Sarcasmo en Gaza

La política de Estados Unidos hacia Oriente Próximo es nefasta se mire como se mire. Es difícil imaginar una política peor, por eso resulta inquietante el sarcasmo que ha utilizado el secretario de Estado John Kerry para con Netanyahu sin percatarse de que el micrófono estaba abierto.

“Menudo infierno de operación milimétrica. Menudo infierno de operación milimétrica”, ha repetido poco antes de ser entrevistado por la cadena Fox.

Sus palabras se refieren al desproporcionado número de víctimas civiles en los bombardeos israelíes sobre la Franja de Gaza, pero estas palabras chocan frontalmente con las posiciones que Washington defiende en público. Son completamente opuestas, son irreconciliables.

“Es de locos quedarse sentados”, dice Kerry. Dirigiéndose a un asesor que no aparece en pantalla, añade: “Tenemos que ir allá. Creo, John, que deberíamos ir esta noche. Es de locos quedarse sentados”.

Pero instantes después, cuando ha entrado en antena para salir en televisión, Kerry ha evitado cuidadosamente criticar a Israel y ha defendido el derecho de Israel a defenderse.

Las cándidas palabras de Kerry cuando pensaba que el micrófono estaba cerrado muestran hasta qué punto los políticos occidentales a quienes se considera paladines de la democracia occidental mantienen un cinismo gigantesco con todo lo que está relacionado con Israel.

Kerry no es una excepción, pero lo mismo podría decirse de Merkel, Cameron u Hollande, por citar tres casos. Sus políticas han conducido a Oriente Próximo a la caótica situación presente.

Anoche, en una alocución para los medios de comunicación israelíes, el primer ministro Benjamín Netanyahu no se quedó atrás. “No hay una guerra más justa que esta”, dijo.

Son palabras de un cinismo superior si se tiene en cuenta que Netanyahu habla de justicia cuando la política que aplica sobre los palestinos no puede ser más injusta.

Se le llena la boca de palabras grandiosas, como en el caso de Kerry, y mientras tanto expande y expande la ocupación de Cisjordania construyendo sin parar viviendas y viviendas para sus colonos judíos en los territorios ocupados.

Y todo esto lo hace con el consentimiento y hasta aguijoneado por los grandes paladines occidentales de la democracia.