Oriente roto

Mikel Ayestaran, probablemente el periodista español de más largo recorrido los países de Oriente Próximo durante los últimos años, acaba de publicar un libro, Oriente Medio, Oriente roto, que recoge una parte importante de las caóticas visicitudes que ha experimentado la región recientemente.

Nacido en Beasain hace 42 años, Ayestaran se enamoró de Oriente Medio y dejó un empleo estable y bien remunerado en Donostia para sumergirse en la vorágine interminable que le ha conducido a casi todos los países de la zona, con una perspicacia y dedicación encomiables.

Oriente Medio, Oriente roto no es su primer libro aunque sí que es el más asentado. El lector se dejará arrastrar por el narrador de un lugar a otro, de un país a otro, en una frenética carrera que tiene como destino único tratar de comprender las convulsiones de la región.

Escritas con un lenguaje claro y directo, las trescientas páginas que publica Ediciones Península, no pueden ser más interesantes y amenas. Ayestaran cuenta no solo lo que ocurre a su alrededor sino también los entresijos de un oficio que precisa de innumerables recursos para poder ejercerse en un mundo a menudo hostil.

En los últimos meses se han publicado varios libros sobre Oriente Próximo, algunos recopilaciones de experiencias personales de los periodistas y otros novelas. El de Ayestaran aporta una visión personal pero también histórica, de la historia de nuestros días, la que se hace ahora sobre los vaivenes que sacuden la zona, incluido el fenómeno de las primaveras árabes.

En el capítulo dedicado a Egipto, por ejemplo, se nos cuenta cómo se contagió rápidamente el espíritu revolucionario tunecino a ese país, cómo acabó con Hosni Mubarak, cómo suscitó un interés grandioso en Occidente el experimento democrático, cómo fue secuestrado por el islamismo de los Hermanos Musulmanes, y cómo llegó la contrarrevolución de Abdel Fattah al Sisi.

Todo ello está presente en una narración que se inclina ante los datos humanos de las personas que rodean durante el viaje al periodista y al propio periodista.