La secretaria de Cooperación Internacional, Soraya Rodríguez, que estos días ha supervisado los proyectos de cooperación españoles en Cisjordania, se va sorprendida porque en un pueblo cercano a Nablús el Ejército israelí ha destruido cuatro veces la misma escuela. Cuando los palestinos la reconstruyen el Ejército alega que carece de permisos. Los niños, por el momento, estudian en tiendas de campaña.
Lo que persigue Israel es hacer la vida imposible a los palestinos para que se vayan. Unas veces la toman con una escuela, otra con la tumba de José, que en el mejor de los casos será un vulgar cenotafio, otras los colonos destruyen lo que encuentran en su camino, o envenenan los pozos de agua con animales muertos, o no dejan sacar agua. La cuestión es dificultar la vida al máximo para que los palestinos se vayan, y en esto se siguen las directrices del gobierno, de todos los gobiernos israelíes.
Soraya Rodríguez ha dicho que la cooperación española o europea en general experimenta “enormes dificultades” en el Área C, que son las zonas que controla completamente el Ejército israelí. Ha hablado de la “vulnerabilidad” de los palestinos y de la escasez de permisos que el Ejército debería dar a los palestinos para que se desplacen entre sus pueblos, o hasta sus campos de cultivo. También ha observado que Israel destruye “sistemáticamente” muchas infraestructuras palestinas.
Todo esto no es nuevo para Soraya Rodríguez, que hace dos años, poco después de la operación Plomo Fundido, la invasión israelí de Gaza que causó más de 1.400 muertos, la mayoría civiles, visitó la franja. La secretaria de Estado de Cooperación Internacional conoce la situación en los territorios ocupados, como la conocen los altos cargos europeos en general.
El problema es que la UE no adopta medidas para acabar con estos abusos.
Se cumplen cinco años desde que tres milicias palestinas capturaron a Guilad Shalit. El soldado estaba destinado en la frontera entre Israel y Gaza cuando fue capturado y conducido a la franja de Gaza. Desde entonces poco se ha sabido de él, aunque Hamas, que es quien lo tiene en su poder desde hace algunos años, asegura que se encuentra en buen estado de salud.
Un video de hace algún tiempo mostraba a Shalit fresco y sonriente, pero la procesión debe ir por dentro. Permanecer cinco años confinado más o menos en solitario no debe ser muy sano, así que no sabemos cómo se encontrará cuando sea liberado, si es que algún día llega ese momento.
El primer ministro Netanyahu, como su antecesor Olmert, no ha mostrado un gran interés en la liberación del soldado. Hamas exige a cambio la liberación de cientos de prisioneros palestinos, algunos de ellos milicianos responsables de ataques y atentados mortales, y Netanyahu no parece estar a favor de un canje semejante.
Algunos israelíes recuerdan que durante su primer mandato, entre 1996 y 1999, Netanyahu liberó al jeque Ahmad Yasin, fundador y líder espiritual de Hamas a cambio de tres agentes del Mosad detenidos en Ammán cuando querían asesinar a Jaled Mashal, el líder de Hamas en el exilio. Mashal vive hoy en Damasco y el jeque Yasin fue asesinado en Gaza por la aviación israelí durante la segunda intifada.
En la liberación de Shalit, en el canje de prisioneros, se interpone el orgullo de Netanyahu. El primer ministro no quiere aparecer como un político débil y que se deja manipular por una “organización terrorista”. De ahí que la liberación parezca lejana. Sólo un cambio de actitud radical por parte de Netanyahu, o una operación militar efectiva, puede acabar con la angustia de la familia del soldado, aunque la operación militar entrañaría muchos riesgos.
Un grupo de colegas europeos participamos en una animada discusión sobre el conflicto de Oriente Próximo. Uno de ellos, un periodista holandés, considera que Israel está conduciendo el conflicto hacia un punto de no retorno, al que aún no se ha llegado pero al que se llegará pronto. En su opinión, el mundo cambia muy rápidamente e Israel se encontrará enseguida en una situación insostenible y la comunidad internacional no tendrá más remedio que mirar en esta dirección y actuar de una vez por todas. Aun así, no sabe cuándo tendrá lugar este cambio. Puede ser que sea necesario que transcurran unos años o puede que nuestra generación no lo vea.
Otro colega, danés para más señas, ha llegado recientemente a Jerusalén y está muy sorprendido por lo que ve a diario. Le recuerda la situación en la Sudáfrica del apartheid. Esta es una idea que circula ampliamente entre periodistas, y muchos diplomáticos que llevan unos años en la zona. De hecho, hay dirigentes negros de Sudáfrica que cuando han visitado Oriente Próximo han expresado una gran incomodidad y han dicho que aquí el racismo está más enquistado que en Sudáfrica. Este colega también piensa que la situación actual no se podrá sostener durante mucho tiempo, pero tampoco se atreve a decir cuánto puede durar.
En cuanto a mí, estoy de acuerdo en que la situación actual no se podrá sostener durante mucho tiempo, pero algo parecido ocurría en 1991, cuando se convocó la Conferencia de Madrid, y desde entonces han transcurrido veinte años y las cosas han ido a peor. Durante estas dos décadas Israel no ha cesado de construir a destajo en Cisjordania, incluida Jerusalén, y los occidentales le han dejado hacer a su antojo.
Está claro que Israel no saldrá por iniciativa propia de los territorios ocupados. Nunca lo ha hecho voluntariamente y no creo que ahora vaya a ocurrir. La evacuación israelí de los territorios ocupados sólo se producirá si existe una fuerte presión de los palestinos, como ocurrió con la franja de Gaza, y de la comunidad internacional, y desgraciadamente en estos momentos la presión está ausente, tanto la de los palestinos como la de la comunidad internacional.
El primer ministro Binyamin Netanyahu envió la semana pasada una carta a su homólogo turco, Recep Tayyip Erdogan, congratulándole por su rotunda victoria electoral y aprovechando la ocasión para invitarle a remendar unas relaciones bilaterales que están en crisis desde el incidente en el Mediterráneo oriental de hace más de un año, cuando el Ejército israelí mató a nueve activistas turcos en el asalto al Mavi Marmara.
Erdogan debería andarse con cuidado porque lo que le propone Netanyahu es una alianza no santa. Netanyahu necesita a Turquía por muy diversas razones, pero al mismo tiempo tratará de apartarla de los otros agentes en la región con el fin de aislar aún más a Irán y Siria.
El interés de Ankara tiene que ser justamente el contrario: ayudar a esos dos países a no estar tan aislados, y ejercer de potencia regional como ha tratado de hacer el propio Erdogan durante los últimos meses, aunque esto le haya pesado mucho a Israel, y por ende a Estados Unidos.
Los intereses de Turquía e Israel son opuestos y contradictorios, y Erdogan no debería caer en la trampa que los israelíes le tienden para enfrentarlo con Damasco y Teherán. Esta política le interesa a Israel pero no responde a los intereses de Turquía. Turquía se encuentra en una posición privilegiada que le permite mirar a Europa y a Oriente Próximo simultáneamente. No debe convertirse en un títere al servicio de Tel Aviv al tiempo que se aleja de sus aliados naturales en la región.
Si Erdogan quiere remendar las relaciones con Israel, muy bien, que lo haga, pero no a costa de perder el privilegiado estatus de Turquía en Oriente Próximo.
El ex jefe del Mosad, Meir Dagan, dijo ayer que un régimen sunní en Siria sería bueno para Israel porque no le haría el juego a Hizbola. Estas palabras muestran con meridiana claridad que Israel está interesada en un cambio de régimen en Damasco, pero no en retirar a su Ejército del Golán o de Cisjordania. Turquía no debería seguirle el juego a Tel Aviv.
Con el concepto de “enemigo lejano”, el islam radical ha entrado en un territorio que el ideólogo Sayyid Qutb nunca habría imaginado, ha señalado el profesor John Calvet. El concepto lo introdujo Ayman al Zawahiri, que la semana pasada se convirtió en líder de Al Qaeda en substitución de su amigo Osama ben Laden.
Algunos estudiosos han indicado que la idea de golpear a Estados Unidos, el “enemigo lejano” por excelencia, el 11 de septiembre de 2001 partió del mismo Zawahiri, ya que Estados Unidos era, y es, quien sostiene como marionetas a los regímenes árabes contemporáneos. Es difícil saber si Qutb habría aceptado la idea de atacar las torres gemelas si hubiera seguido vivo.
En su libro La cosecha amarga, de 1991, Zawahiri analiza las carencias de los Hermanos Musulmanes egipcios. En su opinión, los Hermanos Musulmanes han hecho demasiadas concesiones al régimen, y por esta razón han dejado de ser un modelo a seguir. En su conjunto, Zawahiri ha ido mucho más allá que Qutb y su pensamiento ha encontrado una buena acogida en Ben Laden y en el islamismo radical.
La transformación del pensamiento islamista de Qutb incluye la condena de la sociedad en su conjunto, que viviría “ignorante” del auténtico islam, incluso en sociedades que se consideran a sí mismas musulmanas, como pueden ser los países árabes. Existe una corriente islamista que persigue la caída y sustitución de los regímenes árabes, puesto que de esa manera se conseguirá una sociedad acorde con los principios del islam.
Qutb y Zawahiri piensan que hay que cambiar al conjunto de la sociedad de pies a cabeza y que el musulmán verdadero debe apartarse de la sociedad, incluso de su familia, cuando ésta es corrupta y no es autétincamente musulmana, como ocurre en la actualidad, para poder practicar su religión en plenitud con las pocas almas gemelas que se puedan encontrar y que sean realmente musulmanas.
El enemigo cercano comprende desde la familia hasta el régimen que se dice islámico y no lo es, mientras que el enemigo lejano está allende los mares y no sólo es Estados Unidos sino también Europa.
El doctor egipcio Ayman al-Zawahiri, que este domingo cumple 60 años, es el nuevo líder formal de Al-Qaeda, un cargo que, en las circunstancias actuales, puede tener más de honorífico que de otra cosa. Ha sido islamista por lo menos desde su adolescencia y en Occidente se le considera el cerebro del 11-S.
Su agitada vida ha estado dedicada a la yihad. A los 15 años ya organizó su primera célula con sus compañeros de colegio en un barrio de El Cairo. El profesor Adnan Musallam ha señalado que en su obra autobiográfica Caballeros bajo la bandera del profeta, que se publicó en el diario de Londres Al Sharq al Awsat poco después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, Zawahiri narra las peripecias de su vocación yihadista y las distintas etapas por las que ha atravesado, incluido su enfrentamiento con Estados Unidos.
Zawahiri destaca la influencia que el ideólogo Sayyid Qutb, ejecutado por Nasser en 1966, ha jugado en su pensamiento, especialmente por el concepto de ‘soberanía’. La soberanía, decía Qutb, radica de una forma exclusiva en Dios y el hombre no se la puede usurpar. Todas las leyes que promulga el hombre, incluidas las que emanan de un parlamento democrático, son contrarias a Dios y usurpan su soberanía. Dios ha dictado al hombre sus propias leyes, que están en el Corán, en la sunna y en los hadices, que son las tradiciones que se refieren al profeta Mahoma, y el hombre no debe rebelarse contra Dios y crear sus propias leyes.
En el libro, Zawahiri señala que con la ejecución de Qutb por parte de Nasser, su pensamiento se tornó más influyente en los ámbitos islamistas. La figura de Qutb se alzó como un gigante no sólo para él sino para muchos otros islamistas en el mundo árabe. La negativa de Qutb a solicitar el indulto que Nasser le ofreció lo elevó aun más en la conciencia de los islamistas, que a mitad de los sesenta estaban siendo diezmados sin piedad por el régimen de Nasser.
El joven Zawahiri, que tenía 15 años cuando ejecutaron a Qutb en 1966, fundó ese mismo año una célula que, siguiendo el pensamiento de Qutb, debía constituir el núcleo de una futura y floreciente sociedad musulmana. Cuarenta y cinco años después continúa luchando en la misma dirección, ahora como líder formal de Al Qaeda.
ArcMed es el nombre del hotel que se acaba de inaugurar en la ciudad de Gaza, el mayor de la franja y también el más lujoso. Detrás hay una empresa de inversores palestinos que residen en Jordania y la siempre energética y emprendedora Anna Balletbò, que por circunstancias de la vida se ha convertido en el espíritu del hotel y lo visita regularmente para comprobar que todo marcha sobre ruedas.
Balletbò y Oriente Próximo se pueden conjugar con facilidad. La ex diputada socialista más famosa del 23-F lleva dos décadas colaborando con proyectos tan desinteresados como un orfanato para niños de Gaza. Con anterioridad, en su más temprana juventud, trabajó en un kibbutz como voluntaria. Sus viajes continuos a la región y su experiencia en la hostelería (su familia posee varios hoteles en España) han contribuido a que la empresa propietaria haya confiado en ella para gestionarlo.
Tengo curiosidad por ver si un hotel de estas características puede sostenerse. De momento, y para lograrlo, el director, Rafel Carpinell, un catalán a quien Balletbò persuadió para que viajara a Gaza, y la gobernanta, Angélica, una simpática gallega en las mismas circunstancias, han conseguido que sus salas y habitaciones reúnan todas las condiciones para ser declaradas las más confortables de Gaza.
Ahora bien, se me antoja una empresa quijotesca. El día que yo visité el hotel sólo se habían ocupado tres habitaciones. Es cierto que el ArcMed está arrancando, pero también es verdad que su clientela podría ser muy escasa. El hotel confía en que se alojen en sus habitaciones palestinos que viven en el exterior y que vienen a pasar una temporada en Gaza. Sin embargo, las fronteras de Gaza están cerradas para todo el mundo que no cuente con un permiso especial de las autoridades israelíes, y esto excluye automáticamente a casi todos los extranjeros, por ejemplo los españoles.
Pero Rafel Carpinell es optimista. Cree que organizaciones internacionales establecerán su sede en el hotel y alojarán allí a sus miembros. Además, cuenta con que los invitados de bodas, banquetes y convenciones atraviesen el gran vestíbulo de la entrada cuyo techo está decorado con un hermoso artesonado de madera que recuerda a Damasco. “No descarto que este mismo año el hotel dé beneficios”, comenta el entusiasta director.
El diario Haaretz ha anunciado que el oligarca ruso-israelí Leonid Nevzlin ha adquirido el 20 por ciento de las acciones del periódico, con lo que la familia Schocken se queda con sólo el 60 por ciento del reputado diario fundado en 1919. La fortuna personal Nevzlin se estima en 2.000 millones de dólares y su nombre figura en la lista Forbes de las personas más ricas del mundo.
Nacido en 1959, Nevzlin reside habitualmente en Israel después de escaparse de Moscú. Su carrera empresarial se inició en los estertores de la Unión Soviética a finales de los ochenta y culminó en la polémica empresa de petróleo Yukos, que fue desmantelada y finiquitada por el gobierno ruso después de acusarla de todo tipo de corrupciones. Nevzlin fue uno de los oligarcas que creció a la sombra de Mikhail Khodorkovsky, otro de los mayores y más controvertidos oligarcas, que en la actualidad se encuentra encarcelado en Rusia. Tanto uno como otro acusan de sus desventuras a Vladimir Putin.
Nevzlin emigró a Israel en 2003, donde por su condición de judío recibió automáticamente la nacionalidad. En 2008 se le juzgó en rebeldía y fue declarado culpable “por varios casos de conspiración para el asesinato”, según resumía someramente ayer el Haaretz. Rusia exigió su extradición pero tanto el gobierno como los tribunales israelíes rechazaron la petición.
A partir de ahora Nevzlin se sentará en el consejo de directores del diario más importante de Israel y uno de los más prestigiosos del mundo. La entrada de Nevzlin en el capital de Haaretz se produce cinco años después de que la firma alemana DuMont Schauberg adquiriera otro 20 por ciento de las acciones. La familia Schocken ha tenido que deshacerse en los últimos años el 40 por ciento de las acciones para obtener liquidez. El diario decía ayer que el capital que introduce Nevzlin reforzará empresarialmente a Haaretz y le permitirá aprovechar las “nuevas oportunidades tecnológicas”.
Haaretz tiene una orientación liberal de centro izquierda. La derecha con frecuencia lo acusa de “elitista” y de no tener los pies en el suelo. En sus páginas publican columnistas y periodistas progresistas, pero también se pueden encontrar firmas claramente reaccionarias, como la del ex ministro de Defensa Moshe Arens, del Likud, que colabora regularmente. El precio de la versión en hebreo en el kiosko es de 11,50 shekels, es decir algo más de dos euros. Es un precio muy elevado, el doble que el Yediot o el Maariv, aunque también es cierto que Haaretz da un servicio de gran calidad para el público progresista. Tiene una circulación de 72.000 ejemplares diarios y casi 100.000 los fines de semana.
Acaba de publicarse La historia desde mi balcón, la última compilación de crónicas sobre Oriente Próximo del decano de los periodistas españoles en la región. Tomás Alcoverro, corresponsal de La Vanguardia en Beirut, ha sido agudo testigo de casi todo lo que ha ocurrido en la zona desde hace más de cuarenta años. Ya en 1970 presenció en Jordania las trágicas jornadas de Septiembre Negro, y más tarde se estableció en la capital libanesa, donde durante la guerra civil (1975-1990) adquirió una hermosa vivienda cerca de la calle Hamra, en el corazón de Beirut oeste, en la que sigue viviendo a día de hoy.
Esa casa tiene un balcón donde he estado tan tranquilamente apurando un aperitivo mientras Tomás pontificaba sobre Siria, Hizbola o Israel, con palabras sabias salpicadas de anécdotas curiosas. En una de las crónicas de su reciente libro, cuenta que desde ese balcón ha visto en directo discurrir ante él la historia de Líbano.
Líbano comprende una buena parte de las crónicas del volumen, pero Tomás, que tiene como libro de cabecera en Beirut A la recherche du temps perdu, escribe sobre otros muchos países con una prosa muy rica en la que no se oculta la voluntad de hacer literatura grande, y a menudo lo consigue. Son ráfagas que refrescan y animan la lectura, ya de por sí interesante, de textos escritos por alguien que no sólo conoce la zona a la perfección sino que además la ama profundamente.
Tomás escribe deliciosamente y además descubre los entresijos de Oriente Próximo. La historia desde mi balcón se puede recomendar como lectura estival para todo aquel que quiera aprender del maestro conforme éste recorre distintos países. Además, algunas de las crónicas, de rabiosa actualidad, tienen que ver con las recientes revoluciones árabes. En mi opinión, es el libro más exquisito y trascendente de los cuatro que ha publicado en los últimos años.
Las tribulaciones sirias van de mal en peor. Los graves incidentes de Yisr al-Shugur, una localidad de pasado islamista del noroeste del país, a apenas 20 kilómetros de Turquía, confirman el deterioro del conflicto que comenzó en Deraa a mediados de marzo. Las informaciones que nos llegan no están contrastadas y por lo tanto hay muchos datos que no se pueden confirmar.
El gobierno ha denunciado la muerte de 120 agentes de las fuerzas de seguridad y policías. Damasco acusa de las muertes a “bandas armadas”, sin aportar ninguna prueba en esa dirección, algo que ya ha hecho en numerosas ocasiones durante los últimos meses. Más creíbles parecen las versiones que indican que los muertos son soldados y policías amotinados porque no quieren disparar contra civiles, y que han sido ejecutados sumariamente por sus compañeros de armas.
Es importante consignar que Yisr al-Shugur es una localidad con población mixta. Hay una mayoría sunní y una minoría alawí. Además, en la región, que no está muy lejos de donde vivió San Simeón el Estilita durante 40 años sobre una columna, y la columna todavía se puede visitar, hay en los alrededores pueblos cristianos. En fin, que estamos ante un polvorín religioso. Las informaciones que hasta ahora hemos recibido desde allí son muy confusas y contradictorias, y nunca hablan desde un punto de vista religioso.
El régimen baazista ha sabido mantener a distancia -en 1982 mediante una brutal matanza- las disensiones religiosas que afloran a menudo en Oriente Próximo. Esto significa que los baazistas han neutralizado con bastante éxito la diferencia entre “ellos” y “nosotros”, un señuelo trágico y artificioso que las religiones comparten con los nacionalismos.
Recordemos lo que pasó en Iraq. Cuando el monstruo fue descabezado, resurgió con virulencia la visión religiosa, y tal vez también nacionalista, del “nosotros” contra “ellos” que causó y causa tantas desgracias en ese país. Y este es un peligro que también ronda abiertamente a Siria.