El beduino que no era del Estado Islámico

El 18 de enero cientos de policías israelíes irrumpieron en una aldea beduina del Neguev, es decir dentro de Israel, y abrieron fuego contra un vehículo que se desplazaba lentamente conducido por Yaakub Abu al Qiyan, que murió por los disparos de los agentes. Su coche, descontrolado, atropelló al sargento Erez Levy, que también murió.

El ministerio de la Seguridad Interior emitió un comunicado en el que se decía que un “terrorista”, “miembro del Movimiento Islámico”, es decir de una asociación musulmana pacífica de Israel aunque es ilegal, deliberadamente atropelló al policía Levy antes de ser “neutralizado”. El comunicado añadía que se estaban “investigando sus conexiones” de Abu al Qiyam con el Estado Islámico.

Durante más de un mes se han repetido los detalles del comunicado. No solo el ministro de la Seguridad Interior, Guilad Erdan, lo ha repetido hasta la saciedad, sino también el jefe de la policia y la dirección del Shin Bet, los servicios secretos.

El comunicado original decía además que Abu al Qiyam “trabajaba en el sistema educativo donde su influencia negativa es diez veces más peligrosa”.

Los medios de comunicación israelíes han estado difundiendo ese perfil durante más de un mes, aunque la familia del maestro beduino negó repetidamente cualquier vínculo entre Abu al Qiyam y cualquier grupo islamista, incluido por supuesto el Estado Islámico.

Pese a que las autoridades israelíes se han mantenido firmes en su versión, en los últimos días esa versión se ha vuelto insostenible. Abu al Qiyam aparece cada día con mayor claridad como un maestro inofensivo, sin ningún vínculo islamista y miembro de una familia de la que varios jóvenes han servido en el ejército israelí.

Los medios de comunicación palestinos acusan a la policía de falsear una vez más datos relativos a los árabes de Israel con fines propagandísticos y recuerdan que en noviembre pasado se produjeron unos incidentes similares.

En noviembre se declararon varios incendios que el gobierno israelí, pasando por el primer ministro Benjamín Netanyahu y el citado ministro Erdan, atribuyeron inequívocamente a “terroristas” palestinos. Esta versión también se ha demostrado falsa y al final los palestinos detenidos por prender supuestamente los fuegos han salido de las cárceles libremente y sin ningún cargo.

Aunque no hay un gramo de verdad en las versiones difundidas por las autoridades israelíes, los dos incidentes muestran claramente el perfil que usa el gobierno para desacreditar e incitar a la violencia contra los árabes que son ciudadanos del Estado judío.