Opinion · Balagán

Intimidación a Lorde

Un centenar de artistas internacionales han denunciado la “intimidación” que está sufriendo la cantante neozelandesa Lorde después de anunciar que no cantará en Israel en junio de este año en solidaridad con los palestinos.

Lorde debía actuar en Israel pero unos activistas judíos australianos lograron convencerla para que no viajara a este país y para que apoyara la campaña internacional de Boicot Desinversiones y Sanciones (BDS) con la que se busca el final de la ocupación.

Desde que se anunció la cancelación del concierto, Lorde ha sufrido numerosas presiones de grupos proisraelíes y pro-ocupación, de ahí que un centenar de artistas hayan optado por salir en defensa de Lorde.

Uno de los firmantes es el exmiembro de Pink Floyd Roger Waters, un conocido activista que periódicamente defiende el final de la ocupación. En Israel se le tiene por “antiisraeli”, e incluso se le ha acusado de “antisemita”, aunque en realidad es únicamente “antiocupación”.

Algunos otros firmantes del mensaje de apoyo a Lorde son la actriz Julie Christie, la escritora Alice Walker y el director Ken Loach.

Ciertamente es positivo que un grupo tan numeroso de artistas trate de defender la causa palestina, es decir combatan la ocupación militar israelí, pero de este tipo de medidas poco puede esperarse a corto, medio y largo plazo.

Un anuncio de la comunidad judía de Estados Unidos que se publicó el 31 de diciembre en The Washington Post denunciaba el “antisemitismo” de Lorde, y la campaña de amenazas contra la artista neozelandesa no ha parado ni un día desde entonces.

Acabar con la discriminación que sufren los palestinos no se conseguirá mediante boicots unilaterales o grupales, por más que se reconozca que quienes los hacen aspiran a combatir la ocupación.

Son los estados los que tienen que adoptar medidas firmes contra la continuada expansión israelí en los territorios ocupados.

Un funcionario del ministerio de Exteriores israelí me comentó hace algún tiempo que con el apartheid de Sudáfrica no terminó la lucha armada y pacífica de los negros que durante décadas combatieron el apartheid, sino algo tan sencillo como un boicot internacional avalado por los estados.