Rusia y EEUU en Siria

Que Rusia se haya comprometido a reforzar las defensas antiaéreas de Siria tras el ataque americano del viernes es apenas una anécdota en relación a todo lo que está ocurriendo en la región, pero es una anécdota significativa puesto que señala una voluntad de permanencia en ese país azotado por un gravísimo conflicto desde hace seis años.

El mes pasado un general israelí declaró que si la gente estuviera al tanto de las grandes obras militares que Rusia está haciendo en Siria sería consciente de que los rusos no van a abandonar el país mañana o pasado mañana.

A estas alturas es difícil conocer la razón de la presencia rusa en Siria. Naturalmente, está el asunto de la única base naval que tienen en la costa siria, pero es posible que Moscú también considere que la intervención extranjera, es decir occidental y sunní-israelí, es perniciosa para sus principios morales.

Alguno quizá se eche a reír por hablar de moralidad en el conflicto, pero de la misma manera que estamos acostrubrados a escuchar moralinas en nuestros medios de comunicación occidentales, también hay moralinas del otro lado.

Por supuesto, la aventura siria le está costando a Rusia mucho dinero y siembra una gran incertidumbre con respecto al futuro.

La base naval es importante, pero con ella Rusia no puede competir con las decenas de bases militares que tienen los americanos en Oriente Próximo. Sin ir más lejos, la gran base en Turquía oriental de donde salen sus cazas para bombardear Irak y Siria, posee bombas nucleares, como sin duda las poseen otras bases americanas en la región.

La posibilidad de un conflicto directo entre Rusia y Estados Unidos existe, aunque es pequeña. Si se produce, lo más probable es que sea puntual y no global. Desde luego, los rusos no están interesados en competir con su única base naval contra las decenas de bases americanas que hay en la región, además de un gran número de buques de guerra de toda condición.

Lo ocurrido en la última semana abre la posibilidad de que Washington intensifique la ayuda militar a los rebeldes, que hasta ahora ha sido considerable pero limitada. Si esto ocurre, el conflicto puede agravarse todavía más.

También existe la posibilidad, que se ha comentado estos últimos días, de que los americanos vayan directamente a por el presidente Bashar al Asad, pero eso no garantizaría el fin del conflicto.

Baste recordar que tras la invasión de Irak, los americanos dijeron que una vez que localizaran y eliminaran a Saddam Hussein se acabaría la violencia, y nada de eso ocurrió, sino más bien lo contrario.