Oriente en llamas

Una sola jugada de ajedrez de Arabia Saudí ha puesto en jaque a toda la región de Oriente Próximo y debe servir de advertencia para los desastres adicionales que pueden causarse en la región.

El boicot de Catar, al que además de Arabia Saudí se han sumado otros países de la zona, aunque no los que realmente son moderados, como es el caso de Omán, conducirá a situaciones críticas si las potencias internacionales no intervienen, ya que Arabia Saudí está muy crecida.

Por un lado Riad cuenta con el apoyo de Estados Unidos, especialmente después de la firma de contratos de compra de armas de hace solo unas semanas, pero también cuenta con el empuje que le proporciona Israel. Las relaciones entre estos dos países ya no son secretas y apenas se esconden, como ocurría hasta ahora.

Lo más preocupante es la volatilidad que aporta el nuevo presidente de Estados Unidos. Tras el anuncio del boicot a Catar por parte de Riad, Donald Trump realizó una serie de declaraciones críticas con Catar que solo se detuvieron cuando este pequeño país anunció, la semana pasada, la compra de 36 aviones F-15 que supondrán miles de millones de dólares para las arcas del tesoro de Estados Unidos.

Durante la anterior etapa en la Casa Blanca, el presidente Barack Obama supo mantener cortos a Arabia Saudí e Israel, algo que se vio con claridad con el anuncio del acuerdo nuclear con Irán.

Pere ese acuerdo no lo aceptaron ni Arabia Saudí ni Israel y estos dos países están realizando un contrataque con vistas a entorpecer las relaciones entre Washington y Teherán.

Y lo grave es que el presidente Trump no ha hecho mucho hasta ahora para tranquilizar los ánimos de sus dos aliados principales en la región, de manera que tanto Arabia Saudí como Israel parecen creer que su momento ha llegado y que la debilidad interna de Trump en Estados Unidos puede hacer que sea mucho más fácil persuadirlo para que intervenga en Irán, ya sea militarmente o económicamente,