Opinion · Balagán

Un avión iraní en Israel

Este domingo el primer ministro Benjamín Netanyahu ha mostrado en Munich una pieza que supuestamente pertenece a un dron iraní que una semana antes fue derribado por un helicoptero israelí dentro de Israel.

Teherán ha negado que el avión no tripulado sea suyo y ha acusado a Israel de inventarse la historia.

Es posible que cualquiera de las dos partes tenga razón, aunque en este caso es evidente que las dos partes no pueden tener razón al mismo tiempo. Una de la dos miente.

En cualquier caso, se trata de un incidente grave y naturalmente algunos medios han especulado con la posibilidad de que se desate una guerra entre los dos países.

Sin embargo, esta posibilidad es muy remota.

Por un lado, Irán no es un país al que le agrade entrar en un conflicto bélico con otros. La guerra de Irak-Irán la iniciaron los iraquíes en los años ochenta, y Teherán nunca ha agredido a ningún vecino.

La prioridad de Irán es mantener la república islámica a cualquier coste y durante el mayor periodo de tiempo posible.

Cuando en junio de 1982 Israel lanzó una ofensiva militar contra Líbano de gran envergadura, el imán Jomeini descartó intervenir, a pesar de que la población chií del sur de Líbano era la que salía más perjudicada con la intervención de Ariel Sharon.

Israel tampoco está por una guerra directa con Irán. Los dos países desean la destrucción de su rival, pero Israel no entrará en un conflicto armado con Irán.

Lo que sí que hará será sembrar cizaña para que otros países hagan ese trabajo, principalmente Estados Unidos. Los israelíes han puesto en marcha toda su maquinaria para que Estados Unidos cancele el acuerdo nuclear que Barack Obama firmó con Teherán.

Este es un trabajo que todavía tardará algún tiempo en concretarse, pero los israelíes han puesto en él todo su empeño. En última instancia lo que vaya a ocurrir dependerá de Donald Trump.