Ya son más de 300 rabinos

Lo que al principio parecía un hecho aislado, una anécdota más del rico anecdotario medioriental, aunque fuera una anécdota bastante colorida, se ha convertido en un clamor. Más de 300 rabinos ya han firmado el texto de una proclama mediante la que se pide a los propietarios israelíes judíos que no alquilen o vendan sus viviendas a los gentiles, aunque también sean ciudadanos de Israel. El primero en dictar el decreto fue el rabino de Safed, la ciudad de la Galilea en la que nació Mahmud Abás en 1935, pero en las últimas horas el decreto se ha extendido como la pólvora. El martes ya lo habían rubricado 75 rabinos, y ayer el número de firmantes superaba los 300, incluidos algunos rabinos muy importantes, y muchos rabinos que reciben su sueldo del Estado.

La magnitud de este problema, que se repite periódicamente, es tal que esta vez incluso ha intervenido el primer ministro. Netanyahu ha dicho que esas cosas no se deben decir. Y un grupo de intelectuales israelíes judíos ha pedido al abogado del Estado que tome cartas en el asunto. El gran rabino ashkenazi, Yona Metzger, ha optado por adoptar un perfil bajo y ha dicho que no actuará por propia iniciativa y solo estudiará el caso si algún otro rabino lo lleva ante el Consejo del rabinato.

El Yediot Ahronot de ayer denunciaba la proclama “racista” y que el abogado del Estado todavía no había decidido si abriría una “investigación criminal” contra los rabinos que apoyan al rabino de Safed, aunque al término del día dijo que la proclama era “inapropiada” para funcionarios públicos como lo son la mayoría de los rabinos. Se ha de tener en cuenta que el decreto no llega en plena intifada, cuando algunos seguramente encontrarían una justificación. Además, en la ciudad donde se originó apenas reside una pequeña comunidad árabe que básicamente está integrada por estudiantes que alquilan pisos durante el curso académico.

Entre los firmantes están también los directores de algunas de las escuelas rabínicas más importantes del país, como Eliyakim Levanon, que ha justificado el decreto diciendo que “En verdad, los árabes no quieren tener un vecino judío, lo que de verdad quieren es conquistar más lugares y tomar el control de Israel”.