Opinion · Balagán

Turquía

En el último momento del último día de la visita de Barack Obama a Israel, el pasado viernes, en el aeropuerto de Tel Aviv, cuando Obama se disponía a embarcar con rumbo a Ammán, el primer ministro Binyamin Netanyah le pidió que llamara al primer ministro turco Recep Tayyip Erdogan. Obama descolgó el teléfono, habló con Erdogan y pasó el aparato a Netanyahu.

La conversación entre Netanyahu y Erdogan puso fin a tres años de tensiones entre sus respectivos países y abrió el camino hacia la reconciliación. Hace solo unos días Erdogan dijo que el sionismo es un “crimen contra la humanidad” igual que cualquier otra forma de racismo.

Durante la conversación, Netanyahu se disculpó oficialmente por los “trágicos resultados” del asalto del ejército israelí al Mavi Marmara, un barco cargado de activistas y ayuda humanitaria que tres años atrás fue abordado en aguas internacionales en una operación en la que murieron nueve activistas turcos.

También se comprometió a indemnizar con dos millones de euros aproximadamente a las familias de las nueve víctimas y a suavizar el bloqueo de la franja de Gaza.

Por su parte, Erdogan accedió a suspender todas las acciones legales presentes y futuras contra Israel, es decir contra los oficiales y soldados que participaron en el abordaje del Mavi Marmara, incluidas las acciones que puedan emprender familiares de las víctimas a título particular.

A partir de ahora las dos partes iniciarán un proceso de conversaciones con el objetivo de normalizar las relaciones, incluyendo el intercambio de embajadores. No obstante, Erdogan dijo ayer que la normalización se producirá solo después de que Israel cumpla sus promesas.

Erdogan ya ha empezado a preparar un viaje, que probablemente tendrá lugar en abril, a la franja de Gaza y Cisjordania. En su opinión, la normalización de relaciones con Israel podría facilitar un acuerdo entre israelíes y palestinos.

Israel concede una gran importancia a Turquía, un país que en los últimos años ha incrementado su influencia en la región sensiblemente y que además ha sido un socio comercial muy importante para Israel. Las relaciones militares entre los dos países llegaron a ser muy intensas hasta que se colapsaron con el incidente de la flotilla.