Las armas saudíes e Irán

Es inquietante que Estados Unidos haya firmado este sábado un gigantesco acuerdo para armar a Arabia Saudí, por valor de 110.000 millones de dólares, y que los dos países hayan rubricado un preacuerdo para que Arabia Saudí adquiera otros 300.000 millones de dólares en armas durante la próxima década.

En pocos años Riad se ha lanzado a varias aventuras bélicas, empezando por Yemen y terminando por Siria. Es natural que las armas que los saudíes adquieren masivamente se empleen en las guerras en las que están implicados.

Esto indica que vamos a tener más conflictos en los años futuros. En realidad, estos conflictos se presentan como una lucha hegemónica entre los saudíes y los iraníes y la visita de Trump a Riad persigue, según algunos analistas, un plan para establecer un frente militar contra Teherán.

Es muy posible que el contrato firmado el sábado tenga eco en Teherán y que los iraníes se embarquen en la fabricación y adquisición de más armas de Rusia, su principal proveedor.

Pero lo más inquietante de este mes de mayo han sido unas declaraciones del príncipe Mohammed bin Salman, el hijo del rey Salman que es ministro de Defensa y que pese a su corta edad, 31 años, es quien empuja a su país hacia las guerras.

En una entrevista concedida el 3 de mayo, Bin Salman mencionó que Irán se guía por una “ideología extremista”, sugiriendo que Arabia Saudí deberá combatir, no como hasta ahora por fuerzas interpuestas, como ocurre en varios países de la región, sino directamente.

“No esperaremos a que la batalla se desarrolle en Arabia Saudí, sino que trabajaremos para que la batalla se desarrolle en Irán”, dijo Bin Salman en la mencionada entrevista.

En este contexto hay que ver los nuevos contratos de venta de armas americanas, y naturalmente estos contratos deben preocupar a toda la región de Oriente Próximo.

Se ha observado que los contratos ya firmados van a servir para crear un millón de empleos directos en Estados Unidos, así como varios millones de empleos indirectos.

Donald Trump responde así a una de sus primeras consignas durante la campaña: ocuparse en primer lugar de Estados Unidos. Sin embargo, esta manera de hacerlo a costa de los demás no parece demasiado justa ni moral.