“Voy a emplearme con todas mis fuerzas”, le ha dicho el ex director del Mosad, Meir Dagan, al diario Maariv y a otros medios de comunicación hebreos. Dagan dirigirá un movimiento o asociación sin ánimo de lucro que buscará un “cambio de sistema” en Israel. En él figurarán algunas personalidades conocidas, como el ex jefe del Estado mayor del Ejército, Amnon Lipkin Shahak, y estará abierto a todo aquel que quiera colaborar.
El movimiento lleva algún tiempo trabajando “con un perfil bajo” pero ha decidido hacerse público coincidiendo con las actividades de la Kneset para sacar adelante dos leyes que limitarán la libertad de expresión en el país.
Dagan y los suyos iniciarán pronto una campaña pública que aspira a recoger un millón de firmas que sirvan para presionar a “quienes toman las decisiones”.
Dagan ha dicho que no se trata de un movimiento político y que no mantiene relación con los partidos políticos convencionales. “Me propongo trabajar con todas mis fuerzas porque el actual sistema de gobierno representa una amenaza para el futuro del Estado y si no lo paramos estaremos perdidos. Es una cuestión apolítica”.
Sin embargo, cuesta creer que un movimiento civil semejante vaya a tener alguna influencia significativa. El país tiene tres problemas muy graves y que con el tiempo se están convirtiendo en más graves, y no se observa ninguna voluntad de resolverlos: la ocupación, el fuerte e imparable empuje de la religión y la consolidación de un nacionalismo involucionista.
La Liga Árabe adoptó ayer un paquete de duras sanciones contra Siria. Son sanciones eminentemente económicas, aunque las sanciones económicas siempre son políticas, y lo más probable es que perjudiquen a la población civil, una población sobre la que recientemente han caído las sanciones de la UE y sobre la que pesan, desde hace muchos años, las implacables sanciones de Estados Unidos, que han servido para que la situación socieconómica de Siria sea estrictamente muy penosa.
El régimen ha caído hasta un punto tan bajo que es deseable su desaparición, aunque lo que venga después sea probablemente tan oscuro o más que el régimen de Bashar al Asad. El presidente sirio debería dar un paso adelante y abandonar el poder cuanto antes. Esto está claro.
Ahora bien, que Arabia Saudí sea el principal motor de la oposición contra Asad es algo que debería hacernos pensar. El régimen saudí mantiene una clara dispersión entre su población sunní y las demás minorías. Probablemente no hay ningún país árabe donde el sectarismo sea tan acusado. Y esto es algo grave, que no ha pasado en la Siria secular de la familia Asad, al menos en los términos en los que ha ocurrido en Arabia Saudí.
Asad parece determinado a seguir en el poder cueste lo que cueste, de la misma manera que Estados Unidos quiere llevar la democracia al mundo árabe al precio que sea, sin tener en cuenta otras consideraciones culturales, sociales o religiosas. La administración Obama ha acabado por asumir la política de los negoconservadores de Bush, que o eran sionistas encarnizados y se guiaban por los intereses de Israel, o eran octrinariios que nunca habían puesto los pies en la región.
Binyamin Netanyahu cree que la llamada Primavera Árabe es en realidad un crudo invierno, y que las revueltas que han visto varios países de la región durante lo que llevamos de año son en realidad movimientos regresivos que conducen al mundo árabe “no hacia adelante, sino hacia atrás”.
Netanyahu cree que el mundo árabe no está preparado para la democracia, aunque al mismo tiempo teme que sus vecinos abracen la democracia. En una comparecencia en la Kneset el miércoles, el primer ministro israelí calificó la llamada Primavera Árabe de “oleada islamista, anitoccidental, antiliberal, antiisraelí y antidemocrática”.
Esto es algo que se podía esperar. Como se podía esperar que en esa misma comparecencia Netanyahu haya criticado a los líderes occidentales, y especialmente al presidente Obama, por haber forzado a Mubarak a dimitir. Ha llamado a esos líderes occidentales “ingenuos” y ha dicho que desconocen la realidad de la región.
A nuestro juicio, lo más grave de la intervención de Nertanyahu en la Kneset es el repaso que dio a los parlamentarios israelíes que recientemente le pidieron que negociara con los palestinos. “Recuerdo que muchos de vosotros me pedisteis que aprovechara la oporunidad para hacer concesiones precipitadas, y para ir corriendo hacia un acuerdo” con Mahmud Abás.
Netanyahu no tiene ninguna intención de negociar seriamente con los palestinos, con independencia de lo que ocurra en los países árabes. La expansión colonial israelí sigue adelante, sin descanso y a buen ritmo, ocurra lo que ocurra en la plaza Tahrir y digan lo que digan los líderes occidentales, que dicen muy poco y no hacen nada.
El momento que atraviesa Egipto es crítico y a la vez apasionante. La plaza Tahrir vuelve a ser el epicentro de la revolución que el 11 de febrero destronó a Hosni Mubarak. Pero a lo que los egipcios realmente están asistiendo es a un pulso que va más allá del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, cuyo jefe, el mariscal de campo Husein Tantawi, asumió el poder tras la caída del rais.
Y va más allá porque a lo que asistimos es a los primeros escarceos de una lucha directa entre laicos e islamistas que se prolongará seguramente a lo largo de los próximos meses y años, un conflicto que es de difícil solución y que de hecho todavía no se ha resuelto democráticamente en ningún país árabe.
En Egipto los laicos constituyen una minoría mientras que los islamistas son mayoría. En las próximas elecciones ganarán los fundamentalistas y entonces la minoría laica tendrá que echar toda la carne en el asador.
El Ejército de Tantawi no ha tenido otra opción que alinearse con los laicos, pero justamente han sido esos mismos laícos los que han vuelto a llenar la plaza cairota con sus consigas contra el mariscal de campo. Porque las últimas protestas, las que comenzaron a finales de la semana pasada, las iniciaron los islamistas, pero ayer los líderes islamistas dieron marcha atrás y dijeron que no volverían a participar en más protestas. ¿Para qué mostrar su musculatura si el trabajo se lo están haciendo los laicos? Así que quienes se han quedado en Tahrir son los laicos. Y conviene no olvidar que los jóvenes laicos fueron quienes lanzaron la Revolución del 25 de enero.
Al final Tantawi tuvo que pronunciar un discurso televisado: prometió adelantar las elecciones presidenciales y completar la transición del poder a civiles antes de julio de 2012. Por lo que parece, a corto plazo el Ejército ya no será garante de la Constitución, ni estará al margen de la Constitución, como pretendía Tantawi, de manera que los islamistas, elegidos democráticamente, contarán con más poderes para llevar adelante un proceso de islamización.
Mientras todo sigue su curso, los laicos continúan ocupando la plaza Tahrir.
El sociólogo Peter Berger observó hace cuarenta años que en las sociedades democráticas la dignidad sustituye al honor.
Tal como se entiende en grandes partes de Oriente Próximo, el honor es un concepto reaccionario, especialmente cuando se le vincula con la mujer, sobre la que a menudo recae el honor de toda la familia o clan.
Aliaa Magda Elmahdy es una estudiante egipcia de veinte años que hace unos días colgó en su blog ocho fotos de ella misma desnuda. Desde entonces, más de un millón y medio de personas, en su inmensa mayoría egipcios, han visitado la página. La joven aparece tal como llegó al mundo, con una cinta roja en el pelo, un par de zapatos rojos planos y un par de medias.
En Egipto ha habido reacciones para todos los gustos, pero los islamistas y muchos liberales creen que Aliaa ha realizado una ofensa al conjunto del país. Se le ha tachado de enferma mental y han dicho que está loca y que necesita tratamiento psiquiátrico.
En un país donde enseñar el cuerpo es tabú, y donde muchas mujeres ni siquiera muestran la cara o las manos en público, la acción de la joven estudiante es una provocación en toda regla, de ahí que tampoco deban extrañar los insultos que se han proferido.
En su blog, Aliaa habla de la hipocresía de la sociedad que la rodea y de sus complejos sexuales, y alega que su gesto está motivado por el deseo de que prevalezca la libertad de expresión. Se define a sí misma como “una egipcia laica, liberal, feminista, vegetariana e individualista”, además de atea desde los 16 años.
Lo más sorprendente es que los aliados naturales de Aliaa, los liberales, se han distanciado de la joven porque temen que una sociedad tan conservadora como la egipcia les retire el voto en las elecciones del 28 de noviembre si se identifican con ella. En el lado contrario, los islamistas han advertido que el voto a los liberales es un voto a la corrupción y que si los liberales vencen, algo que parece imposible, corromperán al país.
Hace apenas unas semanas, el ex jefe del Mosad Meir Dagan advirtió que con su jubilación y la del entonces jefe del Estado mayor del Ejército, Gabi Ashkenazi, ya no quedaba ningún alto funcionario israelí capaz de parar los pies a Binyamin Netanyahu sobre la cuestión iraní.
Dagan calificó entonces de “estúpida” la idea de bombardear la República islámica y advirtió de las consecuencias penosas que una acción así tendría para la región.
Pero para Netanyahu no es una idea tan “estúpida”, y los occidentales poco a poco parece que van sumándose a la iniciativa israelí. Así que conforme pasa el tiempo la situación es más favorable a un ataque no solo israelí, sino occidental.
Para Netanyahu, lo más urgente es acabar con el eje chií Teherán-Damasco-Hizbola, y para eso Israel cuenta con la inestimable ayuda de Arabia Saudí y de otros países sunníes. Hay muchos sunníes que sencillamente no toleran a los chiíes, un sentimiento que ha sobrevivido durante siglos, prácticamente desde el inicio de chiismo en el siglo séptimo.
Ayer mismo, el servicio en árabe de la BBC informaba que Siria está plantando minas cerca de la frontera con Líbano para evitar la continua entrada de armamento. Aparentemente son los sunníes libaneses los que llevan a cabo el tráfico de armas en esas zonas por mandato de sus aliados saudíes y occidentales.
En Siria, ahora mismo la guerra civil ha dejado de ser una opción y se está convirtiendo en una realidad. La caída del régimen redundará en perjuicio de Hizbola y de Hamas, que es lo que busca Israel, y el ataque a Irán será más posible.
La prensa israelí se hacía eco ayer de una orden de Netanyahy a los ministros de Defensa, Barak, y de Exteriores, Lieberman, para que en diciembre no acudan a Washington al Foro Saban, un foro sobre las relaciones bilaterales entre Israel y Estados Unidos al que este año irán la secretaria Hillary Clinton y el vicepresidente Joe Biden, y en el que se esperaba la participación de Barak y Lieberman.
Netanyahu les ha ordenado a los dos que se queden en casa pues hasta a él le parece excesiva la insistente cantinela israelí contra Irán y piensa que los americanos ya están en el buen camino y no hay que apretarles mucho más las clavijas. Además, con las elecciones americanas a menos de un año vista, es muy probable que no solo los republicanos sino también los demócratas hagan el juego a Israel en este asunto prioritario para el Estado judío.
Al final no ha quedado claro si Nicolas Sarkozy ha escrito una o dos cartas a Binyamin Netanyahu en las últimas horas. El Yediot del domingo daba cuenta de una misiva mientras que el martes Haaretz y Maariv parecían hablar de otra distinta, al menos si nos atenemos a los contenidos que citan los tres periódicos.
El caso es que Sarko se ha visto en la necesidad de escribir a Bibi después de su reciente metedura de pata. A micrófono abierto, en una conversación privada con Obama durante la cumbre de Cannes, Sarko calificó de “mentiroso” a Bibi mientras que Obama se lamentaba de que, a diferencia de Sarkozy, él tenía que tratar a diario con el primer ministro israelí. Obama ha dicho en Hawai que no va a comentar sus fugaces palabras, así que no sabemos si también se ha disculpado por escrito con Bibi, como Sarko.
El incidente de Cannes muestra con claridad hasta qué punto los políticos más destacados del mundo piensan una cosa y hacen otra. En el caso de Oriente Próximo eso es evidente desde hace muchos años y explica, al menos en parte, o en una gran parte, la penosa situación de la región y en particular de los palestinos.
En la carta que cita Yediot, Sarkozy da de pasada leña al mono, que en este caso es Irán, una cuestión que los israelíes aprovechan cada vez que pueden para apartar la atención de sus propios problemas y sobre todo de la cuestión palestina.
Es necesario que Israel cambie su política de expansión colonial en los territorios ocupados, y que lo haga cuanto antes. Desgraciadamente no parece que esto vaya a ocurrir, pero lo más grave es que los líderes políticos occidentales permitan a Israel hacer lo que quiere sin respetar los acuerdos internacionales. La conversación de Cannes ha servido al menos para ver que Sarko y Obama no están por la labor aunque conocen perfectamente la ubicación del problema.