Trump enseña sus cartas sobre Jerusalén

Eugenio García Gascón

Donald Trump ha descubierto su juego con respecto a israelíes y palestinos.

El pasado miércoles reconoció a Jerusalén como capital de Israel, una decisión que se aparta de las que tomaron todos sus antecesores en la Casa Blanca.

Es también una decisión unilateral que viola el derecho internacional y las resoluciones de las Naciones Unidas sobre el conflicto árabe-israelí.

Demuestra además que Estados Unidos nunca se ha mostrado realmente interesado en resolver el conflicto, aunque haya dicho lo contrario.

La influencia de Israel en Estados Unidos es tan grande y tan obvia que nadie la puede ignorar, y menos aún los palestinos.

Los tres hombres designados por Trump para resolver el conflicto, su yerno Jared Kushner, su enviado especial Jason Greenblatt y su embajador en Tel Aviv, David Friedman, son más sionistas que Netanyahu y mantienen estrechos vínculos con las colonias judías, que la comunidad internacional considera ilegales desde el principio.

Con esa plantilla no es posible avanzar en el camino de la paz. Lo saben los palestinos, los israelíes y los estadounidenses.

Todo lo relativo a la mediación americana es un juego de mal gusto que no conduce a ninguna parte que no sea la consolidación de la ocupación.

Inmediatamente después de que Trump declarara la capitalidad de Jerusalén el miércoles, al día siguiente Israel anunció la próxima construcción de 14.000 viviendas en toda Jerusalén, la mitad de ellas en el sector ocupado de la ciudad santa.

Las negociaciones de paz están bloqueadas y van a continuar bloqueadas porque es lo que le interesa a Israel.

Para avanzar en el proceso de paz se debe renunciar a las negociaciones y obligar a las partes a aplicar las resoluciones internacionales. Esta sería la única manera de buscar la paz, pues lo demás es facilitar que Israel siga expandiendo la ocupación.