Sin musulmanes

Donald Trump ha prohibido la entrada de refugiados de siete paises musulmanes de Oriente Próximo. Los países incluidos en la lista son Siria, Irak, Libia, Somalia, Sudán, Yemen e Irán. Trump dice que ha tomado esta medida para evitar la infiltración de terroristas islamistas.

Excluidos de la medida están Arabia Saudí, Egipto, Catar y los Emiratos Árabes Unidos, con los que Estados Unidos realiza suculentos negocios y a los que vende armas a porrillo.

El Instituto Cato de Estados Unidos ha observado que difícilmente puede explicarse la prohibición aduciendo que pretende luchar contra el terrorismo, puesto que entre 1975 y 2015 ningún ciudadano de los siete países escogidos ha participado en una acción terrorista en suelo de Estados Unidos.

En cambio, sí que ha habido terroristas de los cuatro países a los que no se va a aplicar la medida.

Por su puesto, la información del Instituto Cato solamente pone de relieve la hipocresía del presidente Donald Trump,

Pero aún hay más en relación con esto ya que los mencionados siete países figuraban ya en una lista a la que Barack Obama aplicaba restricciones de visados, lo que significa que Trump no ha sacado su lista de la nada y que simplemente está siguiendo una política que ya existía antes de que él entrara en la Casa Blanca.

Trump ha dicho que priorizará a los inmigrantes cristianos, lo que pone de relieve la intolerancia del nuevo inquilino de la Casa Blanca, quien ni siquiera ha tenido en cuenta que distinguir entre cristianos y musulmanes es anticonstitucional.

Es curioso que la última medida de Trump haya sido condenada en varios países europeos, aunque Europa no puede declararse libre de culpa.

En ciudades con Madrid o Barcelona, para no ir más lejos, aunque lo mismo está ocurriendo en otras partes, los musulmanes están encontrando muchas dificultades para construir mezquitas o cementerios. Los ayuntamientos de izquierda que gobiernan en Madrid y Barcelona son los que deberían dar permiso a los musulmanes para que construyan sus mezquitas y cementerios, pero no lo hacen.

Ciertamente, la izquierda se caracteriza por no ser religiosa, pero también debería caracterizarse por defender a las comunidades más marginadas y discriminadas, lo que desgraciadamente no ocurre.