Washington y el Estado Islámico

Una portavoz del departamento de Estado de Estados Unidos declaró el sábado que su país no prevé quedarse en Siria una vez haya derrotado al Estado Islámico.

“Nuestro objetivo es derrotar al Estado Islámico y ninguna otra cosa además de eso. Queremos que Siria sea gobernada por los sirios y no por Estados Unidos o por otras fuerzas, solo por los sirios. Entre nuestros planes no figura el de permanecer en Siria. Nuestros únicos planes son destruir al Estado Islámico”, dijo la portavoz del departamento de Estado.

Las palabras de la portavoz recuerdan como una gota de agua a otra a la situación que se dio en Irak tras la invasión de 2003.

Las declaraciones que entonces formularon los representantes americanos eran de lo más optimistas y hubo gente que se las creyó, pero ahora con la experiencia de Irak y de Afganistán, con la experiencia de las llamadas primaveras árabes, es difícil creerse lo que viene de Washington.

Los americanos han establecido una relación especial con los kurdos del norte de Siria y tienen tropas en esa zona. Es difícil creer que van a salir de allí tan ligeramente cuando se derrote al Estado Islámico, teniendo en cuenta que una cosa va a ser derrotarlo en el campo de batalla sirio e iraquí y otra muy distinta va a ser acabar con el Estado Islámico, lo que de ninguna manera va a ocrrurir en un futuro próximo.

Imponer la democracia por la fuerza en países que tienen unas características religiosas y sociales tan particulares como los de Oriente Próximo es una quimera. Eso sin tener en cuenta que la democracia impuesta puede muy bien limitar aún más las libertades básicas de las personas, como ha ocurrido en Irak o en Afganistán.

Con una Siria completamente dividida y por todas partes, parece muy difícil que los americanos puedan exportar la democracia de la noche a la mañana, una democracia liberal, claro, como las que tenemos en Europa.