Ataque de Jerusalén

El ataque del domingo en Jerusalén muestra que la tercera intifada, que comenzó a finales de septiembre de 2015, no ha terminado. En los 15 meses transcurridos desde entonces han muerto unos 250 palestinos y 40 israelíes.

Aunque Netanyahu haya vinculado el ataque de Jerusalén al Estado Islámico, el motivo principal hay que buscarlo en la ocupación de los territorios palestinos. Eso ha sido realmente lo que ha matado a los cuatro soldados en la colonia de Armon Hanatsiv, en el sector ocupado de la ciudad.

No es posible seguir justificando, como hace Netanyahu, la ocupación que obstruye cualquier perspectiva de paz en el conflicto y que mantiene en condiciones infrahumanas a millones de personas mientras la comunidad internacional mira para otro lado.

Es cierto que el 15 de enero se celebrará en París una nueva conferencia para resolver el conflicto pero las posibilidades de que prospere son prácticamente nulas puesto que Israel se niega a hablar de las colonias judías seriamente y algunos miembros de su gobierno hablan, por el contrario, de la anexión inmediata de amplias zonas de Cisjordania.

Desde que se inició el proceso de paz, en la Conferencia de Madrid de 1991, ha transcurrido un cuarto de siglo y en ese dilatado periodos los israelies han dejado claras sus intenciones verdaderas. El número de colonos judíos se ha multiplicado y ha hecho que en la práctica Cisjordania, o gran parte de Cisjordania, forme parte de Israel a todos los efectos.

El “diálogo” que la comunidad internacional ha impulsado durante el último cuarto de siglo se ha revelado inapropiado durante muchos años sencillamente porque Israel no tiene el menor interés en abandonar los territorios ocupados.

El momento ha llegado de que Europa entre en acción de manera decisiva y que obligue al Estado judío a respetar las leyes internacionales. Los europeos cuentan con mecanismos apropiados para terminar con el conflicto rápidamente. Tan solo es necesario que muestren un poco de voluntad.