte a diario, tanto él como su familia, incluidos sus hijos, y revela que WikiLeaks tiene en su poder “muchas revelaciones que tendrían un impacto político muy grande para los gobiernos de Estados Unidos” y de otros países. “No creo que sea probable, aunque no es imposible, que el gobierno de Estados Unidos intente asesinarme, pero hay muchos individuos, militares o enfermos mentales, que podrían intentarlo influidos por las declaraciones de los políticos”, comenta Assange.
Hace algo más de un mes un grupo de jóvenes dio una paliza a un turista chileno en el Parque de la Independencia de Jerusalén. El turista tuvo que ser ingresado en un hospital. No tenía ni la más remota idea de por qué le habían agredido. Pero ahora se ha sabido que los atacantes eran un grupo de nueve adolescentes que lo confundieron con un árabe, una razón suficiente para propinarle la paliza. La policía los ha detenido y se encuentran bajo arresto domiciliario.
La policía dice que el grupo de adolescentes. oriundos de Jerusalén y de colonias israelíes que hay en los territorios ocupados, agredían sistemáticamente a todos los árabes que se cruzaban en su camino. Su lugar preferido para atacar las víctimas era el Parque de la Independencia. Una niña de 14 años se acercaba a la víctima y le pedía un cigarrillo, implicando que quería mantener relaciones sexuales. Así llevaba al palestino hasta una zona donde se ocultaban sus compañeros y entre todos le daban una paliza.
Según el concejal Meir Margalit, del partido liberal Meretz, los agresores se cubrían la cabeza con kipás de colores y negras (las negras las usan los judíos ortodoxos). Margalit se pregunta qué habría hecho la policía si la situación hubiera sido al revés y los árabes fueran quienes daban palizas a los judíos. Según el concejal, la policía habría actuado de otra manera.
Una sociedad donde se exacerba la religión o el nacionalismo, o ambas cosas a la vez, coomo es el caso de Israel, difícilmente puede comportarse igual con todos sus miembros.
La frustración palestina es enorme. No existe ninguna manera de que Israel congele las colonias judías que hay en los territorios ocupados ni existe ninguna manera de que los israelíes apliquen las resoluciones internacionales. Ha llegado el momento de que la comunidad internacional intervenga, aunque en realidad ya es demasiado tarde para acabar con la implacable voracidad israelí.
Según Muhammad Shteyeh, del comité central de Fatah, los palestinos de Cisjordania están incubando una nueva estrategia, aunque se trata de un proceso muy lento que podría durar años, y que en ningún caso contempla la violencia. Mientras tanto, a corto y medio plazo, los palestinos piensan presentar una iniciativa ante el Consejo de Seguridad de la ONU para que la comunidad internacional reconozca al Estado palestino en las fronteras de 1967. Pero esto no lo podrán hacer hasta después de enero puesto que ahora mismo Estados Unidos preside el Consejo y en su condición de presidente tiene derecho a aprobar el orden del día. Sin embargo, parece que Estados Unidos siempre vetará una resolución condenatoria de Israel, en enero o después de enero.
Si este plan no funciona, y eso es lo que parece, los palestinos recurrirán a la Asamblea General de la ONU, cuyas decisiones no tienen carácter vinculante, de manera que una resolución de la Asamblea General solo tendrá un carácter solidario, pero no obligará a Israel a reconocer la frontera de 1967.
El siguiente paso que los palestinos tienen previsto dar, si no funcionan los dos anteriores, es pedir a la ONU un Custodio para los territorios ocupados. “El último paso que daremos los palestinos será dejar de dar los servicios municipales que estamos dando”, dice Shteyeh. Fatah en ningún momento considera volver a la lucha armada. Lo máximo que haría Fatah sería dejar de funcionar como administración, con lo que probablemente se crearía un caos general en Cisjrodania.
Como guinda, el primer ministro Binyamin Netanyahu califícó de “hipócritas” a las oenegés que denuncian la ocupación.
La Cámara de Representantes anunció el jueves por “consenso”, o sea sin llegar a votar la resolución, que se opone a que los palestinos declaren un Estado sin que previamente lo acuerden con los israelíes. El Congreso sabe que los israelíes no quieren un Estado en las fronteras de 1967 y que tampoco quieren salir de Jerusalén oriental y de otras zonas importantes de Cisjordania, es decir que el Congreso sabe que está condenando a los palestinos a la nada.
Es más, la Cámara de Representantes no se queda ahí, sino que insta al presidente Barack Obama a que vete en el Consejo de Seguridad de la ONU cualquier propuesta de resolución que no le guste a Israel. Como está visto que Israel solo acepta continuar con su política unilateral en los territorios ocupados, la decisión del Congreso implica dar a Israel carta blanca para seguir haciendo lo que quiera.
El presidente del comité de Asuntos Exteriores del Congreso, el demócrata Howard Berman, ha sido el padre de la iniciativa, donde se dice eufemísticamente que el Congreso apoya una “solución negociada” entre israelíes y palestinos. Pero qué ocurre cuando Israel se niega a negociar sobre las resoluciones del Consejo de Seguridad. Apoyar en estas circunstancias una “solución negociada” equivale a la nada más absoluta, y en el mejor de los casos ratifica la ocupación y los excesos que Israel comete a diario en los territorios ocupados.
Al poco de ser elegido presidente del comité de Asuntos Exteriores, el demócrata Howard Berman declaró a la revista judía americana Forward: “Incluso antes de ser demócrata ya era sionista”. Tal vez esto ayude a explicar por qué ha apadrinado la iniciativa.
Se ha llegado a una situación en la que la “negociación” no conduce a ninguna parte, de ahí que la iniciativa del Congreso, aunque sea aparentemente “equilibrada”, es en realidad muy desequilibrada. En este punto el único camino posible consiste en forzar a Israel a aplicar las resoluciones internacionales.
‘Para gloria del Estado de Israel’. Así, casi copiando palabra por palabra la máxima jesuitica, titula el periodista Adar Primor su última columna en Haaretz, donde denuncia una “alianza no sagrada” entre la derecha israelí y la extrema derecha europea, “entre figuras de la derecha israelí y nacionalistas extremos, incluso antisemitas, de Europa”, una relación que vive su momento álgido en Tierra Santa, según Primor, adonde en los últimos ha acudido una cualificada representación europea de origen dudoso.
El primero de los “pirómanos” que estos días visita Israel es el diputado holandés Geert Wilders, “que es casi un invitado permanente”, quien ha llegado de la mano del diputado de Unión Nacional Aryeh Eldad “para persuadirnos de que Jordania es Palestina”, dice Primor. Hace un par de años Wilders saltó a la fama con su documental “Fitna”, donde relacionaba el Corán con el terrorismo y Mein Kampf.
“Otro experto europeo en prender fuegos es el político belga Filip Dewinter”, que visita Israel invitado por el importante partido de Avigdor Lieberman, al que a menudo se le tilda de racista y xenófobo, pero que en realidad es tan islamófobo como lo puedan ser Wilders o Dewinter, si no más. “Dewinter es el líder del partido Vlaams Belang, sucesor del movimiento nacionalista flamenco, muchos miembros del cual colaboraron con los nazis. Entre sus miembros actuales los hay que niegan el Holocausto”. “En 1988, Dewinter presentó sus respetos a las decenas de miles de soldados nazis enterrados en Bélgica, y en 2001 inició una alocución con el juramento que utilizaban las SS”.
Pero “el diamante más brillante en esta corona racista es Heinz-Christian Strache”, líder del Partido de la Libertad austríaco, a quien Primor dice que podemos considerar como “biznieto de Hitler”. Su abuelo sirvió en las SS y su padre en la Wehrmacht. De joven militó en una asociación que prohibía la pertenencia a los judíos y realizó ejercicios paramilitares con nazis, según Primor. Strache, como los dos anteriores, también acaba de visitar Israel, y cualquiera diría que Israel se ha convertido en la meca de la extrema derecha europea, de la mano de los partidos que están integrados en la coalición de gobierno.
Si el refrán ‘dime con quién andas y te diré quién eres’ sigue teniendo validez, la situación de la derecha israelí revela mucho de su verdadera orientación política. Sus compañeros de viaje europeos tienen un denominador común: todos son extremistas e islamófobos redomados. Dice muy poco de estos israelíes que prefieran a sus amigos racistas y neonazis antes que retirarse de los territorios ocupados, como demandan las resoluciones internacionales.
Un grupo de destacadas personalidades europeas ha instado a las potencias mundiales a adoptar sanciones contra Israel para obligar al Estado judío a poner fin a la creciente expansión en las colonias ilegales que proliferan por los territorios ocupados. Se trata de 26 personalidades, entre las que hay ex jefes de Estado, como el ex presidente alemán Richard von Weizsacker, ex jefes de gobierno, como Felipe González, ex ministros y ex responsables de instituciones europeas, como Javier Solana o el italiano Romano Prodi.
Los firmantes elaboraron una lista de recomendaciones a los órganos ejecutivos de la UE durante una reunión que celebraron en Londres a mediados de noviembre último. Según Haaretz, no es casual que el documento europeo coincida con la reciente decisión de algunos países latinoamericanos, como Brasil y Argentina, de reconocer al Estado palestino en las fronteras de 1967, una decisión que ha sentado como un sarpullido en Israel.
Tampoco es casual que coincida con el anuncio que la semana pasada hizo Washington de que no ha podido convencer al primer ministro israelí, Binyamin Netanyahu, para que detenga la construcción en las colonias de Cisjordania, incluida Jerusalén.
Las personalidades europeas instan a la UE a que juegue un papel más efectivo en el conflicto, y a que advierta que no se profundizarán las relaciones con Israel y se congelarán los acuerdos bilaterales sino se paran las colonias. Recomiendan además que la UE solo acepte un canje de territorios limitado sobre la frontera de 1967.
En medios políticos palestinos se ha reaccionado con satisfacción, aunque dijeron con cierta ironía que las personalidades europeas deberían haber hecho más cuando estaban en el poder. Según estos medios, es habitual que algunos ex líderes europeos solo apoyen a los palestinos solo cuando han dejado el poder, y “en esto se parecen a los líderes israelíes, que hablan de paz cuando están en la oposición pero no cuando están en el gobierno”.
Lo que al principio parecía un hecho aislado, una anécdota más del rico anecdotario medioriental, aunque fuera una anécdota bastante colorida, se ha convertido en un clamor. Más de 300 rabinos ya han firmado el texto de una proclama mediante la que se pide a los propietarios israelíes judíos que no alquilen o vendan sus viviendas a los gentiles, aunque también sean ciudadanos de Israel. El primero en dictar el decreto fue el rabino de Safed, la ciudad de la Galilea en la que nació Mahmud Abás en 1935, pero en las últimas horas el decreto se ha extendido como la pólvora. El martes ya lo habían rubricado 75 rabinos, y ayer el número de firmantes superaba los 300, incluidos algunos rabinos muy importantes, y muchos rabinos que reciben su sueldo del Estado.
La magnitud de este problema, que se repite periódicamente, es tal que esta vez incluso ha intervenido el primer ministro. Netanyahu ha dicho que esas cosas no se deben decir. Y un grupo de intelectuales israelíes judíos ha pedido al abogado del Estado que tome cartas en el asunto. El gran rabino ashkenazi, Yona Metzger, ha optado por adoptar un perfil bajo y ha dicho que no actuará por propia iniciativa y solo estudiará el caso si algún otro rabino lo lleva ante el Consejo del rabinato.
El Yediot Ahronot de ayer denunciaba la proclama “racista” y que el abogado del Estado todavía no había decidido si abriría una “investigación criminal” contra los rabinos que apoyan al rabino de Safed, aunque al término del día dijo que la proclama era “inapropiada” para funcionarios públicos como lo son la mayoría de los rabinos. Se ha de tener en cuenta que el decreto no llega en plena intifada, cuando algunos seguramente encontrarían una justificación. Además, en la ciudad donde se originó apenas reside una pequeña comunidad árabe que básicamente está integrada por estudiantes que alquilan pisos durante el curso académico.
Entre los firmantes están también los directores de algunas de las escuelas rabínicas más importantes del país, como Eliyakim Levanon, que ha justificado el decreto diciendo que “En verdad, los árabes no quieren tener un vecino judío, lo que de verdad quieren es conquistar más lugares y tomar el control de Israel”.
No puede decirse que las elecciones parlamentarias egipcias, cuya segunda vuelta tuvo lugar el domingo, hayan sido plenamente democráticas. Más bien al contrario, la apabullante victoria del Partido Nacional Democrático, del presidente Hosni Mubarak, se produce después de forzar la retirada y el boicot de los Hermanos Musulmanes, que constituyen la única alternativa de gobierno seria, y después de innumerables irregularidades.
En general, los medios de comunicación internacionales liberales hacen campaña en favor de los grupos liberales egipcios. Pero en Egipto los grupos liberales suman en total cuatro gatos, ni siquiera cinco, y cada individuo liberal no representa ni a su propia familia. Los escasos liberales egipcios, con el apoyo de numerosos liberales occidentales, quieren establecer un Estado verdaderamente democrático en las riberas del Nilo. Sin embargo, para que la democracia funcione, es necesario un nivel económico, cultural y social que no se da en Egipto, y probablemente tampoco en el resto del mundo árabe.
En estas circunstancias, la opción democrática sencillamente no existe. Algunos liberales europeos sostienen que ha llegado el momento de permitir que los islamistas tomen el poder, porque probablemente respetarán las normas democráticas. Sin embargo, no tenemos precedentes en este sentido. Sabemos que el gobierno de Mubarak no es plenamente democrático, pero no sabemos qué harían los Hermanos Musulmanes si accedieran al poder. Simplemente no hay precedentes.
El caso de Irán, donde los islamistas tomaron el gobierno mediante una revuelta, es paradigmático. No se permiten candidaturas que no acepten los principios de la revolución islámica. En Gaza está Hamas, pero los fundamentalistas palestinos tampoco han demostrado una inclinación democrática significativa. En este contexto, el riesgo que correría Egipto bajo los islamistas es muy grande, y podría sentar precedentes para otros países de Oriente Próximo. Al menos esto parece pensar Mubarak cuando les cierra las puertas de las urnas.
Las opiciones están claras. Por una parte tenemos un gobierno que puede compararse más o menos con una dictadura blanda y que persigue al islamismo radical. Y por otro lado tenemos a unos islamistas cuyas verdaderas intenciones no conocemos, aunque sospechamos que perseguirían con denuedo a los no islamistas. Y hay que elegir entre unos y otros. No hay término medio.
Los cables del departamento de Estado que ha filtrado WikiLeaks no son tan jugosos como en un primer momento parecía, aunque de vez en cuando aparece algún telegrama que causa cierta sorpresa. El protagonista de uno de ellos es el consejero para la seguridad nacional de Alemania, Christoph Heusgen, quien el 10 de noviembre de 2009 se reunió con el estadounidense Philip Gordon, asistente de la secretaria de Estado Hillary Clinton, y le sorprendió cuando instó a los norteamericanos a presionar a Israel para que aplicaran una moratoria en la construcción dentro de las colonias judías que hay en Cisjordania. El alemán incluso recomendó a los norteamericanos que no renunciarán a desbloquear, como forma de presión, el demoledor informe Goldstone sobre la invasión israelí de Gaza en el Consejo de Seguridad de la ONU si Israel se continuaba negando a congelar la construcción.
Los alemanes son los aliados más estrechos de Israel en Europa. Se encargan de vetar en el seno de la UE las discusiones sobre el conflicto que se pongan peligrosas para Israel; y por ello causa estupor el contenido del telegrama divulgado por WikiLeaks. Los alemanes han dado a los israelíes tres submarinos con capacidad nuclear y se ponen de su lado ciegamente en todas las cuestiones relacionadas con Israel. De ahí la sorpresa general del cable.
Haaretz cuenta que dos meses antes de esa reunión Israel ya amenazó a Alemania con suspender una visita de Binyamin Netanyahu si los alemanes no sacaban de la agenda el tema de la construcción en las colonias judías.
El texto deja claro que los israelíes a veces se comportan como matones, diciendo, incluso a sus mejores amigos, a quienes les defienden incondicionalmente, qué temas pueden entrar en la agenda y qué temas no deben entrar. Y lo realmente sorprendente es que todavía en el siglo XXI se permita a este pequeño Estado hacer lo que le viene en gana e ignorar los principios más básicos de la ley internacional.
Mientras se publican los cables que se han cruzado la secretaría de Estado en Washington y las embajadas y consulados de Estados Unidos por el mundo en los últimos años, el partido Baaz iraquí, al que pertenecía Saddam Hussein, considera que las filtraciones de Wikileaks de octubre acerca de la invasión de Iraq aportan un material imprescindible para denunciar la ocupación militar de ese país que comenzó en 2003 y que ha causado un sinfín de víctimas.
El Baaz está estudiando presentar denuncias contra Estados Unidos en los tribunales internacionales, y para ello se reunirá con expertos en legislación internacional. El partido de Saddam Hussein está convencido de que por ese camino conseguirá compensaciones económicas para las víctimas, y piensa que aunque las compensaciones no lleguen pronto, tal vez podrán obtenerse más adelante, quizá dentro de algunos años, basándose en los documentos que ha aportado Wikileaks.
Los 400.000 documentos filtrados por Wikileaks en octubre recogen muertes de civiles y abusos de prisioneros en grandes cantidades, y según el Baaz prueban también que el Ejército estadounidense ha cometido crímenes de guerra por los que algún día tendrá que responder ante los tribunales.
El Baaz dominó Iraq hasta la invasión de 2003, cuando se prohibió el partido. Desde entonces los baazistas han actuado desde la clandestinidad y en contra de la ocupación, y muchos de sus líderes se han exiliado, principalmente a Siria y Jordania. Durante el ejercicio del poder, el Baaz cometió innumerables crímenes y reprimió al extremo a la oposición. Sin embargo, los baazistas sostienen el “remedio” que han aplicado los Estados Unidos ha sido mucho peor que la enfermedad.
Los baazistas consideran que el actual gobierno iraquí es ilegal puesto que se ha establecido bajo el dominio de una potencia extranjera.
Otros activistas internacionales también sostienen que las filtraciones de Wikileaks constituyen una base suficiente para denunciar a Estados Unidos y al Reino Unido, y a sus líderes George Bush y Tony Blair, aunque todavía no han dado ningún paso en ese sentido.