Las tres prioridades de Trump

El influyente diario Al Hayat de Londres, de capital saudí, ha publicado esta semana un artículo donde el corresponsal en Washington, citando a expertos en la capital norteamericana, señala que Donald Trump se ha marcado tres objetivos respecto a Oriente Próximo.

Sus tres prioridades son la destrucción de la organización del Estado Islámico, el reforzamiento de Israel y la presión sobre Irán.

La primera, la destrucción del Estado Islámico, es un paso que debe darse cuanto antes y no demorarlo indefinidamente como hizo Barack Obama. Ahora bien, no es posible hacerse ilusiones en el sentido de que el yihadismo vaya a desaparecer eliminando la organización del Estado Islámico.

El fenómeno yihadista va mucho más allá del califato del Estado Islámico. Lamentablemente, las políticas de los predecesores de Trump, George Bush y Obama, han servido para desestabilizar la región, para que el yihadismo se haya asentado sólidamente en la región y para que haya trascendido a Europa. Aunque no desaparecerá de la noche a la mañana, combatirlo con energía siempre será un paso en la buena dirección.

La segunda prioridad, el reforzamiento de Israel, es un error grave que tendrá consecuencias para el conjunto de la región, de hecho ya las está teniendo gracias al eje que los israelíes han establecido con los saudíes y con otros países suníes de la región.

Mientras dure ese eje no habrá paz en Oriente Próximo puesto que tanto los saudíes y sus aliados, como especialmente los israelíes, no están interesados en la estabilidad, salvo que sea una estabilidad a su medida. El caso de Israel es flagrante: su único interés pasa por consolidar la ocupación de los territorios palestinos y del Golán sirio y para ello está dispuesta a aliarse con Lucifer si es preciso.

La estabilidad únicamente le interesa a Israel si se cumple ese prerrequisito y la comunidad internacional le permite la expansión colonial. La inestabilidad regional es un don de Dios para los israelíes y que la administración Trump quiera reforzar a Israel no augura nada bueno.

En cuanto a la tercera prioridad, la presión sobre Irán, también tendrá consecuencias negativas para la región a menos que Washington tenga en cuenta que no se debe aplastar a Irán como desea Israel, ni se puede castigar a ese país con sanciones tan crueles como las que han estado vigentes hasta el acuerdo nuclear de 2015, puesto que ese tipo de política es claramente contraproducente.

El corresponsal de Al Hayat recuerda que desde la invasión de Irak en 2003, Estados Unidos se ha gastado tres billones de dólares en Oriente Próximo. Y no hay que olvidar que esta misma semana Trump ya ha anunciado un incremento considerable en los gastos militares que en buena parte se hundirá en esta región.