Opinion · Balagán

Fuente de vida, fuente de ocupación

El presidente Mahmud Abás, que hace unos días se hizo algunas vistosas fotografías con su contraparte Shimon Peres en el Vaticano, a donde ambos acudieron para rezar por la paz, se encuentra ante un problema que los israelíes pueden resolver liberando a los tres estudiantes rabínicos secuestrados cerca de Hebrón en la noche del jueves.

Para empezar, los tres jóvenes colonos deberían haber estado muy lejos de donde estaban, según las leyes internacionales, y no en una de las yeshivas más radicales de la Cisjordania ocupada, ‘Mekor Haim’ (‘Fuente de vida’) y en una de las zonas más castigadas por la brutal ocupación militar.

Algunos recuerdan estos días que las yeshivas de los territorios ocupados albergan entre sus estudiantes a un gran número de agentes de los servicios secretos israelíes, el Shin Bet, que son quienes ejecutan la ocupación sin contemplaciones de la mano del ejército.

El primer ministro Binyamin Netanyahu ha hecho a Abás responsable de lo que les ocurra a los tres estudiantes religiosos, uno de ellos con nacionalidad estadounidense. Pero las palabras de Netanyahu, que han sido duras, pueden explicarse perfectamente de otra manera: la intención del primer ministro podría haber sido echar una mano al inoperante Abás.

Poco después de conocerse la captura, la policía palestina ya se afanaba por informar a Israel del lugar en el que se encontraba quemado el vehículo en el que se llevó a cabo el secuestro, según todos los indicios.

La policía palestina, entrenada por los americanos, está colaborando estrechamente con Israel para resolver el caso. De hecho, la colaboración de Abás con Israel es proverbial y va mucho más allá de este caso concreto, hasta el punto de que muchos palestinos piensan que su policía es una extensión del Shin Bet.

La inoperancia de Abás, que lleva en el poder casi una década, está causando un malestar creciente en Cisjordania. La gente piensa, y los hechos parecen corroborarlo, que su presidente es un colaboracionista. De ahí que las críticas de Netanyahu le vengan muy bien a Abás para conjurar su imagen de colaboracionista.

Abás no solo no ha conseguido nada durante esa década, sino que Israel ha multiplicado el número de colonos en los territorios ocupados mientras él permanece con los brazos cruzados en todo menos en su colaboración con Israel, es decir principalmente en la delación de los palestinos díscolos.

A las críticas permanentes de los palestinos, se han sumado en las últimas semanas las derivadas de la pasividad de Abás ante la huelga de hambre de los prisioneros administrativos que Israel mantiene en la cárcel sin tomarse la molestia de juzgarlos, aunque los juicios sean un paripé, según las oenegés de derechos humanos internacionales.

En este contexto, las críticas de Netanyahu pueden interpretarse como una ayuda a Abás ante su propio pueblo, que cada vez está más cansado de él.

A diferencia de Abás, buena parte del pueblo palestino no oculta su satisfacción con la captura de los tres jóvenes colonos y espera que los secuestradores consigan lo que no ha conseguido Abás en diez años de humillaciones que parece aceptar de buen grado.